domingo, 12 de febrero de 2012

La gallina clueca.

Josefina ya fue viuda, secretaría de educación, diputada, gallina y candidata presidencial. Luchó contra Elba Esther Gordillo y sus huestes magisteriales con igual ímpetu con que ahora intenta enfrentarse a Peña Nieto y su  legión de Paulinas Rubio, Pepillos Origel y López Dórigas. ¡Qué mujer tan polifacética! Lo que le falta es ser presidenta. Pero para que eso pase no entrarán al juego tanto las alianzas políticas que logre entablar como su capacidad para acercarse a un electorado que sigue dubitativo entre el regreso a la época tricolor, o el regalo en bandeja de otros seis años de intentos infructuosos para el partido blanquiazul. De lo último, dicen las encuestas, el electorado -uno dice "electorado" y suena a masa gigante de gente armada... y no está tan lejos la imagen de su auténtico significante- está todavía menos convencido que de lo primero. La verdad es que conforme pasan los sexenios y las elecciones se suceden, nuestra educación democrática aumenta, y con ella viene también un cierto recelo y otro cierto cuidado al momento de otorgarle el poder a cualquier candidato.
.
Pero de que eso suceda, o de que al menos logre robar un par de puntos a su rival más fuerte, el por todos conocido y amadodiado, televisado y novelero más nunca igualado, Enrique "Sololoi" Peña Nieto, se encargará toda una maquinaria política que ya la ha abrazado y se va convenciendo, conforme queda atrás la elección interna de la semana pasada, de que Ernesto "Mr. Bean" Cordero, el "bueno" de Calderón, no hubiera logrado la presidencia ni con la candidatura en manos. Y para que suceda, las cuerdas políticas se moverán sucia y consistentemente, temo que a niveles y con consecuencias que nuestra historia democrática reciente -bueno, bueno, está bien, no hay historia democrática mexicana que no sea reciente- no ha visto jamás.
.
Quizá por eso es que en su primer mensaje oficial como candidata, Josefina Vázquez Mota -me voy dando cuenta que ya llevo media entrada y apenas la nombro por completo- no precisó interés de campaña, límite o puntero. Lejos de dirigir su discurso hacia el empleo, la seguridad, la defensa de los derechos humanos o la educación -temas trillados, recurrentes, cansones-, la candidata taladró a su audiencia media hora con un repetitivo, constante y altisonante "vamos a detener a Peña Nieto". Sus intenciones son entonces parecidas a las de Fox -si no aprendemos de la historia, estamos condenados a darle "repeat"-: ganar la elección no para gobernar el país con las posibilidades ricas y múltiples que otorga la alternancia, sino ganar la elección para que no la gane el PRI. Y ya. Lo que venga en los siguientes seis años, es asunto que pensaremos ya que lleguen. Por lo pronto, con cortarle el paso al antes llamado "partido oficial" -si los Panamericanos tuvieron su "pintura oficial", su "agua oficial" y hasta su "ropa oficial", ¿cómo no iba a tener México un partido oficial?-, con impedirle el avance, nos damos por bien servidos.
.
Sorpresiva y gratamente, su discurso no tuvo casi tintes de género e igualdad de sexos. Eso lo agradecí como votante, como feminista enclosetado y como partidario ad vitam de la equidad y defensor de la diversidad. Porque me parece que para que el discurso del género tenga éxito, resulta ya necesario dejar de enunciarlo. Concentrarnos más en las personas, y menos en la forma anatómica de sus entrepiernas. Pero la concentración en el asunto de quitarle de las manos el triunfo al PRI es tan arcáica que ni el proceso de 1999 hubiera permitido ese mismo chacoteo sin sentir ingratas náuseas. Cuando podría haber aprovechado los reflectores en un discurso de unidad, empuje y arrastre, Josefina se concentró en algo que sí, muchos deseamos, pero que da pocas luces sobre su particular visión de gobierno. Al menos yo no pienso votar por ella sólo con la finalidad de quitarle fuerza al "Güero Televisa".
.
No, no, no estoy diciendo que pienso votar por Josefina. Admito que me simpatiza, pese a su imagen rígida y la monotonía de sus palabras. Me agrada que no era la oficial de un presidente que le ha sumado puntos a su autoridad a costa de la seguridad nacional, y que por esas mismas y conocidas diferencias con quien despierta, come y duerme en Los Pinos ha marcado una distancia, ligera pero visible, hacia las decisiones calderonistas. Contrario a Cordero, que tenía de marioneta lo que Peña Nieto -osea, todo-, Vázquez Mota había dicho en repetidas ocasiones: vamos bien, pero podríamos ir mejor si doblamos en el siguiente entronque. Además, claro, está el hecho de que es mujer, y no estaría mal irle dando al país cada vez mejores y más suficientes razones para creer en la igualdad de sexos -o en algunos casos, para irse enterando de la misma-.
.
Critico y reniego, sin embargo, de su imagen acartonada. Pero la comprendo. Lo que no tenía en el año 2000, hoy el país ya cuenta con la lección de lo que un candidato chicharachero, bocafloja, populachero y aplaudidor, puede significar llegando a la presidencia -sumen ustedes basura, y metan ustedes basura en Palacio Nacional, ¿y qué van a obtener a cambio?-. Por eso es que, inseguros en la búsqueda de un punto intermedio, tanto Josefina como "Sololoi" Peña Nieto han optado por volver al figurín y la escultura, que tantos buenos ratos atrajo en el pasado para el PRI y las oficinas gubernamentales en que colgaba el retrato del "primer hombre". Acartonados hasta el cansancio, vuelven al guión de la estética caduca, y pretenden renovarla sólo tocando temas "difíciles" o controversiales, señalando los errores del contrincante y dejando de regalar tortas y refrescos -ahora lo "in" son las despensas, y estarían más "in" todavía con monederos electrónicos, pero se les duerme-. El mismo producto, con caducidad reescrita. Y nada más.
.
Habrá qué ver. El "gallo" que terminó siendo gallina tendrá que llevársela con cuidado. Por el electorado y por lo que pueda hacer su contrincante para sumarse votos estratégicos. Por el país. Y yo soy de los que creo que ella puede, y estaré expectante para observar cómo sucede. Si se quedó a dos pasos de tirar a la hidra de Gordillo, espero se quede a uno de acabar con "Sololoi". Vamoaver. Vamoaver.
.
¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Lamentable que lo de hoy, y desde hace tres campañas sea no publicitar los méritos y las cualidades propias, sino hacer alarde de los defectos del candidato opositor. Es simplemente un juego sucio e injusto.