domingo, 20 de noviembre de 2011

Todos los fines felices.

Mexicanos volad presurosos,
de la pantalla plana en pos.
.
La calle se llena. Son altos, bajos, afectados por la obesidad, atléticos, diabéticos (porque el mexicano no padece "diabetes", tiene "diabetis"), cariados, víctimas de una creciente ola de violencia social que los conmueve, indiferentes. Nada hay en común entre los individuos de esta raza de bronce. Nada y sólo una cosa, una divina trinidad: viven al día, tienen tarjeta de crédito, y no dudan en endeudarse para seguir viviendo al día.
.
El supermercado en el que trabajo -ya lo sabrán ustedes, que se han chutado todas, todas-, vendió tan sólo en el primer día de El Buen Fin (R. "El Buen Fin", el logo de la hoja de calendario y sus colores blanco, negro y rojo, son marcas propiedad de Felipe Calderón Hinojosa. Prohibido su uso para fines distintos a los establecidos en el programa. Todos los derechos reservados), casi tres millones de pesos. Para que se den una idea de lo que eso simboliza, nuestra tienda -y suya también, si ayudan con los gastos-, vende esa clase de cantidades sólo una vez al año, el 24 de diciembre. El resto del año, incluída la temporada que todos conocemos como Julio Regalado -"este don Julio está echando la casa por la ventana, ¡está regalando todo!", dijo en el episodio pasado del mes de descuentos uno de los empacadores de la línea de cajas-, llegamos a mucho, pero no a tanto. Lo que a mí más me impresiona del asunto de El Buen Fin (R. "El Buen Fin", el logo de la hoja de calendario y sus colores blanco, negro y rojo, son marcas propiedad de Felipe Calderón Hinojosa. Prohibido su uso para fines distintos a los establecidos en el programa. Todos los derechos reservados), es que los mexicanos salieron a comprar -a La Cómer y a otros muchos lugares de la misma o peor calaña- armados no de efectivo, cash contante y sonante, lo que hablaría de que estaban empleando, invirtiendo o despilfarrando, según se vea el vaso medio lleno o medio vacío, su aguinaldo, sino de fuertes y bien blindadas tarjetas de crédito.
.
Osea que el país estará endeudado con instituciones bancarias durante periodos que van desde los seis meses hasta el año y medio de duración. Eso al país le viene bien, dicen, y lo que importa no es cuánto quedaremos a deber, sino que ahora, a punto de terminar el sexenio y con don Felipe recorriendo el sur de México en gira artística -Felipito y los Best Buy Boys-, se active la economía vía hartos vouchers firmados. La iniciativa, ya lo imaginarán a estas alturas, nació en Los Pinos -en los de la presidencia, no en el albergue infantil, que de ahí habría salido algo más inteligente-, y fue aplaudida por muchos empresarios que, viendo en el seco y áspero noviembre una luz para estirar un poco la temporada navideña -que de puro diciembre les sabe corta-, ya no saben cómo van a terminar un año tan caótico -imagínense qué tan caótico no será que se casó Galilea Montijo. ¿No será que ahora sí el próximo año nos carga a todos el payaso?-
.
Y Calderón, obediente de sus propias ideotas, andando en Cancún dio banderazo de salida y espaldarazo al Buen Fin (R. "El Buen Fin", el logo de la hoja de calendario y sus colores blanco, negro y rojo, son marcas propiedad de Felipe Calderón Hinojosa. Prohibido su uso para fines distintos a los establecidos en el programa. Todos los derechos reservados), adquiriendo un espejito, dos pares de listones rosas y una canastilla para su bicicleta -bueno, en el radio dijeron "aditamentos", pero esos son los que mejor se me acomoda enumerar- , y un disco de Marco Antonio Solís, "El Buki", que le pidió su esposa (me los imaginé a los dos echados en la sala el domingo en la mañana cantando "¿A dónde vamos a parar, con esta hiriente y absurda actitud?").
.
Acá, las hordas de endeudados compraron pantallas planas a morir -se vendieron más que los condones, y miren que los condones se venden siempre mucho cuando hay puente-, estéreos con chicas bocinotas, aditamentos para las pantallas planas compradas a morir, y aditamentos para los estéreos con chicas bocinotas. Y ni qué decir de refrigeradores, estufas, hornos de microondas, lavadoras y calefactores que salían de la tienda como si los estuviéramos regalando. Una señora llegó al punto de preguntarme, indignada, cómo era posible que no tuviéramos más pantallas planas Bravia de Sony. "No, señora. Las que teníamos las vendimos para poder comprar más, y ésas también se vendieron. Y como de ahí no vamos a salir, mejor cerramos y nos vamos".
.
La calle se llena. No hay bolsa sin mano, caja sin espalda, saldo sin monedero electrónico. En El Buen Fin (R. "El Buen Fin", el logo de la hoja de calendario y sus colores blanco, negro y rojo, son marcas propiedad de Felipe Calderón Hinojosa. Prohibido su uso para fines distintos a los establecidos en el programa. Todos los derechos reservados), la vida, el éxito, la prosperidad y la felicidad, se reducen a tu límite de crédito. Soy, luego tengo. Me endeudo, no pago. Quiero ver la cantidad de devoluciones que vendrán después de esto. Los fabricantes se relamen ahora los bigotes tanto como nuestro jefe de electrónica. Será una navidad feliz. En enero, cuando empecemos a pagar los males de El Buen Fin, la resaca nos dejará exhaustos. Por lo pronto, ¿a mí qué me importa que se caiga el país, si yo ya tengo mi pantallota?
.
Jonathan Larson, en el libreto de su célebre ópera rock Rent escribió: "If you're living in America, at the end of the millenium, you're what you own". Le pediría yo hoy corregir la nota: "If you're living in America, at the end of the millenium, you are what you owe".
.
¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Me interesan esos datos curiosos a los que tienes acceso por tu trabajo como que los condones se venden mucho cuando hay puente, ¿a qué se lo atribuyes? Vamos haciendo un estudio antropológico.