miércoles, 15 de octubre de 2014

De cantera rosa.

Y vi al sol descender en una ciudad de piedra,
con calles cuadriculares bañadas por su luz.
Y vi de la oscuridad emerger otra ciudad,
bañada por la luz de sus faroles,
como estrellas incandescentes en otro cielo nocturno,
como trozos de un sol que ha estallado y flotan sobre un mar embravecido.
.
Morelia es un mar de cantera rosa que algún dios descuidado regó sobre el Valle de Guarangareo . Tuve que tomar un autobús en un viaje de cuatro horas para llegar aquí. Los destrozos de los dioses son así: a veces obligan migraciones  inclementes, y suceden tantos años atrás que uno no tiene mas remedio que asentir y permanecer sentado hasta llegar.
.
Pero ya llegando, lo que lo asalta a uno es la maravilla. Morelia fue durante casi toda la Colonia una ciudad clerical, habitada por unos cuantos ricos españoles y un montonal de sacerdotes, frailes, monjas y clérigos de diversa índole, que le dieron a la ciudad el trazo europeo clásico de cuadrícula y toda una tradición de conventos, escuelas y templos que hoy le otorga una consistencia arquitectónica que por tristeza otras capitales del país han perdido. Y los dulces, porque bien lo decía el padre Patrick, cierto sacerdote jesuita de ideas de fuego -cosa rarísima en un jesuita, claro-: la función principal, que no la esencial, de las monjas, es hacer rompope.
.
Y jamoncillos, y dulces de coco, y laminillas de fruta, y ate, y cajetas. Y, pienso yo, si toda la ciudad era de ellas -me las imaginé tomando el jardín principal al ritmo de "aint no mountain high enough"-, pues no tuvieron más qué hacer que llenarla toda de esas delicias. Ésa es de seguro la razón por la que hay incluso un Museo del dulce, y un Mercado del ídem, lugares que no tienen otra función que dejarnos claro que la herencia milenaria de la cultura del dulce típico tiene en Morelia su principal devocionario.
.
Además de eso, es una ciudad que ha entendido tanto su esencia y ha respetado tanto su primer cuadro, que hoy día puede decir de sí misma que es una joya. Nada de plazas tapatías, ni macrobuses -la ciudad se mueve cómodamente en peceros, y se opone firmemente a la introducción de cualquier otro método de transporte-. Respetuosa hasta de su herencia, la ciudad se extiende regular, y uno no se topa un edificio de cuatro pisos de vidrio y acero en mitad del Centro, ni una clínica estilo funcionalista del IMSS entre sus palacios coloniales. Eso estaría tal vez saliendo del Centro Histórico, nombrado desde 2003 Patrimonio Arquitectónico de la Humanidad. Y quién sabe, pues hasta ahora me parecen todos ellos hombres y mujeres de muy buen gusto.
.
La otra cosa es que aquí nació Morelos, que si sus informantes no los tienen al tanto, fue el gran continuador del movimiento independentista iniciado por el cura Miguel Hidalgo en 1810. Éste, de hecho, habría sido maestro de Morelos, según cuenta la historia, en la Universidad Nicolaita de Valladolid, el nombre que recibió hasta finales del siglo XIX la ciudad, y que fue reemplazado por Morelia en honor precisamente del Paladín de la Independencia. Entonces están aqui la casa de Morelos, la casa donde nació y la Universidad en que estudió, vigente y viva, y el edificio en que estuvo, dónde hoy se encuentra el Palacio de Gobierno del estado.
.
También esta aquí una maravilla colonial que se llama Conservatorio de las Rosas. Es en realidad una gigantesca escuela estatal de música ubicada en lo que fuera el Convento de Santa Rosa de Lima, institución de clausura en que, por cierto, la tradición ubica el inicio de la actividad gastronómica dulcera en la ciudad. Ahora ya no se hacen dulces ahi, salvo dulces melodías -pasen ustedes sin ver del chistorete con acento decimonónico que acabo de aventarme, extendiendo las respectivas expensas para este paseante enamorado-.
.
Y por si todo esto no bastara, la ciudad tiene su acueducto. Con cerca de dos kilómetros de largo, y alrededor de 230 arcos, existe desde que ejercía su función esencial de llevar agua a las diversas fuentes de la ciudad, a mediados del siglo XVIII. Y en la noche lo iluminan, y a uno le dan ganas de correr en zig zag por debajo de los arcos, o tomarse la foto de bodas, con todo y beso, sobre alguna de sus luminarias. Cerca de él, trazado de hecho en paralelo al acueducto, se extiende el Paseo de los Enamorados, nombre que torturaría a esta alma solitaria que les escribe de no ser por el hecho de que no es otra cosa -y nada más- que un muy coqueto paseo empedrado que une el inicio del acueducto con el Jardín Morelos, donde se encuentra por cierto la única estatua ecuestre que hay en todo el país del "Siervo de la Nación". El Paseo esta flanqueado por bancas de piedra, e intermitentes faroles lo iluminan en la noche, dando a toda aquella callejuela un hálito romántico de que no dudo devenga el nombre, porque enamorados así que ustedes digan "uy, cuántos me topé", la verdad es que no. Pero sí dan ganas de estarlo, y correspondido, pa que pegue más.
.
En cuanto a Guadalajara, no lloren, mañana me regreso. La verdad es que si pudiera, regresaría a Morelia cada noche para ver sus canteras rosas volverse doradas a la luz de las farolas. Pero no se lo digan a mi Capital, ni al resto de las ciudades cuyos rincones he amado alguna vez. Si pudiera, haría con ellas como dicen los enterados que dan ganas de hacer con las amantes -mis informantes no, no tienen porque son pobres-: tomar los mejores rincones de cada una y hacer de todas una.
.
En mi ejercicio, el robaría a Morelia sus noches, sus canteras, su impresionante catedral -la tercera más grande de América latina- y su acueducto, pero sobre todo su aire señoral de gallardía, y crearía con eso un rincón en mi ciudad para pasearme en el cada noche, silbando a la vida de farol en farol.
.
Dense una vuelta. Estoy convencido que a estas alturas quien sale todavia con el cuentecillo aquél de que México es feo, ve muchas noticias y viaja poco. No la hagan. Ahí afuera, a cuatro horas -cinco si como a mí les toman la carretera los normalistas, hermosos jóvenes a quienes bendigo con todo el fragor de mis entrañas (?)-, hay un tesoro colonial que les hablará de ustedes mismos si se permiten escucharle. Que les contará lo que son, y les regalará su historia en un rincón de callejones y luminarias. Levántense del sillón nomas. Morelia les espera.
.
¡Salud!

No hay comentarios: