domingo, 20 de octubre de 2013

El dulce sabor de la píldora azul.


Esta semana, tomé valor y cerré mi cuenta en Facebook. Apenas avisé, como quien no quiere que se sepa, que se haga argüende. Tal vez así sea. Ya hay suficientes dramas mínimos en mis días recientes, como para encima agregarle el cortón de venas con apio que significaría para el denso y poblado cuórum de dicha red social mi desaparición. Sin escenitas, sin malos rollos. Todo tranquilo, con la confianza y la seguridad de que estamos haciendo lo mejor posible.

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Pero no hay forma. Apenas di click en "confirmar", entendí que daba el último acribillazo -¿existe esa palabra o me traiciona mi uso desquiciado, diario e irrefrenable del español?-, daba el último sablazo, pues, para vernos más académicos, a mi de por sí inexistente vida social. Es sorprendente. Hoy día todo sucede en Facebook. Si no lo viste ahí, si no te lo dijeron en su chat, si tu muro no se vio replegado de pronto por el video oportuno, la nota con liga o la imagen compartida, si no te etiquetaron, no pasó. Dalo por hecho, por hecho real y contundente. Así seas estudiante, ama de casa o empresario. En este último caso, si tu negocio no goza de una aplicación, página o seguidores, estás más frito que la solitaria papa de la freidora de Mc Donalds que el apresurado y distraído trabajador no alcanza a recoger al levantar la canastilla, y que se queda ahí, horas, días enteros, girando y soltando burbujas como pedazo de Alka-Seltzer. 
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Pero era necesario. El suicidio al que me arriesgo, es un suicidio de amor. De amor por la vida, no vayan a creer que ya las ando dando -¿qué? ¡las horas, sucios!- No he creado casi nada en el último año, y los proyectos en el tintero prometen tanto, y me harían tan feliz en su finalización, que el otro día soñé a uno de esos personajes que está esperando ahí, con todo y ficha de las que dan en las salchichonerías de los supermercados con su numerito rojo, venir hacia mí y soltarme un "te pasas" en la cara. Y sí, me paso. Me paso de tiempo, de rosca, de desidioso. Y Facebook no ayudaba en nada. Ni a eso ni al resto de las artes de mi intelecto.
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Es muy cierto que intentaba yo ponerme culto. Compartir arte, folklore, cultura de todos los niveles posibles. El video de Youtube, la noticia de El Universal, la reseña personal. Y tenía yo seguidores, lindos, monos, asiduos y fieles, que un segundo después de mi post en el muro ya estaban dando "me gusta", comentando, señalando, felicitando, agregando. A todos ellos, espero, les hará falta mi persona -?- Y si no, podrán agregar a García Márquez, Vargas Llosa, Poniatowska o Paty Chapoy, quienes harán lo propio en mi ausencia -sobre todo Paty Chapoy-. No sufrirán, no padecerán ninguna clase de agravio en mi partida.
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Yo, en cambio, respiro aliviado. Eso que acabo de escribir es una reverenda mentira. Sin Facebook, hoy día uno es poca cosa. El resto de los medios se ha vuelto tan ralo en su uso, que comienzo a ver los mensajes de texto, las llamadas y ya no digamos los correos electrónicos, como artificios de museo, daguerrotipos de un pasado muy lejano. Tengo el síndrome de abstinencia facebookera a todo lo que da, y el centro de rehabilitación que me corresponde cerró ya sus puertas para concentrarse en acumular seguidores, "me gusta" y comentarios. Me lleva, me trae, me carga, y me vuelve a llevar.
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No quedará más que escribir aquí. Yo soy una persona que, conociéndose incluso antes de que Facebook me obligara al deleitoso y minucioso pero durísimo ejercicio de recordar mis lecturas, películas y gustos, suelo tener que obligarme a lo saludable. Obligarme a esto fue lo que yo buscaba. Regresar al origen. Volver a las andadas primeras que nos dieron el motor, muchos motores, y que luego se fueron perdiendo entre páginas, amigos -de los cuales, cabe decir, uno puede apenas conocer en físico a tres o cuatro de una lista de quinientos-, fotos, comentarios, etiquetas y demás. Abrí la puerta al mundo real, y descubrí que quienes vivimos en las redes sociales hemos dejado de vivir. Decir "me gusta", hoy día, carece de otro significado que una manita empuñada con su respectivo pulgar alzado y su manga azul abotonada. Ya no se escuchan las voces, ya no se ven las personas, ya nadie se abraza ni se acaricia. Nos dio mucho miedo sentir el sol, dejar de presumir que anduvimos en Bahamas, que vacacionamos en Chapala, que nos perdimos en el subterráneo, que probamos un nuevo sabor de Starbucks. Nos dio miedo no darle "like" a Gaby Vargas, a "Amo ver llover", a "Yo también tuve una novia pechugona". Y nos perdimos. Andamos perdidos. Y ni forma de regresar.
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Mark Zuckerberg debe estar feliz. Ya hasta película tiene. El resto de nosotros, me incluyo antes de dejar su red social, seguimos creyendo que la vida se ha vuelto un acomodado conjunto de palabras e imágenes que acumulamos frente a la pantalla. La vida, que está real y absoluta acá afuera, nos va pareciendo invivible. Tal vez George Orwell tenía razón después de todo: habrá un futuro en que, convencidos de que se está mejor frente a la pantalla, le daremos toda nuestra atención al plasma y el Gran Hermano. 
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Yo cerré para escribir, para crear, para darle una oportunidad al olvido y la melancolía. A los sentimientos reales, que Facebook no atina  a agrupar por completo con sus muy lamentables y generales "Me siento..." Sentimientos que duelen o alegran, pero que sobre todo se sienten. Ustedes ahí síganle. Si en un rato no logré mantenerme firme en esto, si respirar de nuevo no me convenció del todo, me tragaré mis palabras y les daré "me gusta" a todos. Por lo pronto, mi decisión está puesta en despertar de la Matrix y abrir los brazos. Frente a la computadora, el celular o el dispositivo móvil, uno cierra las manos en un acto simbólico que reniega de la vida. Afuera, en cambio, no hay mejor forma de hacerse de la mayor calidad en la experiencia vital que extendiendo las manos tan ancho cual el mundo es. Ya les contaré, espero, cómo me va yendo en ésto de vivirla de a de veras.
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¡Salud!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Te vemos en Twitter :)

Vizcaíno dijo...

Atte.: tu enemigo, socio útil cuando trae buena información