sábado, 10 de septiembre de 2011

Rafael.

Vamos a intimar, Rafa, porque yo quiero que mientras crezcas tengas en mí a un confidente. Porque los tiempos más duros no son al nacer, cuando basta llorar para obtenerlo todo. Lo verdaderamente difícil vendrá después, mi Rafa querido, y quizá ni yo esté entonces para pasarte un poco de experiencia. Y si lo estoy, si llegas a tu primera caída, tu primera enfermedad, tu primer amor kindergardiano, tu primera espinilla, tu primer tardeada, tu primer contacto en Facebook, y yo estoy ahí para que me lo confieses todo, tendrás en mí a un seguro par de oídos, un corazón abierto y franco que te ama, y un intelecto dispuesto a regalarte todo.
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Vamos empezando con los secretos. Los secretos, mi Rafa, son cosas que uno guarda y que con el paso del tiempo le van estorbando. Tu abuela, Doña Mago, esa mujer con cabello de cerillito usado que tan sexy se ve a su sesenta y pico -y con lo duro que le ha llovido en la vida, cariño-, sabe perfectamente lo castrantes que pueden llegar a resultar los secretos. Guardó varios durante muchos años -no sé yo dónde, imagina tú, en sus caderas supongo-, y luego le pesaron tanto que terminó por explotar. Y le costó volver a tomar el camino, a reconsiderar la vida como una opción viable. Por eso no hay que guardarlos, y si la gente te los da tómalos, ponlos en el lugar que merezcan en tu memoria, y luego, de lo posible, olvídalos.
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Y como a mí me das mucha confianza, te otorgaré los que tengo para ti. Tienes un par de padres maravillosos. Te generaron con mucho amor y te trajeron al mundo con doble júbilo. Fuiste producto de la espera, la paciencia, el respeto, la comprensión y la pasión. Tus padres duraron cuatro largos años de novios. Sí, cuatro. Cuando tengas capacidad de leer esto, y a como van las cosas, seguramente para ti durar cuatro años al lado de una persona resultará un hecho insólito. Su relación se coció a fuego lento y luego, cuando se casaron, todavía esperaron dos años más para tenerte. Eso explica por qué se entienden tanto, y también por qué se han tomado tanto tiempo para ti.
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Hay otro par de secretos respecto a ellos: les gusta comer. Y eso es algo que no es un secreto en realidad. Con el pretexto de que no les alcanza el tiempo durante su trabajo para ir hasta su casa a cocinar, por ejemplo, son fanáticos de probar restaurantes y platillos nuevos. Si existe un par de personas que puedan aconsejarte sin problemas de una buena fonda, bistro, buffet o biscotería en cualquier parte de la ciudad, esos dos seres son tu padre y tu madre. En la comida, como debe de ser, ven un placer que se disfruta como han disfrutado su relación: lento, con generosidad, en la certeza absoluta de que no hay momento más grato en la vida que el que se está viviendo en el momento mismo. Y con la comida han construído también una historia, un recopilado de anécdotas. Otro secreto, al respecto: a tu madre le gusta comer especialmente la comida del plato de tu padre. Doña Mago lo reprueba. Yo mismo cada que puedo le tiro carrilla al respecto. Pero ella, gracias al Cielo, no se da por enterada. En el robo de comida concensuado, imagino, tu padre le cede pedazo a pedazo su corazón a tu madre, y tu madre lo prueba sabor por sabor.
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Por eso no me extraña que te guste tanto comer. Entendiste pronto cómo funcionaba el asunto de la leche materna, y sin pudor te prendiste a tu madre como lo harás, espero, a tu primer plato de cereal, tu primer par de hot cakes, tu primera hamburguesa de Mc Donalds, tu primer carne asada, tu primer quesadilla, tu primer chorizo, tu primer Alka-Seltzer. Lloras cuando a tus padres se les ocurre retirarte el alimento para tomarte un par de fotos, y te parece absurdo, así me lo dice tu llanto, que Doña Mago pueda pensar en bañarte cuando existe algo todavía más edonista que el agua: el alimento. Sólo espero que la naturaleza te haya dotado de un estómago de campeonato. Vive los sabores y descubre el mundo a través de ellos. Vendrán muchos que te dirán que comer puede ser perjudicial para tu salud. Te tengo otro secreto, mi Rafa querido: casi todas las cosas que hacemos en el día pueden resultar perjudiciales para la salud. La clave está en el exceso. Cuando comas, bebas, hagas ejercicio, leas o te informes en demasía, todo eso que hagas desbordadamente perderá el gusto y se acabará la gloria. La clave del placer está en el saber medirse.
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Un secreto más: naciste en el seno de una familia plagada de diferencias. Tu madre y tu tía, respectivamente La Menordemishermanas y La Mayordemishermanas, han sostenido duelos a muerte que nos han dejado a todos en vilo. Tu tío, El Mayordemishermanos, también se ha puesto dos o tres buenos agarrones con este tío tuyo que te escribe. Doña Mago le ha declarado fuego frontal a todos, y luego ha tenido que pedir discultas en dos o tres ocasiones. Este es otro secreto: lo maravilloso del amor que sostiene el círculo familiar dónde has sido engendrado es que surge, se fortalece, se diversifica y germina muy por encima de esas diferencias. Esto que va no es un secreto: en la vida, en tu vida, entenderás que las diferencias, pese a lo que te quieran hacer creer quizá los mismos que te nieguen el placer en todas las áreas posibles de tu vida como ellos se los han negado a sí mismos, son la gasolina de la existencia. Somos porque hemos dejado de no ser, y si no existiese la diferencia entre el ser y el no ser, estaríamos fritos todos.
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Un secreto último, definitivo: has sido esperado con ansias, y alrededor tuyo hay un muy cerrado círculo de personas que te aman aún cuando sólo existías en nuestros pensamientos. Ese círculo, mi Rafa de sueño largo, se irá haciendo más grande con el tiempo. Y con el tiempo también aprenderás a discernir, y tomarás tus propias decisiones respecto a quién deseas mantener al lado tuyo. Lo bonito de todo este show, Rafa mío, está en que mientras decidas caminarás, y mientras estés caminando tienes la mitad del camino ganado. La vida es decidir, y te deseo a ti toda la capacidad posible para tomar tus propias decisiones, y el irrestricto entendimiento en quienes estén junto a ti de acatar y defender lo que elijas para ti.
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Ánimo, sobrino mío. La cosa es un ratito, pero por suerte apenas va comenzando.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Pinche Agus, casi me haces llorar. Felicidades.