sábado, 3 de diciembre de 2016

In the valley below (novela corta por entregas) (final).

Este es un ejercicio de novela corta por entregas. Honrando la antigua tradición (sic), se pondrá a disposición del lector una parte de la narración cada cierto periodo de tiempo (sic). No es necesario que el lector presione a la editorial que esto publica, al blog que funge como medio de difusión ni a su autor. Todo intento por apresurar la puesta en circulación de las partes que integran este ejercicio literario será considerado altamente desleal y antipatriótico (sic). La lectura de una novela corta por entregas invita ciertamente a un ejercicio de doble apuesta: incentivar la paciencia del que espera y fortalecer la disciplina y la puntualidad del que escribe. Si usted se suma (del lado de la apuesta que le corresponda) a esta invitación, reciba nuestra complacencia y nuestra invitación a que continúe leyendo a partir del numeral romano que encuentre inmediatamente abajo de este párrafo, en una tipografía diferente (distinga usted entre I. y I.). Si por el contrario usted decide abandonar a partir de este momento toda posibilidad de relación con este ejercicio literario, cambie de ventana en su navegador y tenga buen día, buena tarde o buena noche (es política de quien esto escribe que los abandonos no eximan las más claras y simples muestras de cortesía). Después de todo, proprium est homini relinquere totum inceptum (sic).

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VI.
01/09/2014, 18:09 hrs.

I've been working on my knees baby it's alright. Everybody got disease maybe it's alright ... 

Aquí donde me ve, joven, yo he visto caer varios. De aquí, del Cerro del Cuatro, pero que no se avientan de aquí del cerro, de esta antena. No, se avientan allá abajo, en el valle. De otros edificios, menos altos. El Guadalajara, el Federal, la torre Iclar. Los veo caer, al suelo, despanzurrarse. Iiih, hago. Nomás chiflo. 

You can steal from me baby that's just fine. You can say it's free baby that's alright... 

Páseme mi torta, pues. No, pero échele su cebollita, su limoncito, así, no, más, y su chilito. Así. Báñela bien, por algo es ahogada. No, pásemela con todo y bolsa, para no mancharme las manos. Para no manchar la torta, ¿no? Jaja. Le decía. De aquí veo todo. Mmm. ¿A poco no me cree? Me mira como que no me cree. De aquí veo clarito todo. Está bien que no me crea, yo tampoco me creería. Es una, ¿cómo se le dice? Una habilidad. Ey. De aquí, sentado en esta antena, veo toda, todita la ciudad. Tengo vista de, ¿cómo se llama ese animal que hace así, con sus alas? De halcón. Me fijo en un punto, ¿no? Ahí, por ejemplo, en esa azotea. Veo clarito esa señora tendiendo la ropa. Y si voy allá, acá de este lado, veo clarito ese otro señor picando algo en su celular. Hasta lo veo mover el bigote, como que hablara.

Working on a feeling, breaking down the ceiling...

No, el inglés lo aprendí en United. Ese no es una habilidad. Ya sería mucho, ¿no? Dios nos da a todos, pero de a poquito. Viví allá muchos años. De morrito. Luego pues mis jefes se vinieron y pues yo con ellos, ¿no? Ni modo de quedarme allá, estaba así, así de chamaquito. Mi carnal el mayor sí se quedó. Él está allá, ey, tiene a su morra y a sus chavitos. Mire, mire, allá, ¿no lo ve? En esa esquina. Un señor bien cochino acaba de tirar la envoltura de su empanada. ¿No lo ve? Ahí, mire. El papel se le atoró en el zapato, ese, ahí, que se está agachando. Tsss. Ándele, por cochino.

Digging up a deep end, freezing on the beaches...

¿Allá? Sí, hasta allá también. Veo la barranca. Oh, en serio. Bueno, no me crea. Nadie me cree. Por eso me dicen "Dador", por una película que así se llama, ¿no la vio? Ahí también sale uno que ve todo, todo, como yo. Nomás que él es por conocimiento, pues, sabe todo lo que hay en el mundo, lo que pasó en todas las épocas, y por eso puede adivinar el futuro. Dicen que si sabemos todo lo que ha pasado y pasa podemos saber el futuro. No, yo, ¿cómo cree? Yo nomás puedo ver todo lo que pasa ahí abajo en la ciudad. Todito. Veo aquel pájaro que está parado en la rama de ese último árbol allá en la facultad de arquitectura, allá, allá, no, no lo ve, allá donde termina la ciudad. Ey, sí, lo veo. Y aquel niño, ahí, cruzando frente a Catedral. Y esa señora, agachada, con su rebozo morado, levantando la mano a los que pasan. Y veo a esa chamaca que le da diez pesos, y a esa otra que hace una mueca cuando pasa al lado. Se le nota que es de varo, ¡abara! ¡Morra abara!

Mire, esta es la parte que más me gusta cantar: Working on a feeling, breaking down the ceiling, digging up a deep end, freezing on the beaches, reaching for the sweetest, sweetest peaches...

Dador, me dicen mis compas, ¿no ves por ahí a mi morra? A ver, fíjate, ándale, a ver si se está portando bien. Y nel, les digo, desde acá la veo empinada con tu vecino, güey. Por güey. Jajaja. Se escaman, los mensos, se quieren subir acá conmigo a ver si también la ven. Y nel, no ven nada. Porque a veces no es que vea, pues, es que les invento, les cuento historias, para que se esponjen. Y ya que logran subir, ya que escalan hasta acá, ya que llegan todos bofeados, que me río, me río en sus caras, me río con ganas. Estás bien güey, les digo, neta estás bien pendejo, morro. ¿Cómo voy a ver a tu morra si tu morra no sale de casa, si la dejas encerrada, güey? Ándale, ya bájate. Y a veces se bajan. Pinche Dador, te pasas de lanza, me dicen. Y yo me sigo riendo. 

We won't live too long... Me gusta cómo estiran ahí las letras, ¿no? Liiiive tooo looong. So let's loooove for oooone soooong. Eso está chido, así.

Antes les gritaba yo: ándale, güey, se están cogiendo a tu jefa. O: ándale, pendejo, se están madreando a tu jefe. Y subían acá todos espantados. ¿Dónde, dónde? Y ya me reía. Pero así se mató el Cano. Un güey acá, chaparrito, que tenía los bracitos chiquitos. A él no lo dejaban subir a la antena, porque veían que se le dificultaba trepar. Es que tiene su chiste, agarrarse de barra en barra, como un chango. Nomás hacía cosas allá abajo, les ayudaba con la limpieza. Y ese día que le digo: eh, Cano, se está inundando tu barrio. Y que empieza a querer subir. Yo nomás me reía. Brincaba de una barra a otra y ahí iba, subiendo. Parecía un oso de esos que salen en la tele, ¿cómo se llaman? Ándele, así, un koala, con sus bracitos. No, pues me dejé de reír cuando ya para llegar aquí, como ahí, ahí donde está parada esa paloma, que ya no alcanza, el güey, que intenta agarrarse y que el bracito así chiquito que tenía no le da. Y bolas. Cano al piso, hasta allá se fue el güey, no, no, pasó ese descansillo que está ahí. Ahí se golpeó nomás la cabeza. Dejó un charquito de sangre y se fue hasta el piso. Así como si ahorita soltara la torta, así quedó allá abajo, en la base de la antena. Oiga, páseme más cebollita, ¿no? Póngale aquí, en esta orillita. Ándele, y el chile. Échele un chorrito. Así, así, ya, si no no me la voy a poder comer. Es ahogada, no drogada.

We woooon't liiiive toooo looong...

Mire, mire, allá, allá por la central. ¿No ve? No, la nueva no, la vieja. Allá, esa señora comprando su birote de a metro. Le está regateando al del pan. Pinches viejas. Todo regatean. Regatean hasta el amor que uno les da. Aaaah, me manché. No, no la ropa, me manché con mi comentario. Dador, me dice el otro día mi jefe, habrías de rentarte a la policía. Tú que lo ves todo, me dice el güey. No, cuál, se estaba burlando. Así se burlan. Dador, me dicen, tú que lo ves todo allá abajo, ve si chingas a tu madre. Así son, bien llevados. Pero un día ya les dije que desde aquí voy a ver cómo se los chingan los cholos de Santa Chila, y me voy a estar nomás riendo. ¿Que si escalan? ¿Los cholos? Nel, esos nomás tiran la antena, se la roban. Aaaah.

So leeet's looove for oooone sooong... Estiran las vocales bien chido.

Está suave estar parado aquí, con el viento, con los pájaros, con las nubes, con la ciudad allá abajo en el valle. Yo le digo a mi jefa que se debería venir, que me dan ganas de subirla acá a que vea. No, una vez la traje, pero no la dejaron subir. Que se accidentaba. Se quedó con las ganas, mi jefecita. Préstame tus ojos entonces, me dice diario que regreso a casa, en la noche. Préstame tus ojos para ver lo que viste. Vi la ciudad, jefa, le digo, pero no le cuento más. No, no le cuento de los atropellados, de los balaceados, de las violadas en los andadores, de los que suben en carros blindados en plena luz del día, allá, no, allá por Zapopan, y allá, por Providencia. No le cuento de los polis que toman mordida, o de los que paran autobuses y bajan a la gente y los incidencian. No le cuento de las camionetas repletas con cuerpos que dejan en las avenidas, de los descabezados, de los que cuelgan de los puentes viales. No le cuento tampoco de los que queman vivos, de los que les cortan las manos y los dejan ahí, de aquel lado, junto a las vías. No le cuento de los que se avientan cuando va pasando el tren ligero, acá, de este otro lado. No le cuento tampoco de los cardenales que pasan de largo en sus sedanes en las tardes de lluvia y a propósito mojan a los peatones. De los que suben niños a sus autos en las esquinas. De los que ahí, ahí donde el estoy señalando, ahí en San Juan, venden a las mujeres. No le cuento de los camiones de redilas que llegan llenos y llenos de morenos a la Central de Abastos, ni de cómo los bajan y los ponen a trabajar en las bodegas, de cómo los encierran en las tardes con una tinaja de agua y una barra de pan, como perros. No le cuento de los ensangrentados, los amarrados, los sacudidos, los aniquilados, los electrocutados. No le cuento de las asesinadas a machetazos por el marido, de las cabezas abiertas, de los cuellos destazados. No le cuento de los dedos que se cortan y se pierden, de las viejitas a las que el hijo pone a pedir dinero en los camiones, de los niños drogándose en los cruceros. No le cuento de las ambulancias que entran y salen del Civil, de los dos Civiles, cargadas de enfermos. No le cuento que a mí se me figura que esta ciudad ya se fue al carajo, que ya ni pa' qué mirarla. Tome, mire, agárreme la bolsita vacía de mi torta. ¿Tiene otra? Pásemela. O mejor un taco. Ese, de frijol, así.

So leeeet's looove for oooone soooong...

No, tampoco le cuento a mi jefa de los males de amor. Y mire que de acá veo muchos, todo el día, todos los días. De acá, de acá abajito, a allá, donde se acaba la ciudad. Y de allá, donde empieza la carretera, a allá, donde empieza la otra carretera, la que va a Vallarta. Así, a lo largo y a lo ancho. Muchos males de amor todos los días. El señor que repara calzado y que ve morir a su esposa. El joven que rompe esa carta de amor no recibida, ahí, en la Plaza Juárez, en pleno tianguis cultural, mientras al lado le están vendiendo un disco, una playera, un brownie feliz. Los chavitos que se pelean ahí, en la esquina de Calzada y Gobernador, y que se dan de chingadazos. Las chavitas que se empujan en esa otra esquina, no, allá, en Federalismo y Washington, que se gritan de cosas. O el par de tórtolos a los que veo pasar agarraditos de la mano por Juárez rumbo a la Normal, y meses después van cada uno en una acera, separados, sin mirarse. O el chamaco ese que no para de llorar cada vez que pasa por el Estadio en el Macrobús, que se limpia las lágrimas y los mocos y termina con las mangas empapadas como por una llave abierta. No le cuento que lo vi por años ir a los partidos del Atlas con la novia. Mire que no sé si llora por el Atlas o por la novia. No, la novia pasa después, en otro Macrobús, agarrada del cuello de otro vato. Y cuando pasa por el Estadio ni voltea. No le cuento de la señora con diez hijos que agarró marido en el Veracruz, danzoneando, así, caderita, caderita, uuuy, jaja, ni le cuento de la misma mujer cuando encontró a ese marido poniéndole duro con su secretaria en la bodeguita de papayas que tenía en el Corona. De los alaridos que daba, rodeada de sus diez hijos, sentada en la banqueta. No le cuento de los besos rápidos que ya no se dan, de los abrazos que se pierden en la noche. No le cuento de los que pelean por teléfono, caminando por la Calzada, de los que piden volver y no vuelven. No le cuento de ese joven delgado, delgadísimo, blanco, blanquísimo, que toma todos los días un taxi y anda por la ciudad dando vueltas, que a leguas se nota que está buscando a alguien. No le cuento de los que lloran sus penas en las barras de los bares de Chapultepec, o en los museos. De las chicas que entran al Musa, al Cabañas, al Raúl Anguiano, al de la Ciudad no porque ahí no se presta para el drama, y que salen dos horas después turulatas, con los ojos hinchados y los bolsillos llenos de kleenex. No le cuento de las que se meten a los conventos para que olvidarse del exnovio, que ahora anda de mano sudada con otra. No le cuento de las que se meten al convento para olvidarse del exnovio que ahora anda de culo sudado con otro. No le cuento de lo que no se dice en esta ciudad, de lo que nomás se escribe, de lo que ni una cosa ni otra. No le cuento de las manos que se toman, y luego ya no, de las cenas que se invitan, y luego ya no, de las tardes en el cine, y luego ya no. No, de nada de eso le cuento, ¿para qué?

The lion won't lay down... When the holy man's in town...

Mire, allá, en el Guadalajara. Ahí, en el centro casi. Esos dos. Ahí. Se aventarán. Íjole. ¿A cuántos no he visto caer de ahí, sabe? 

Working on a feeling... breaking down the ceiling...

A todos, los que se imagine. A todos he visto aventarse ahí. No, no ahí, en el Guadalajara. Ahí, en Guadalajara. Esta ciudad se hizo así, para matarse. Para enamorarse y luego dejarse caer. ¿Qué le voy a decir yo, que los veo de aquí, que de aquí he visto caer varios? Así, aquí donde me ve. Páseme otro taco, ándele. Pero ahora con carnita, como se comen ahí en el valle.

Reaching for the sweetest, sweetest peaches...

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