domingo, 26 de octubre de 2014

La cloaca.

Los tres casos más recientes ya los tienen ustedes claros hasta el cansancio. 
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Iguala, Guerrero. 26 de septiembre. Es atacado un grupo de estudiantes de la Escuela Normal Raúl Isidro Burgos, del municipio de Ayotzinapa que supuestamente se manifestaría durante el segundo informe de actividades de María de los Ángeles Pineda, dirigente del Sistema DIF municipal y esposa del presidente municipal, José Luis Abarca, acto en el que la mujer, cuyo nombre y apellidos ahora se sabe están fuertemente ligados al cártel de los Beltrán Leyva, pretendía lanzar su candidatura a la presidencia municipal para el próximo proceso electoral. Los jóvenes son agredidos por elementos policiales de Iguala y el vecino municipio de Cocula. 25 son heridos, 6 asesinados y 43 son entregados al grupo delictivo conocido como Guerreros Unidos, brazo operativo de cierta rama del cártel de los Beltrán Leyva.
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Tlatlaya, Estado de México. 30 de junio. 21 supuestos traficantes de sustancias ilegales son asesinados en el municipio mexiquense en medio de un operativo de las fuerzas armadas federales para desarticular un centro de distribución. Los testimonios de un par de mujeres sobrevivientes tiran por la borda la versión del Ejército, en que los asesinados habrían sido abatidos en mitad de un tiroteo defensivo. Según las testigos, si bien algunos de los baleados cayeron durante el proceso de resistencia, al menos la mitad de ellos habrían sido abatidos en una ejecución extrajudicial posterior, realizada ciudadano por ciudadano por los miembros de las fuerzas armadas.
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Guanajuato, Guanajuato. Ricardo de Jesús Esparza Villegas, estudiante de ingeniería mecatrónica en el Centro Universitario de los Lagos, de la Universidad de Guadalajara, es detenido por policías municipales durante su estancia en esa ciudad como  visitante del Festival Cervantino, supuestamente por haber sido encontrado orinando en la vía pública. Horas después, su cuerpo es localizado supuestamente golpeado en el callejón Peña Grande. La versión de la policía municipaluna fatídica caída desde la zotea de uno de los edificios del callejón al romperse un tubo del que Ricardo de Jesús había intentado asirse, teoríacamente luego de intentar robar alguno de los domicilios cercanos. Samuel Ugalde, director de Seguridad Pública del municipio, niega cualquier detención previa de Esparza Villegas, pese a que varios de los compañeros de la Universidad que le acompañaban en el viaje aseguran haberlo visto por última vez en manos de los policías locales.
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Tres historias de terror. Tres oscuras incisiones en el ya de por sí dañado terreno de la confianza civil respecto a los cuerpos policíacos, la milicia y las instituciones gubernamentales encargadas de administrar y asegurar la seguridad ciudadana. Tres profundas yagas que claman justicia y castigo a los responsables. La opinión pública se alza contra de la incapacidad evidente de los administradores de la seguridad y la justicia en el país. La sociedad civil se organiza y marcha. Se exige la renuncia de presidentes municipales, gobernadores, incluso hay quien menciona a Enrique Peña Nieto entre sus cláusulas. Y ya no hablemos de los partidos políticos. La sede estatal de "Guerrero cumple", el programa asistencial más importante del gobierno de Ángel Aguirre Rivero, ahora gobernador con licencia, emanado del Partido de la Revolución Democrática (PRD), es atacada e incendiada. Y nadie se salva. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, gran gurú de la izquierda mexicana y respetada figura fundadora del Partido, recibe botellazos y pedradas en plena calle, en pleno día, en la capital del país. El ánimo arde. Las voces se unen y su ton se vuelve cada vez más fuerte. Victor Trujillo, en el papel de Brozo, realiza hace un par de semanas un señalamiento sentencioso: "la cosa está candente. ¿Hasta dónde llegará el ardor?"
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El presidente municipal de Iguala y su esposa huyen de la justicia. En su ausencia, un enramado de relaciones de su "presidencia matrimonial" con el crimen organizado es puesto a la luz. El gobernador Aguirre Rivero se resiste a renunciar, ignorando el clamor popular, y haciendo lujo de despotismo arrollador propone medidas demagógicas improcedentes, como renunciar sólo si de por medio hay una consulta popular organizada por el INE cuyo resultado pida su cabeza, o hacerlo si el gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, hace lo propio por el caso Tlatlaya. Ávila se cruza de brazos y anuncia estar a la espera de la recomendación que dirigirá a su gobierno la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) sobre el caso. La presidencia de la república se manifiesta en "indignación". Los medios internacionales señalan el terrible problema del respeto a los derechos humanos que vive el país. El fantasma del 68 se asoma de nuevo tras la puerta y más de una voz lo menciona, por la vulnerabilidad en que la ausencia de Estado de Derecho deja a grupos como los jóvenes, como sucedió en el devenir fatal del Movimiento Estudiantil de aquel año. El brazo duro, "la mano tosca, brutal, esperpéntica de los criminales en función de policías", como dijera hace unos días por el caso que a él más respecta el rector del CULAGOS, Roberto Castelán, se alza sobre la sociedad civil que, indefensa, no hace más que ver llover.
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Y en medio del aguacero, la cuerda se tensa y amenaza con romperse. Una vez más. Como sociedad, mostramos la peor cara. La de grupos policíacos absolutamente capaces de destrozar la verdad y la justicia, pero verdadero inútiles en el arte de velar por los derechos civiles elementales. La de funcionarios electos por el voto popular que olvidan los principios y direcciones elementales de cualquier sistema democrático y pecan de estupidez y soberbia. La de la corrupción que baña todos los estrados del sistema político mexicano y liga todos los nombres con las figuras más dañinas del crimen organizado y sus representaciones más dolorosas: la violencia, la sangre que se derrama sin misericordia, la ignominia, el enriquecimiento ilícito. La de la pobreza y la falta de oportunidades que hace presa fácil a cuerpos de policías y militares de caer en cualquier clase de atropellos con tal de conseguir un par de pesos más para llevar a casa. La de una clase política que busca desesperadaemnte aplicar en su vida el legendario lema: "un político pobre es un pobre político". La de una ciudadanía que, inactiva y dormida, aplaude con ánimo cuando llega a México el Iphone 6, pero se alza de hombros cuando a su lado pasa un grupo de madres clamando el regreso de sus 43 hijos. Y los quieren vivos. Cuando en la vida en este país se ha convertido ya desde hace años en un asunto de suerte y no un derecho.
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La verdad, que es cosa seria, es mala para nadar pero buena para flotar. Llegará a nosotros cuando menos la esperemos. Y a esos que hoy usan sus manos para lavárselas, los hará llevárselas al cuello para aflojar las corbatas. Vienen tiempos de reacción, en que lo que se ha sembrado cosechará. Y los dueños del poder en este país han estado sembrando minas. Y resulta que los que las hemos estado cosechando ya estamos algo cansados de volarnos la vida en recoger los frutos. Así que tal vez ahora las hagamos estallar sin más.
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Aguas. Germán Dehesa ya se fue y no hay quien ponga orden. Se nos va a subir el agua al cuello. Aguas.

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¡Salud!

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