jueves, 28 de febrero de 2013

La maestra.


A las cinco de la tarde sonó el teléfono. Ésta su casa de cal y canto, en que se reza y se profana con igual intensidad, se conmocionó ante la aparición de una voz ligera y acelerada al otro lado de la línea. Una chica de sondeos de Mural, que para ahorrarnos el trabajo nemotécnico llamaremos La Susylú, pidió hablar con alguien de menos de treinta años, un mediano uso de razón, y muchas ganas de soltar víboras telefónicas. Doña Mago, que no sólo no podía opinar por la edad (target, que le dicen) sino porque lo que trae metido ahorita es el asunto del cónclave (hashtag, que le dicen, #queledicen), y que ya anda pensando en tomar avión directo (o transfiguración, lo que funcione más efectivamente) al Vaticano para formarlos a todos y poner orden en los sufragios eclesiásticos, me pasó el teléfono casi sin preguntar. "Toma, te llaman, yo no sé", me dijo, refundiendo el teléfono en el baño en el cual, tras noche en vela por asuntos laborales, yo intentaba desahogar ciertas cuestiones no muy lejanas al asunto político (haga usted Patria, y cada vez que vaya al baño a gestionar sus propios desahogos, dedique usted unos minutos al servidor público que más le desagrade, y piense en él). 

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Dando gracias al cielo porque el inalámbrico de casa no tiene cam, y que La Susylú no vería arruinado su apetito previo a su cena ante la visión de semejantes desfiguros, le contesté mientras, acelerada, tecleaba mis respuestas, supongo yo, quiero pensar, en su computador. "¿CreeustedqueelarrestodelamaestraElbaEstherGordilloesjusto?" "Ay, Susylú, me agarras(literalmente, diría yo), en ancas". Pensé cinco segundos, y eso porque escuchaba a La Susylú desesperada jugar con su tecla de espacio del otro lado de la línea. Ya saben, de esas veces que uno tiene qué escribir y, para no perder el tiempo, pierde el tiempo realmente picándole sin saber. "Pues yo creo que sí", le dije, y de inmediato contuve una contrarespuesta que, estoy seguro, La Susylú hubiera tomado no solamente como innecesaria, sino idiota. 
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Ahogado mi "pero", lo traje en la garganta sin saber qué hacer (jugando con mi tecla de espacio, hagan de cuenta). Lo desahogué con Doña Mago, mujer contraria a los intereses sindicales a quien, si la clase obrera escuchara hablar, seguramente regalaría canonización inmediata vía linchamiento colectivo (amparado por los artículos fulano, sutano y mangano, contenidos en la Ley Federal del Trabajo). De modo que, interesadísima en quién habrá de suceder a don Benedik, apenas me contestó: "Pues eso se buscan, eso se ganan". "La balanza cósmica", dijo, citando a una parienta de cuyo nombre nadie (ni Cervantes) quiere acordarse.
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Yo reculé. Sí, pero no. Según encuestas, seis de cada diez mexicanos tienen una imagen absolutamente negativa (así, sin miramientos, ni mediaciones, ni asegunes) de quien yo llamara en una entrada de hace cinco años "La Tronchatoro" Gordillo, y a quien, por mero respeto a su reclusión y puesta bajo la lupa de la justicia mexicana, llamaré en esta ocasión, con perdón de ustedes (y sin él, que para eso tengo yo mi blog y los gastos derivados de su ejercicio), simplemente La Gordillo. Además, el 55 por ciento de los miembros del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), cuyo liderazgo La Gordillo ostentaba (nunca mejor dijo, nunca mejor escrito)  hasta el pasado martes 26,  consideran poco más que negativa su influencia respecto a la educación pública en México (ahora resulta). Llena de gloria y fama ayer (antier, para evitar la metáfora y ser más específicos), odiada entonces por los agachados y respetada por los poderosos (presidentes, senadores, diputados, empresarios, líderes religiosos), su aura es hoy la de la pena, la deshonra y el olvido. Su aparición en la televisión y las imágenes de los titulares, tras las rejas del reclusorio femenil de Santa Martha Acatitla, totalmente vestida de blanco, despojada de cualquier clase de ornamento, arreglo o distinción, que nos haga pensar que tuvo alguna vez dos mil seiscientos millones de pesos entre sus manos, es cruel y certera. Es la imagen misma de la ruleta de la fortuna que es la vida: a veces arriba, a veces abajo, sin derecho a réplicas ni compraventas que la paren.
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Antes de La Susylú, la noticia había hecho vibrar la capacidad generadora de opiniones que tiene mi cerebro (sí, todavía, afortunadamente diría yo) en la mañana, cuando en punto de las 6 horas (tiempo del centro, dirían en CNN, dónde sufren su multinacionalidad cada vez que dan la hora), mi cobija de ojos y chinos me avisó, mediante un mensaje sorprendido y sorpresivo, que La Gordillo estaba ya recluida, acusada de desaparecer, así como Felipillo se escondió 26 mil 121 ciudadanos, la nada despreciable suma ya enunciada arriba, pero que repetiré por afanes meramente sensacionalistas (digo, la meritita verdad): dos mil seiscientos millones de pesos. Así que para cuando la joven desesperada de Mural llamó a ésta su casa de cal y canto, yo ya tenía más de diez horas dándole vueltas, hasta sin querer, a un asunto que tiene tantas caras como los personajes políticos que en él intervienen.
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El sesenta por ciento que no cree en su inocencia, o que la ve como maldosa, seguro justifica su detención. Una herencia melodramática, producto de nuestro incesante y secular contacto con las telenovelas producidas por Televisa y sus replicantes, nos hace creer que en el mundo hay buenos y malos, que los buenos se casan, tienen hijos, triunfan y mueren dormidos, y los malos son encarcelados, sufren quemaduras tóxicas en el rostro, enloquecen o se suicidan. ¡Ah, y olvidaba agregar!: los malos son feos, los buenos son guapos. Si Elba Esther Gordillo es rica y poderosa, está al frente de una agrupación laboral desde hace más de veinte años, usa bolsas Prada, platica de tú a tú con los presidentes, tanto panistas como priístas, orquesta campañas de desprestigio contra sus contrincantes políticos, y en suma de eso es fea (porque lo es, a cada quien sus cosas, pues), ¿imaginen en cuál de los dos cajones categóricos, herencia como ya dije de nuestra mamá Televisa, entra La Gordillo?
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En el otro cuarenta por ciento, estamos quienes creemos que su detención no es tan justa, ni tan transparente, ni tan aplaudible, pidiendo una disculpa a La Susylú quien como no dejó lugar a peros con su pregunta ha de estar leyendo esto (sí, seguro), con un odio infinito por el .01% de falibilidad que significo para su instrumento de medición al retractarme. Es decir: sí creo que puede ser culpable, como cualquier otro ciudadano elevado al cargo de líder sindical que recibe dinero y lo administra, no más, no menos. Pero no creo que su detención sea, como enarboló la Procuraduría, y en su extensión la Presidencia, un llamado de atención a que el sexenio ha comenzado, y las cosas se pondrán picudas para "los malos". Todo eso es un espectáculo, un teatro armado para, al estilo de Felipito, hacer ver autoridad y generar la sensación de que los buenos están en la silla (encopetados, galanazos, sobrevivientes del flash y el bótox), y los malos en la cárcel (refundidos, malolientes, feos, chusma, chusma, prrrrr). 
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Lo cierto es que el país entero (o su mayoría) piensa ahora que ella es culpable, y que las leyes mexicanas deben ser inflexibles, para juzgar sus atropellos al bien público, y para enaltecer la imagen justiciera de "Sololoi" Peña Nieto. Yo creo, como ya dije, que puede serlo, pero que su estadía ante la justicia merece el mismo tratamiento que cualquier otro mexicano señalado por el desvío de fondos o cualquier otra culpa. Y que si han observado a Gordillo en su riqueza y opulencia, no estaría de más que la Procuraduría reparara también en Romero Deschamps, Gómez Urrutia, y el resto de líderes sindicales ricachones en cuyas finanzas, sólo porque no le dicen que no al presidente y mueven a sus trabajadores al mismo asentimiento, nadie repara. ¿O no lo harán porque ninguno de ellos pretende obstaculizar reformas como la educativa, cuya oposición La Gordillo comenzaba ya, dicen, a organizar en esquemas mucho más ardientes que los aparecidos en las mesas de negociación? ¿No lo harán porque sus arrestos serían menos aparatosos, menos llamativos, menos amarillistas, menos generadores de héroes presidenciales que el de La Gordillo? ¿No lo harán porque ella es fea, y tendida por mala, y el resto de los líderes sindicales, si bien no son Adonis, tampoco generan en el pópulo la imagen de la maldad con sus bigotes, su entradas, sus sacos grises sport y sus camionetotas, no, al menos, como lo hace La Gordillo? Vanidad de vanidades, y al final, pura vanidad.
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No defiendo a nadie. Ustedes saben, o espero lo sepan, y si no se van enterando, que éste Baile respalda la legalidad y la justicia. El compromiso de ésta su pluma, de mis informantes, de mis críticos, y espero yo, de mis lectores, es el de la construcción diaria (bueno, no tanto, porque ya tenía dos meses sin poner ladrillos), constante (esto sí), de un mejor país, de un mejor mundo, en que imperen valores más trascendentes que la moralidad o el buen decir, como la justicia, el respeto, la paz y la equidad. No defiendo entonces tampoco a La Gordillo. Su paso por "las armas" debe ser si debe ser. Es decir, si los instrumento judiciales involucrados así lo determinan. Mi confianza, y la de este blog, está puesta en que imperará siempre la legalidad y el orden en un proceso que, hasta ahora, ha sido más un teatro que una apuesta saludable y consciente por la instauración final del Estado de Derecho (término tan vilipendiado, tan utilizado, tan mayugado). Un teatro que comenzó la semana pasada con la imagen femenina actual por excelencia de la "Gran Televisora Naiconal", Adela Micha, tratando de corrupta y negativa a la hoy presa líder sindical. La pantalla del Sistema reprimiendo al enemigo, creándolo y recreándolo, tachándolo de maldad, poniéndolo en el concepto, generándolo y regenerándolo ante la opinión pública. Si Stalin hubiera tenido Televisa, seguro sus enemigos hubieran aparecido con Adela antes de ser juzgados en la Gran Purga. Así de claro, así de consciente y consistente. 
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La educación pública en México está mal. Mi esperanza en su mejoramiento no crece ante la detención de quienes muchos señalan ahora como la manzana podrida del costal. La desaparición de La Gordillo, si finalmente es efectiva, cederá paso a la instauración de otro líder sindical que apoyará, y con él todo su gremio, las reformas que le favorezcan, negociará y maniatará las que contravengan sus intereses, y será oídos sordos ante reclamos laborales mucho más básicos que una bolsa Prada o un traje sastre de diseñador. Al final, pobres de los trabajadores: del maestro que se despierta a las cinco de la mañana para tomar el autobús e ir a dar su clase, del que batalla por un escritorio, por un salón con pisos y techo de concreto, del que no cambia de libros, ni de zapatos, ni de carro cada año. En cambio para su nuevo líder, sea quien sea, de este Baile sale ahora una admonición: obsérvese en la maestra. La gloria y la fortuna son volátiles como todo lo que está formado por materia. Al final, tras una reja en la sala de audiencia de un reclusorio femenil, o recostado en un cajón, nada será suyo, nada se llevará. Yo, si fuera líder sindical, me quedaría con el apoyo de mis trabajadores, la sonrisa de los apoyos, la esperanza en el uso de la fuerza laboral para el mejoramiento de las condiciones de todos los ciudadanos.
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Y a La Susylú, una disculpa. O comienza usted a hacer mejores preguntas, o me veré en la necesidad de instalar una cam en mi inalámbrico y contestarle con todo e imagen del caos. He dicho.
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¡Salud!