sábado, 30 de junio de 2012

Votemos.

Vamos a votar. Pondremos en el papel doblado en cuatro, depositado en la urna, no sólo la esperanza, el ánimo, el esfuerzo, la certidumbre, el cuidado y el amor. Pondremos también la paz y la alegría, el trabajo y la constancia. Haremos de ese par de minutos que nos tome cruzar una de las ofertas en la boleta, un beneficio prolongado. El beneficio de la democracia. El beneficio que sólo puede darnos la conciencia plena de estar ejerciendo un derecho instransferible e ineludible. El beneficio que sólo nos otorgará la responsabilidad cumplida con decoro, con la cara en alto.
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Vamos a votar. Hagámoslo por Fernada, Rafael, Emmanuel, y el resto de los niños y niñas que, apenas nacidos, vivirán en este México de los próximos seis años. Hagámoslo con sus esperanzas, sus derechos y sus obligaciones, muy claras y muy presentes. Con la certeza absoluta de que nuestro voto influirá totalmente en la calidad de vida que tengan, en su primer experiencia gubernamental, y, por consecuencia, en su primer experiencia democrática. Para que mañana, dentro de tres entradas como éstas, puedan ellos también saber qué es lo mejor para sus propios pasos.
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Vamos a votar. Hagámoslo no por los colores y los personajes, sino por las propuestas y la historia. Votar ignorando el pasado es votar en vano. Aprendamos una doble lección, y escribámosla dónde no la olvidemos: si las personas no cambian, los partidos menos. Una promesa no cumplida hace setenta años no será cumplida en los próximos seis. La estructura colapsaría si operaran al interior de los partidos verdaderas reformas a favor de las garantías individuales. Yo creo, por sobre cualquier palabrería, que el PRI, el PAN, el PRD y cualquier otra fuerza política que tome el timón, siempre tendrán las mismas caras, los mismos modos, y en el fondo, tomarán las mismas decisiones. Nuestra obligación no es hacer que los partidos cambien: es vigilar que, dentro de sus propios esquemas de acción, cumplan con sus obligaciones y den cuentas claras a quienes por ellos votamos.
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Vamos a votar. Hagámoslo por el café, la hamburguesa, la nieve gratis. Pero hagámoslo ante todo por el enorme premio que será haberle dado a una democracia como la nuestra, tan cara, tan pisoteada, tan puesta en duda, una razón para existir. Así como está, con fraudes o sin ellos, fue construida con sudor y sangre por nuestros abuelos y sus abuelos. Nuestra obligación, moral si quieren, humana de preferencia, es defenderala con la participación. Si el instrumento existe, y su elaboración fue producto de decenas de años de esfuerzo e Historia, lo mínimo que podemos hacer con él es ejecutarlo. Por respeto a nuestro pasado, por pasión a nuestro futuro.
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Vamos a votar. #Yosoy132 nos recordó a todos, jóvenes y no, que la esperanza muere al último. Si muchos creíamos que nuestras generaciones no serían jamás capaces de levantar la vista por sobre sus tablets, Ipods y consolas, y mirar la realidad para poner luego el dedo en la llaga, el movimiento juvenil -no me animo a decir estudiantil- nos recordó a todos que la fe nunca debe ser perdida. Y también nos hizo ver que el Estado mexicano avanza en un rumbo muy distinto al de 1968. Eso es ganancia, y es satisfacción. Votemos con esa esperanza reanimada, muy en vivo, y con la misma energía con que los jóvenes han salido a marchar. Si ellos se han organizado con lo que tienen, y han llegado hasta dónde han podido, ¿qué no haremos nosotros con nuestras credenciales mañana desde las ocho? Darle al país una mejor cara es, tras #Yosoy132, no sólo un derecho, sino una obligación histórica.
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Vamos a votar. Sé que las ofertas son pobres, paupérrimas, pero los ánimos muchos, adversamente proporcionales. Quien gane, dicen algunos, no será jamás el mejor de los panoramas. Yo también creo, junto con este Baile en su totalidad, que los cuatro candidatos no convencieron jamás ni por su inteligencia, ni por sus propuestas, ni por sus visiones, ni por su origen. Pero también creo que el candidato no lo es todo, y que si hemos podido observar un incremento en el interés común respecto a el ejercicio democrático de mañana, también podremos ver -y ejecutar- un incremento en el interés colectivo respecto a los próximos seis años. Es tiempo de dejar de pensar que el voto termina el 1 de julio. Es momento de entender que el momento en que se deposita en la urna es sólo el comienzo.
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Vamos a votar. Hagámoslo todos, juntos, hombro con hombro. No importa por quién lo hagan, pero importa que lo hagan a conciencia. Celebremos la democracia con la participación y la esperanza, la inteligencia y la energía. Es el momento. Desde aquí un aplauso, y un sentido abrazo, a quien lo haga de corazón.
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¡Salud!

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