jueves, 20 de octubre de 2011

Sobre los Panamericanos.

Medio México se me va a ir encima con esta entrada. 's igual. Estoy acostumbrado ya a que últimamente los comentarios que hago hasta en la calle sean marcados como "sangrones", "insufribles", "amargados" y "criticones". Es lo malo de buscarle siempre el punto intermedio a las cosas: termina uno por no ceder. Ahora que los XVI Juegos Panamericanos se desarrollan en Guadalajara -se cumplió la profecía, ¿ven como el apocalipsis sí viene? Si los mayas tenían razón cuando tallaron en tablaroca a Vázquez Raña-, voy a exponerles a ustedes, clara y concisamente, por qué a mí no me acaba de convencer todavía el dichoso evento. Y la otra mitad de México que no se me vendrá encima, Dios, que no sea indiferente a mi descuartizamiento.
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"Atraen turismo y con ello mucho capital circula, los negocios crecen, las familias reciben más dinero". Sí y no. Yo no dudo que los gringos, panameños, canadienses, puertoriqueños y brasileños traigan bajo sus cintas de karate hartos dólares para comprar espejitos mexicanos. No lo dudo, y aparte en la práctica lo he visto -iba  poner "lo he sentido", pero luego ustedes son rete mal pensados-, pues en la oficina La Chío, La Pau, El Gonza y ésta su servilleta -?- no se dan abasto para contar moneda, retirar billetes y volver a contar moneda, con el fuerte aumento que ha habido de clientes pagando en dólares. Pero la otra mitad del sol nos dice que de esos millones que circularán por los negocios tapatíos durante las tres semanas que dure el macroevento vigoréxico, poco o nada llegará a los bolsillos del trabajor de a pie. Estos eventos generan ganancias para los dueños de los grandes negocios, las cadenas multinacionales y los empresarios que, a tiempo ycon maña, lograron colarse en listas de patrocinadores, constructores, impulsores y similares -deberían de hacer su sindicato. Así por lo menos el gobernador en turno estaría obligado a firmarles siempre sus contratos-. El negocio será para Cómex, que pintó la Villa, para Bonafont, que ha llenado de sus aguas color durazno la ciudad, para Telcel, que ya vende celulares panamericanos con rooming incluído. Y para el resto de los que pusieron en sus etiquetas aquella famosa frase de "la baba oficial de los Juegos Panamericanos" -y no dudo que la vendan-. Y nada más. Yo, dólares más, dólares menos, seguiré ganando los mismos tres pinches pesos con Panamericanos, sin Panamericanos o a pesar de los Panamericanos. A la señora que tenía un changarrito de dulces y cigarros en Base Aérea, y al señor que lustraba calzado en Catedral, no les va a tocar nada porque, encima de todo, les pidieron "amablemente a macanazos" que se retiraran de la zona porque "afeaban el empedrado rústico". Ni a usted, ni a mí. Porque los cubanos no van a venir a comer gorditas todos los días, ni a comprar muebles rústicos o bisutería. El dinero se quedará en pocas manos, y esas manos lo usarán para construir casas en Miami que ni usted ni yo veremos. Y fin del tema.
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"Promueven el deporte". Nain. Los mexicanos tienen viendo y viviendo inauguraciones de Juegos Olímpicos desde que hay televisión en sus casas, y los índices de obesidad han aumentado considerablemente conforme más lucidoras se ponen las mismas. Es decir: el índice de villas olímpicas y similares que se construyen en el mundo conforme pasan los años es directamente proporcional a la cantidad de grasa corporal que en promedio el hombre va sumando a sus caderas -si no, pregúntenle a Fernando Platas, o a Soraya Jiménez, que casi no entraban en el retacado evento inaugural del pasado sábado porque ocupaban -tanto literal como tapatíamente- dos espacios, y era Chente Fernández o eran ellos... ¿y ni modo de sacar a Chente? De nada sirve que Felipito Calderón se suba a la bici y se baje de ella a zapotazos, su amado pueblo sigue engordando a velocidades alarmantes. Para el 2015, si bien nos va, cuando en Toronto estén prendiendo su respectiva antorcha, nosotros seremos un país en el que ocho de cada diez mexicanos vivirán con más de diez kilo de sobrepeso. Las instalaciones deportivas que tanto promueven en la radio como "nuestras", terminarán como toda obra gubernamental generada "en pos del bien público", pero financiada a través tremendos negocios de particulares: abandonada, derruida y llena de niños pobres buscando baño -los mismos que, ya dijo "El Pachicles" Andrade Garín con el buen tono y particular humanismo que lo caracteriza al dar declaraciones, jamás estarán invitados a hacer uso de las mismas (¿imagínenselos disfrutando de la misma alberca en la que nadó Fernanda González, y que además pagó con harto esfuerzo un banco escocés? ¡Horror de horrores! ¡Water emergency!)- Porque el resto de ex panamericanistas que seguirá agrandando sus lonjas, ni de chiste hará uso de ellas, a menos que sea para seguir agrandando sus lonjas desde las gradas.
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"Ponen el nombre de Jalisco muy en alto". Sí y no. Porque los panorámicos con el escudo del cuasigobierno de "La Monja" González Márquez vaya que lo han levantado. El resto del nombre de nuestro estado se olvidará cuando en unos años no sepamos ni cómo estuvo la inauguración de los Juegos Panamericanos en Toronto, ni ellos tampoco se acuerden de nosotros. Cuando a los atletas se les pase la cruda tequilera y dejen estos páramos de agave y tezontle para volar a sus montañas de nieve y coníferas.
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"Son tus juegos". Nain otra vez. Yo no los apoyé. A mí nadie me preguntó. De la noche a la mañana ya estaban bien puestos "La Monja" y sus secuaces, y hasta habían apalabrado unos terrenitos por el parque Morelos para hacer unos pequeños y modestos edificios departamentales de 400 millones de pesos. Nomás. Y luego vinieron a poner carriles preferenciales y exclusivos, y a llevar por toda la ciudad calcomanías, folletos y peluches -Huichi no representa a los huicholes. Con ese nombre, representa a las prostitutas del parque Morelos que, a fuerza de más "haga el favor de retirarse", fueron sacadas de su tradicional y antiquísimo lugar de trabajo, sin más solución, propuesta o ayuda que un "en serio, haga el favor de retirarse"-. A llenar nuestros oídos, nuestros ojos y nuestros corazones de lo que han dado en llamar, ¡oh, franca tempestad!, "espíritu panamericano", y que no es otra cosa que un montón de colores puestos sin ton ni son puestos unos sobre otros para dar la sensación de que nos están invadiendo los deporteístas. Pero no son míos. Yo no los pedí, y si me preguntaran, yo le hubiera dado el dinero a las sexoservidoras del Morelos para comprarse unas casitas o unos buenos moteles pa' administrar su negocito.
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"Traen un mensaje de unión y amor fraterno entre los pueblos de la tierra". Díganselo al atleta que gestionó con el gobierno de su respectivo país durante los últimos cuatro años un modesto apoyo económico para poder pagar avión y sobreequipaje, y que llegando aquí perdió frente al atleta del país vecino no sólo dinero y medallas, sino toda la honra. ¿Cuál hermandad de los pueblos? Los ilustrados franceses y los socialistas proclamaron algo similar, y ya sabemos todos como terminaron ambos casos. Esa hipotética idea funcionaría en una ciudad que no esconde a sus trabajadoras sexuales, sus desposeídos y sus homosexuales-ojo, no esconder no es igual a promover o incentivar, es dignificar tan sólo un poco-. Funcionaría en un país dónde el 60% de la población no diga en una encuesta nacional sobre discriminación que jamás viviría junto a un homosexual o una lesbiana. Funcionaría en un país dónde, en pleno siglo XXI, todavía a las mujeres se les cambia por vacas o gallinas -literal-. Funcionaría en un país dónde el respeto a la vida humana no termina dónde comienza el fuero, el narcotráfico y la ley de Herodes. También aquí, para no amargarme más, fin del tema.
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"Pero el evento inaugural estuvo muy bonito". Éste argumento es mi favorito. Llega cuando ya no lograron convencerme con todo lo anterior. Y a esto tengo que decir, definitivamente, sí. Lució, mucho, e hizo lucir uno de los estadios más hermosos que he visto en mi vida -y que, hasta dónde sabemos, no nos costó tanto a todos como otras cosas más feas que construyen a diario-. Pero lo bonito sale caro, y yo no veo por qué agradecer al gobierno estatal y federal que usen nuestro dinero en hacer algo bonito, pero caro, cuando tantas cosas poco estéticas, pero útiles y bien invertidas, podrían hacerse hoy día en todo el territorio nacional -Telcel-. También aquí. Fin del tema.
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Yo, sentado en mi sillón con medio kilo de garnachas, hago labor deportista y preparo mi cuerpo para la digestión. El resto de tapatíos y mexicanos orgullosos que celebren. Yo sigo esperando justicia para las prostis del Morelos, los changoleones de Chapultepec y los jotitos del Arizonas -a ellos no les cerraron, ¿y luego a dónde irían los atletas a bailar WMCY?
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Yo creo que lo más tienen en contra los juegos, no es el desmadre en la ciudad, ni siquiera el dinero gastado o invertido, es que con los precedentes de la piltrafa humana que tenemos como gobernador, nadie puede ni quiere confiar en que algo que le entusiasma y emociona tanto puede ser bueno para alguien que no sea él mismo. Sinceramente lo único que me molesta es que la ciudad y particularmente las calles aledañas a mi trabajo estén llenas de policías federales. Tengo un miedo sincero a que me asalten.