sábado, 11 de agosto de 2012

La ascensión del murciélago.

Habrá una época en que el caos y la anarquía dominen al mundo. Será el fin de las instituciones, de las normas, pero también de los tiempos. Habrá de caer el rico, y con él las injusticias. Pero alterado el orden social, tiradas las columnas de las clases y los límites que sostienen las desigualdades, el hambre y la miseria, tiraremos también las bases, y nos derrumbaremos todos, incapaces de soportar otras formas de vida que no establezcan límites. Y hemos de ser, qué curioso, más libres, más dueños de todo, pero al mismo tiempo más incapaces de todo. Y así, tiradas las injurias junto a las banderas, clamaremos por un héroe que nos regrese al camino, que arme de nuevo la balanza y restaure las garantías.
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Batman: The dark knight rises (aka El caballero de la noche asciende), es la última apuesta de Christopher Nolan por volver a la vida, revitalizar más bien, la franquicia cinematográfica de uno de los Tres Grandes del cómic estadounidense. Junto a Supermán y Spiderman, nadie como Batman ha vendido en el cine, desde su primera aparición en el séptimo arte, en 1966. Y nadie como él, tampoco, ha sabido volver a las andadas, una y otra vez, adaptándose en su estética, sus frases, sus villanos y sus herramientas, a los tiempos en que regresa, sin perder lo básico, sin alterar un ápice su historia. Es, y será siempre, como le dice en esta última entrega de Nolan el personaje de Selina Kyle: "un testarudo". Y un loco. Y un hombre con un eterno problema de disgregación de la personalidad. Pero también un gran super(anti)héroe, con mucha tela en su historia de dónde cortar.
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A mi juicio, Christopher Nolan le ha dado el empuje necesario para prolongar al personaje rumbo al milenio empezado hace doce años. Dejando atrás los "asquerosos noventa" que lo convirtieron en un bufón de colorido y pretendieron prolongar, cuando ya no era siquiera previsible, su etapa "pop", Nolan ha buscado una historia minimalista en su imagen pero profundamente dadivosa en su trama y su tratamiento de la condición humana. Antes de Nolan, y ahí el acierto del director londinense, a nadie había llamado la atención la tormentosa personalidad de Bruce Wayne y su alter ego: sus manías, sus fobias, su aparatosidad wagneriana, sus tormentos, su inseguridad, sus descalabros. La trilogía de Nolan ha dejado al Batman del batitraje, la batimoto, el batihelicóptero y el baticinturón, y lo ha trascendido a través del argumento, la palabra y la creación del personaje. Y ahí, antes que nada, radica el éxito de su visión del héroe.
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Ahí y en la excelente elección del reparto. Yo, antes que con cualquiera otro de los grandes que llenan la pantalla junto al hombre murciélago, me quedo con Anne Hathaway. La señorita Hathaway es, como el caballero de la noche, la muestra más clara que hay de lo que es la adaptabilidad en el Holliwood moderno. De haberse negado a arriesgar, Disney la tendría aún de princesa, y quizá ya hasta tendría su atracción en Magic Kindom. Miss Hathaway, por fortuna, acertó en la búsqueda de papeles que la comprometieran con otras imágenes, que la proyectaran hacia públicos y mundos diferentes. Si bien en Devil wears Prada siguió con los afanes de niña tonta a la que por accidente la falla la suerte, películas posteriores, como Rachel getting married o Alice in wonderland, diversificaron sus posibilidades y abrieron los ojos a los espectadores en torno a lo que esa chica de grandes ojos y prominentes labios podía lograr en pantalla.
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En The dark knight rises, Hathaway se luce de nuevo. Si bien el papel se presta al asunto de la femme fatale y su ya muy explotada carga sexo-sicópata, Hathaway no pierde la oportunidad, en más de una ocasión durante el filme, de manipular gestos, cuerpo y actitud, para que quede claro que, si hemos de considerar una lista de los grandes talentos para el resto del siglo, tendremos obligatoriamente que ponerla en los primeros lugares.
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Y respecto a Batman, el cierre de la trilogía vuelve a rozar por su vía los grandes tópicos de la condición humana: el miedo, la ira, el dolor, la compasión, la justicia y la paz. Yo tardé un tiempo en entenderlo (tres películas, para ser exacto): lo que hay que apreciar en la trilogía de Nolan no está en la imagen (aunque, debo decirlo, ésta es la única de las tres cintas que le otorga un lugar privilegiado al respecto a Gotham City, cosa que ya venía faltando, sobre todo porque una ciudad así, aunque basada en una mezcla de las grandes urbes norteamericanas, es de explotarse visualmente, es de apreciarse). Lo que debe rescatarse de la versión del también director de Inception (donde también aparece Marion Cotillard, otra gran sorpresa en The dark knight rises, otra presencia infalible en la lista secular de talentos) está en el armado de la historia y la historia misma que se cuenta.
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Pero también hay que decir que este último filme le da un buen lugar a los batiartefactos, que ya venían haciendo falta. Esta "the bat", o el "baticóptero", una más aprovechada baticueva, un mucho más protagonista batitraje, y hasta batidardos. Pero todo esto no lo utiliza Nolan más que como medios para contar su historia. La cámara los enfoca tan poco tiempo como resulte necesario para hablar de los sentimientos, las intenciones y las frustraciones de los personajes. En el guión y la cámara de Nolan, un batimóvil sólo por apantallar al público y hacerlo vibrar de emoción en su asiento, resultaría impnsable. Hay, primero, que hablar del hombre y la máscara, y ya luego nos preocuparemos por cómo se ve.
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Mi consejo es que vayan a verla. Pero que vean primero las otras dos. A mi gusto, el mejor trabajo en cuanto al tratamiento de las cuestiones humanas no está en ésta, sino en la segunda parte, en que incluso el trabajo actoral, también hay que decirlo, es mucho más lúcido, sobre todo por la extraordinaria actuación de Heath Ledger, que no sólo se llevó la película, sino hasta el Óscar (sí, bueno, la Academia se lo dio por compasión hacia su memoria, pero igual se lo ganó). Pero igual véanlas todas y luego acudan a ver a Hathaway, digo, a Batman, y sus intenciones, algo egoístas, de limpiar su historia y su conciencia salvando la ciudad.
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¡Salud!

1 comentario:

Vicky dijo...

No me despegué ni un segundo del primer párrafo, ese futuro es tan tentador, tan llamativo, tan lejano y tan propio.