martes, 4 de octubre de 2011

Día cero. Año dos.

Sólo tú me puedes enseñar
a volar cometas por el cielo.
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 El tiempo vuela y uno no se da ni cuenta. Parece que fue ayer cuando me preguntaste, temeroso como siempre de arriesgarte a quemarropa: "¿Qué dirías si te pidiera que fueras mi novio?" La pregunta, inocente y sutil, fue entendida por mí como una declaración. No me equivocaba. Tus ojos, cobijados por ese álamo en un parque al centro de la ciudad, me dejaron ver, dos inmensas ventanas a través de las cuales desde entonces y cada vez con mayor precisión puedo entenderte  y adivinarte todo, desde un plan laboral hasta un pensamiento pecaminoso, me dejaron ver, decía, tus ojos, que tu pregunta, hecha como apenas una posibilidad, como si en serio sólo te interesara conocer mi opinión, iba más en serio que una inocente encuesta. Contesté cantándote una canción, y desde entonces tomamos nuestras manos y nos atrevimos, porque ese es el verbo que mejor nos queda, nos atrevimos a zurcar el infinito.
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Tú has sido para mí escuela, escucha, compañía, fortaleza y descanso. Mis horas de estrés ven su punto final cuando tu llamada, respondiendo por lo general a un mensaje de auxilio, o una extraña premonición, o tu presencia, todavía más liberadora, llega para colmarlo todo con un "Hey, guapo" que me sabe a gloria. Has sido pañuelo en horas nebulosas, camarada en tiempos de farra, espía de mis sentimientos y adivino de mis deseos. Me has mirado fijo a los ojos y me has dicho, según la ocasión, tanto "no estoy de acuerdo" como "órale, vamos". Has abierto tu corazón, paulatina y dadivosamente, y cada uno de mis actos te han acercado un poco a mí. Has comprendido mi locura, mi genio y mi impaciencia, y has aprendido a regocijarte cuando grito, a buscarme el lado cuando volteo la cara, y a convencerme de lo que nunca, ni mis más sabios consejeros, han logrado hacerme entrar en razón.
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Y hoy, 730 días después, tenemos el privilegio de ser una pareja ejemplar. Nunca nos lo propusimos, pero hoy se detienen a preguntar por "nosotros", y nuestra gente nos ubica como un todo de dos partes genuinas. Hoy, entre propios y extraños, poseemos credibilidad, ganada a pie juntillas sólo haciendo lo que mejor nos sale: amarnos pura, sincera y profundamente. Y como nunca nos lo planteamos, nos extraña cada vez que alguien se sorprende al caer en cuenta del tiempo que tenemos juntos y pregunta: "¿Cómo le hacen?", o todavía más impresionante, más achinamelapiel, "¿cómo le hago para conseguir una relación así?" Nos sobrecoge y nos espanta ser un parámetro, porque consideramos que eso es sólo una consecuencia añadida a lo que sí decidimos, a lo que sí trabajamos día con día, nuestro amor. Y ante cada pregunta inquisidora, respondemos siempre alzando hombros. "No sé. Sólo hemos hecho acuerdos". Nuestros detractores se han hecho atrás poco a poco, sordos tú y yo ante sus discursos, y hemos impuesto el respeto.
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Hoy tenemos un lenguaje, y nuestra lengua es viva, plena y diversa. Tiene espacio para las miradas, para acomodarlo todo en una sonrisa, en un gesto, en una mueca. Y sucede que, conforme pasan los meses y los años, hablando nuestra lengua cada vez mejor. Por eso cada vez preguntas menos "¿pero cómo, Bolito? Es que no me queda claro", y yo te exijo mucho menos que seas explícito, que puntualices y desgloces cada idea. En esa lengua decimos "te amo" y también, por breves momentos, "¡cómo me desesperas!" En esa lengua criticamos, dudamos y enjuiciamos, y hacemos del mundo un papalote. Hoy me sé de memoria tus reacciones, y te ríes nervioso cuando adivino lo que harás antes de tiempo. Y río, nervioso, cuando haces lo propio conmigo, porque nuestra lengua, telequinética en veces, no admite comparación.
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Y lo que más me sorprende, hasta ahora que lo pienso, es que lo hemos hecho todo a contracorriente. Te sentaste a mi lado mirando al horizonte, tomaste mi mano y dijiste "bueno, Oso, comencemos". Beso a beso, abrazo por abrazo, enojo por enojo, sonrisa por sonrisa, hemos construido una relación-atalaya dentro de la cual sorteamos batallas y destronamos conceptos.  Con no otra cosa que nuestro amor, le hemos dicho a todos los que no creían que esto fuera factible, sincero y duradero, "guarden silencio. Hombres trabajando". Yo te doy respeto, fortaleza, fidelidad y dignidad, y tú devuelves a mí esos bienes y otros más. Hemos unificado criterios, y cuando no nos ha sido posible llegar a un punto en común, hemos acordado y sellado piel con piel la eterna paz.
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Dicen que el amor químico termina, y que por eso las relaciones humanas duran tan poco. Y no lo dudo, porque tú y yo hemos visto antes esa chispa primera extinguirse con anterioridad. Pero en nuestra atalaya los ciclos funcionan, y la constante dadivosidad, entrega y permanencia rinden los frutos del amor constante, ese amor que no es ceguera ni apasionado arrebato, sino una permanente decisión. Yo decido amarte, a ti y sólo a ti, y hacer de tu vida conmigo el mejor lugar posible. Y tú decides lo mismo, día con día, instante tras instante, y en ese decidir se nos va la tarde a besos.
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Admito hoy que no eres perfecto, y que tu imperfección me encanta. Soy fanático de tus excesos: de las dos veces que te tienes que lavar la boca después de comer chocolate, o de tus compras furtivas de ropa. Adoro que ante la presión externa te agarre alguna idea, y actúes en consecuencia para luego que pasó la marea alta sentarte a pensar. Amo que al estresarte te rasques la cara, o jales con desesperación el rulo frontal que se forma sobre y entre tus cejas. Incluso, conforme pasan los años, voy pasando de la aceptación al encanto respecto a tu propensión a ser lento al decidir y actuar.
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Te amo chiqueón, aflojonado, hambriento -aunques medio cierres los ojos y digas "lo que tú quieras, guapo, pero ya"-, indeciso y frenético. Incluso te amo cuando una carga extra de azúcar en tu cena te impide dormir y pides, nomás para que yo tampoco duerma, que te cuenta una historia nueva, diferente y graciosa. Amo tu encanto por las cosas raras y diversas, por las películas con final triste o dramático, tu radicalismo al pensar y hablar de temas difíciles y escandalosos -entre más, mejor-, y la convicción con la que luchas cada día por una sociedad más humana, incluyente y diversa, o por lo menos justa. Amo tu sentido de justicia, responsabilidad y honradez. Admiro cada instante de tu personalidad: cuando eres jefe y llevas y traes empleaditos por todos lados; cuando eres novio y siembras regalos sorpresa en mi mochila; cuando eres hijo y consuelas a tu madre, la misma madre que una y otra vez, sistemática y desconsoladoramente te ha rechazado no en función de lo que eres sino de una mínima parte de lo que prefieres; cuando eres sobrino y le sigues el juego a La Carmen; cuando eres amigo y te tomas la tarde libre para pasear por el centro con uno o dos amigos y hacerles la vida más suave, como sólo tú sabes; cuando eres amigo de mis amigos y te acercas a ellos con el cuidado y la responsabilidad que habla de que sabes que son parte importante de mi vida; cuando eres cuñado y felicitas y agradeces a mis hermanas por hacerte tío; incluso cuando eres yerno, yerno incómodo, y respetas, amarrándote la lengua, la peculiar ortodoxia de la autora de mis días -autora intelectual, porque tú eres más autor que ella en otras cosas-.
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 Amo lo que hemos construido en dos años, y que lo hemos hecho no gracias a muchas cosas, sino a pesar de. Yo no sé si un día esta ciudad inhumana e intolerante nos comprenderá, si aprenderá que el amor, sin apalabrar el sexo, es un bien necesario y estimulable, si creerá en nosotros. Lo que sé es que te tengo y me tienes, que estos dos años han sido una fiesta constante y que si otra vez me preguntaras bajo el álamo "¿qué dirías si te pidiera que fueras mi novio?", volvería sin dudas por respuesta a cantarte la misma canción. Hoy, como hace dos años, a pan y cebolla y a pie juntillas. Gracias, esquimal. Ahora sigamos girando.
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¡Salud!

1 comentario:

Mar. pezeta dijo...

me erizaste la piel con este post, que sincero y que hermoso que compartieras esto.

yo también espero que esta sociedad entienda que el amor no tiene que censurarse por el sexo, la edad o la condición social, eso ya es pasado.

gracias por endulzarme la tarde con tu declaración de amor y muchos buenos deseos para tu relación, celebren muchos años mas!