miércoles, 13 de noviembre de 2013

De frentes fríos.


Nos cayó un frente frío. Eso es un asunto grave. Yo no sé si al resto de los países les pase, pero saber que México atraviesa por un frente frío, éste mi México de playas soleadas, ciudades con eternas primaveras, dioses mitológicos que se lanzan al fuego y se transforman en astros incandescentes, hombres en llamas que suben al infinito vía cúpulas de edificios coloniales, éste mi México que Italo Calvino tuvo a bien incluir en cierta antología de cuentos titulada Bajo el sol jaguar, éste mi México de llamaradas de petate y ardientes pasiones, éste mi México de calores, atravesando un frente frío. No cabe duda: corren tiempos surrealistas.

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Lo peor es que nos agarró desprevenidos. Habíamos tenido climas extremos, con madrugadas congelantes y tardes de angustiosos calores. Angustiosas calores, para que no se me pierdan los de la costa. Y de pronto, cuando ya estábamos guardando las chamarras y preguntándonos seriamente si no andarían mal los termostatos celestes, el frío en toda su onda nos tomó por la espalda y nos sobrecogió sobremanera sobresaltándonos sobresuntuosamente -sobre todo-.
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Encima de todo, yo tuve que hacer un viaje express a mi Capital en búsqueda de cierto documento que, en carácter de ultrasecreto, tuve que traer al trabajo. Y ahí va uno, disfrutando el paisaje del Altiplano Central, cuando entrando al Estado de México el camión entero se convierte en una suerte de hielera jaibolera y sus pasajeros, nosotros los pobres, en abigarrados cubitos de hielo. ¡Qué pavor! En cuestión de segundos mis mocos eran estalagtitas y mi boca una maldición por el chamarrón de tres kilos que, sin necesitar realmente, utilicé en la mañana para llegar a mi pequeña, modesta y larga oficina, suya también si ayudan con los gastos.
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La Ciudad, lluviosita y apagadona, para variar, me miró con sorpresa y puso en circulación una marcha extra de automóviles para recibirme. Yo, por asuntos meramente relacionados con el carácter de urgencia que tenía mi misión, apenas la peiné. Y ella como que se indignó y me dijo: "Pues ahí cuando quieras darme tiempo de calidad,  me buscas, chulo". Se dio la media vuelta y me enseñó su espalda de luces y estrellas. Anduve revoloteando por sus nortes, bajé apenas un poco a sus ponientes y hube de verme en la necesidad -?!- de tomar ahí mismo mi autobús de regreso a estas tierras tapatías que igual encontré a punto de malteada. 
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Este frente frío que nos ha pegado por toda la retaguardia, ni es de Dios, ni me viene mal. Ay, ya lo dije. A mí me gusta el frío. Me gusta que nos pegue. La gente se ve mejor con la cara entumida y las manos sin saber dónde meterse, que en tanga, bikini, o medio sudada, trío de terribles consecuencias visuales del verano. Mi México, de ardorosos motivos, es también ya el primer lugar mundial en obesidad y sobrepeso. Eso significa que los gringuitos, con sus freeways, sus fastfoods, sus syrups, sus creams y sus extrasupersizeme, lucirán mejor -porcentualmente hablando, claro está- en traje de verano que nosotros. Y en lo que el millón de impuestos extras a los Gansitos, la Coca Cola y los Crujitos, logra que volvamos a ser curvilíneos aztecas, dignos de subir y bajar diez veces el teocalli sin asomo de sofocación, lo nuestro, lo nuestro, serán las gabardinas y las felpas.
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Vayan sacando sus abrigos. El frente frío amenaza con convertirse, como ya ha pasado otras veces, en un invierno de reserva. Yo estoy viendo claramente compras de pánico por todas partes. Hasta pantallas planas se está llevando la gente. Supongo, entonces, que planean hibernar. Me dicen mis informantes que no alarme, que se trata del Buen Fin. Pues yo veo a las señoras comprando pan Bimbo como si el mundo se fuera a acabar, y lo único que tendremos para desayunar la mañana siguiente que eso suceda, serán rebanadas de almidón fortificado proporcionadas por un maquiavélico oso polar panadero que, ¿ya lo notaron?, siempre posa para las fotos sacando la lengua. Conclusión: Miley Cyrus y el osito Bimbo salieron en la misma camada. Esto tampoco fue por alarmar, pero seguiremos informando.
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¡Salud!

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