viernes, 11 de noviembre de 2011

La paradoja Blake.


Más de una cosa resulta paradójica en torno a la muerte del hasta hace unos minutos secretario de gobernación del presidente Felipe Calderón Hinojosa. Supongo que a ninguna persona, medianamente enterada, le pasarán por alto estas mismas encrucijadas de la realidad. Paralelismos fatales que resultan también misteriosos, que desatan cuestionamientos hasta de los menos avezados. La propuesta no busca resolver las paradojas, sino ennumerarlas, con la absoluta convicción de que muy probablemente  no haya respuesta para entredichos que la vida misma genera, sin poner mientes en lo que a nosotros, los seres humanos, nos vaya a parecer.
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José Francisco Blake Mora es el segundo secretario de gobernación del presidente Calderón que fallece en un accidente aéreo. En 2008, justamente en los primeros días del mes de noviembre de aquel año, Juan Camilo Mouriño, el entonces funcionario al mando de la Secretaría de Gobernación, murió al desplomarse el avión en que viajaba mientras sobrevolaba la capital del país. A Blake y a Mouriño no los une sólo el puesto que desempeñaban al momento de su deceso, ni las condiciones del mismo. Ambos eran también panistas, y ambos tuvieron que defender, en momentos que se tornaban cada vez más dramáticos, la figura de su jefe en un puesto que, ya se ha dicho antes en este mismo espacio, le ha quedado grande.
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En todos esos sentidos, la paradoja se extralimita. El conjunto de similitudes entre ambas muertes y personajes raya en lo increíble. Cuando Mouriño murió, la opinión pública desató mil y un teorías en torno a la causa del accidente. Se habló de un atentado, de cierta premeditación, y "Felipito" Calderón avivó la llama cuando, en las exequias del secretario, prometió a los presentes, entre quienes estaban la viuda del secretario y sus tres huérfanos, que no cedería ante ninguna presión. Los enterados no pudieron más que guardar para sí sus conclusiones cuando, tras muchos meses de calma y olvido aparente, la Procuraduría General de la República puso a la luz los resultados de las indagatorias y peritajes realizados en torno al accidente del secretario, determinando una falla mecánica en la avioneta como la causante del siniestro.
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Con Blake habrá que ver. Lo cierto es que Calderón se queda una vez más sin una columna estratégica al interior de su gobierno, ya de por sí debilitado por la creciente ola de críticas y sobresaltos que en gran medida ha ocasionado su política pública en torno a temas como la seguridad, las garantías individuales, la política exterior, los derechos humanos y la lucha contra el llamado "crimen organizado". La potencia del panismo, también disminuida con respecto a hace once años cuando tomó por primera vez la presidencia mexicana, sufre igualmente un revés de trascendencia. La clase política espera ahora para ver a quién elegirá Felipe Calderón como sucesor del secretario fallecido hoy. Se requiere una figura imponente, transparente y decidida, que otorgue una potencia nunca vista al gabinete, y con ello al gobierno, del presidente constitucional. El 2012 está cada vez más cerca, con todo y sus elecciones federales, y al principal panista del país, el propio presidente, le urge fortalecer la imagen de su administración para otorgarle un voto de confianza a su partido con rumbo a los  próximos comicios. Porque él debe entender que un gobierno panista fuerte y decidido, pero también transparente y abierto, generará un voto generoso de parte de los electores el próximo año.
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Suena duro, pero el accidente de Blake abre una oportunidad para reivindicar el trabajo calderonista. Los meses se agotan y la última docena de meses será crucial para determinar si los votantes se inclinan o no por darle seis años más al PAN en el principal puesto público del país. Independientemente de los resultados que arroje el peritaje en torno al accidente de Blake Mora, Calderón puede elegir entre darle paso a la tragedia o llamar al trabajo consistente y el replanteamiento de las políticas públicas desde el interior de su gabinete. Seguramente tirará a lo primero. Porque la muerte de Mouriño en 2008 no lo hizo reflexionar, en apariencia, ni siquiera sobre la seguridad al interior de su propia administración. Blake tripulaba una avioneta de finales de los ochenta, con más de un millar de horas de vuelo en su haber, e iba acompañado de otros importantes miembros del gabinete. Como Mouriño, hace tres años. Las paradojas no se resuelven, pero en algunos casos sí pueden prevenirse.
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¡Salud!

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