martes, 13 de septiembre de 2011

Balada para Evelyn.

Yo dudo que una joven de su edad sepa qué significa "acendrado". Con ese pensamiento, mi "acendrado pesimismo" recibió el mensaje que la cadete Evelyn Zárate se aventó el día de hoy, durante el acto conmemorativo de la Batalla de Chapultepec, en que, dice la tradición, los seis niños más famosos de la Historia del país perdieron al vida, dicen también, defendiendo a la nación -no, el Niño Artillero no, porque ese nomás fue uno-. Evelyn no habló: vomitó. Mientras escuchaba a Jorge Fernández asegurar que el discurso de Evelyn era el mejor que él había escuchado en años, sólo pensé: "Que sea menos. Ha de ser un buen elogio a la campaña armamentista de Calderón, y nada más". Pero me equivoqué. Resultó aún peor que eso.
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Acendrado, dijo Evelyn. Tuve que venir directo al diccionario. Yo, que nunca lo abro ni cuando tengo dudas, me vi tan carcomido en la zozobra -¿sabrá Evelyn lo que es zozobra?-, que en cuanto llegué a casa prendí a H -que está recién reparada de un mal de ojo que tuvo, así que anda trabajando como secretaria después del regaño del lunes-, y busqué en diversos diccionarios en internet, incluido el de la RAE. Se me hace que ni los que estaban ahí esta mañana entendieron una palabra de lo que Evelyn, con voz como de La Tigresa cantando "La Martina", se sacó de la manga. Si no, no le hubieran aplaudido. Sus asesores para el acto declamatorio, si es que los tuvo, le jugaron una mala broma. O bien, porque en esa clase de eventos todo puede pasar, estoy pensando que quizá se consiguieron a la cadete más gritona de la clase, le pusieron ese sombrerito de agente Dodó, la subieron al escenario y desde abajo le dijeron: "Ahí'stá el presidente, 'mija. Uste' nomás pare el pescuezo y grite esto como cuando la ponen en el campo militar del colegio a llamar p'al desayuno". O claro, la eligieron por ser mujer, en una época en la que llamamos "equidad" a poner una falda entre un grupo de pantalones, y cederle la palabra.
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El discurso -?- de Evelyn -no, no puedo llamarle así. A partir de ahora me referiré a su entramado de palabras como "la sangría", y ello nada más porque decir "el vomitivo", título que en justicia le corresponde, se lee bastante "gascho"-, la sangría de Evelin, decía, no me representa a mí ni representa a los de mi generación.  No representa, creo yo, el pensamiento de cualquier mexicano sensato. Es más, ni siquiera creo, por las sospechas que ya ennumeré, que represente su pensamiento -suyo de sí-. Si sí, qué pena. Si no, qué pena igual, porque a la que le tocó pagar los platos rotos y subir al pódium para sacar la navaja y cortarse las venas fue a ella, y no al idiota de Melquíades que en la última prueba Enlace que aplicaron en el plantel militar salió con resultados tan detestables que Moscote, el perro del cuartel, ya no le dirije la palabra porque siente su animalidad herida.
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Su sangría representa al Ejército, y si el Jefe Supremo de las fuerzas armadas es el Presidente en persona, ¿adivine usted a quién termina en realidad representando? Es un discurso que, como se le ha hecho costumbre a Calderón, busca reforzar su imagen y justificar el teñido rojo, cada vez más carmesí, que han agarrado las calles a lo largo y ancho del territorio nacional -el globito de Telcel debería pintarse rojo, para estar ad hoc-. Es un discurso que aplaude desde la silla misma la sordera yel sonido del "tambor batiente" con el que, ya decía Calderón, nos vamos a tener que acostumbrar a seguir viviendo, al menos por el resto del sexenio -¡chin! Tan bonita que sonaba la Zandunga con los Fox-.
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Su sangría la utiliza a ella como guiñol -y bastante bocón-, convirtiéndola en uno de los niños gritones de la Lotería Nacional -aaah, ahora entendí por qué el sombrerito ése-. Guiñol en el teatro mal montado de un gobierno que se resiste a cambiar de estrategia por medio a admitir el fracaso. Guiñol gritón de un gobierno sordo cuya propia voz, de tan elevado volumen, le impide escuchar el llamado de la sociedad, el reclamo público, la insistencia comunitaria. Guiñol apoltronado, impuesto, patético. El muñeco que pretende hacerle creer a un público espectador bastante sorprendido que detrás de esa joven gritona hay toda una generación de jóvenes reclamando la necesidad urgente de un presidente como Calderón para la Historia de un país como México. No hay tal. Guiñol, como siempre pasa con los jóvenes, de intereses superiores que necesitan de voces diferentes para hacerse oír, porque las suyas, de tan usadas, ya no atraen ni las miradas de sus propios correligionarios.
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Evelyn, mi buena Eve. ¿En verdad crees que la culpa de que estemos mal es de los que se niegan a que la violencia y la mano dura tome acción sobre las calles, los hogares, los trabajos y las vidas? ¿De veras crees que estamos mejor que hace cinco años? ¿Tus padres, por ejemplo, pueden irse hoy de viaje vacacional más seguido que antes de Calderón? ¿Tú misma, si caminas por la calle, te sientes hoy más segura que cuando empezó el sexenio que hoy alabas? ¿Puedes ir a una fiesta y regresar de madrugada a tu casa sin llevar el corazón en un hilo? Wow. Dime en qué país vives, porque en el mío las cosas no se han puesto últimamente tan agradables como en el tuyo.
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Y no es pesimismo. Mucho menos es eso otro que has dicho, armando una oración que, si en verdad te educaste en escuelas nacionales, dejaría sorprendida a la propia teacher "Dalai-Mamas" Gordillo: "el real desencanto que está en su miopía, en su desaliento, (...) una conmoción antinacionalista empeñada en transformar el denuedo en fracaso".  Yo amo a mi país, con todo y sus fracasos. Amo su Historia y sus tradiciones, hasta sus complejos y rezagos. Su diversidad, su colorido, su idiosincrasia. Se me pone la piel chinita cada vez que veo al águila y la serpiente ondear, y se me hace agua la boca cuando digo "Chapultepec". Pero eso no tiene nada qué ver con lo que dicta la realidad. La violencia ha crecido no sólo porque exista el crimen organizado o se le enfrente. La sociedad en sí se ha "violentizado" -oh, si ella dijo "acendrado" yo puedo decir "violentizado", y hasta riman-. Mira alrededor. Hoy más gente se enciende con mayor facilidad, y la vida humana ha perdido tanto su valor, que hoy terminar con una es tan insignificante como traer otra al mundo. Ya nada conmociona, nada sacude, nada paraliza. Niños quemados en una guardería, adultos que sufren la misma suerte en un casino, inconsistencias legales que se multiplican por doquier, resultan al término del año en noticias que se escriben en los diarios, se comentan en los cafés, se almacenan en los anaqueles de los sanitarios, y ahí se quedan.
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Yo no sé a ti, mi Eve, pero a mí sí me preocupa la consistencia que están tomando las cosas. Si no fuera homosexual, me la pensaría dos veces antes de traer hijos al mundo en estas condiciones. Y tres veces antes de darles como nacionalidad la que yo llevo. Porque no me gusta la violencia, y porque no me gusta el miedo que genera su presencia en cada rincón de esta Patria mía. Es cierto que, como dices, hay un gran número de mexicanos saliendo cada día a las calles a ganarse la vida con honestidad. Pero también es cierto que, y eso no lo dijiste porque no te alcanzó el grito -ni el rol del discurso, que sólo buscaba aplaudir y no cuestionar a la mano que te da de comer-, los jóvenes de hoy sentimos miedo, y el miedo está presente al elegir una carrera, al planear un matrimonio, al pensar un embarazo, al salir de noche. "Las cosas están feas", nos decimos, y si bien la Ipad, el Twitter y el Facebook nos mantienen ocupados, no dejamos de pensar que sí, es cierto, las cosas están feas. No dejamos de sentir el miedo.
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Lo de que seamos o no la generación de la crisis, eso te lo dejo a tu criterio Eve -el tuyo, ¿eh? No el del mal argumentador que te escribió esa sangría-. Yo creo que, si es que somos en verdad una generación, cosa que dudo por las incontables barreras que entre nosotros se abren en términos de igualdad social, cultural, económica, sexual y educacional, somos una generación de muchas cosas. Y la crisis es una de ellas. Porque la vivimos, la sufrimos y la llevamos a cuestas. No la única, cierto, pero sí una de ellas. Y grave. Porque nuestros padres no la conocieron cuando tenían nuestra edad, y si la sufrieron, la sufrieron cuando ya no dependían de sus padres. Ya que tenían formado cierto criterio, cierto camino andado. No en una edad en la que esperas lo mejor de la vida, y la vida te lo suele dar.
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Ahora, Eve, y aquí sentados, dime una cosa. ¿Dónde compraste tu sombrerito? Es que de todo lo que soltaste esta mañana, tu sombrero fue lo más generoso, sincero y real que pudiste entregarnos. Es un sombrero de a mentis, porque los militares ya ni se visten así. Ah, mira, de a mentiritas, como tu discurso.
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Me faltó decir el significado de acendrado. Acendrado es puro, sin mancha. "Acendrado pesimismo" sería un pesimismo sin mancha. A ver, Evelyn, ¿no que el pesimismo no está "chido"? ¿Tons' en qué quedamos, pues?
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¡Salud!

El efecto Gaga.

Dicen que el leve y fugaz aleteo de una mariposa puede provocar un tsunami entero en un sistema que tiende al caos. Es decir, cuando las cosas se han puesto feas, basta un cambio mínimo en las condiciones de dicho sistema para generar el advenimiento de catástrofes terribles. A esa teoría de los estudiosos del caos se le llama "efecto mariposa". Y sus aplicaciones son tantas, y tan diversas, que yo sigo pensando que el efecto mariposa es el causante de que a uno se le caiga la bola de helado del cono que compró con lo último que le quedaba de la quincena, o que un robo perfecto se vea fustrado en el último segundo.
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A Lady Gaga la han comparado con todo lo posible. La joven estadounidense ha pasado de ser una burda imitación de Madonna a una genio imcomprendida. Sus coreografías, sus saltos y sus arrebatos al vestir, peinar y comportarse en los videos de sus canciones, y más recientemente de sus letras, han generado reacciones diversas, reacciones que tienden una larga línea entre el rechazo y la censura hasta el fanatismo más controversial. Niños y niñas que apenas han aprendido a caminar suben videos en Youtube emulando sus pasos, homosexuales y travestidos -que no es lo mismo, pero es igual- adaptan sus letras, museos de cera de todo el mundo toman su figura y la reproducen, casas de subasta buscan desesperadamente el último vestido que lució la cantante en su última aparición en público: un fajo de estrellas de mar, un leotardo de caracoles; el más célebre, sin duda, un strappless de bistecks.
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Y a Lady Gaga la controversia le sienta bien. Que la comparen con Madonna, por ejemplo, pone en sus manos la oportunidad de marcar un profundo respeto hacia una mujer que, de tan reinventada, se ha vuelto insulperable. "Creo que lo que las dos compartimos es que no tenemos miedo", se atrevió a señalar acerca de la llamada Reina del Pop la joven recién aparecida en los medios de comunicación de todo el mundo. Madonna, por su parte, desconoció su grandeza y sólo ha hecho referencia en alguna ocasión a la evidente, dicen, obsesión que tiene la intérprete de "Born this way" por su genio y figura, por su majestad. Cosa que al ego de la Ciccone le viene como cosquillitas en los pies.
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Que las asociaciones de padres de familia de todo el orbe la comparen con Satán, o que líderes de opinón rechacen sus desplantes, le genera todavía más admiración entre los jóvenes. Porque los Beatles, Elvis o Michael Jackson hubieran tenido, en sus respectivas cumbres, mucha menos gloria de haber sido aceptados por los padres de familia y los líderes de opinión. A los jóvenes, eso está claro, lo que nos gusta es llevar la contraria.
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Yo creo que Lady Gaga es genial. Y que su genialidad proviene de una regla básica en todas las industrias que viven de la imagen, incluidos la moda y el arte: de vez en cuando, resulta provechoso reinventar lo clásicos. Es decir, es genial, pero no es única. Sus sostenes y corpiños los portó Madonna hace un par de décadas. Sus atentados constantes a la institución católica los fabricó Madonna hace un par de décadas. Sus apariciones sorprendentes en premios y conciertos las maquinó Madonna hace un par de décadas. Pero Lady Gaga no copia fielmente el original. En eso estribaría la razón de su genialidad: tomar los clásicos no para hacer un pastiche, sino para quitarles un poco el polvo y darles una merecida relectura.
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Por supuesto que Gaga no está sola. Sus ideas son también producto de todo un equipo de creativos que la asesora. Una marca. Pero eso tampoco es nuevo. Madonna quizá tuvo en sus inicios dos o tres iniciativas, pero todo un equipo de visionarios a su alrededor fue capaz de tomar las ideas de la italo-americana y hacer con ellas una marca. Si hoy Madonna es absolutamente capaz de reinventarse sola, es igualmente porque tiene atrás de ella a un grupo de reinventarios que le van siguiendo la jugada. Madonna trajo al pop el pop mismo, y Lady Gaga ha recordado esos primeros momentos gloriosos de un género hoy día tan desprestigiado, tan caído en la pena ajena.
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La comparación con otras figuras de su época es absurda. Gaga y Perry, por ejemplo, poseen fanáticos diferentes, formas de hacer suyo el escenario diferentes, incluso acentos y formas de vestir por completo disímiles. Sus talentos son equiparables, pero en focalizaciones diversas: Gaga es buena atrayendo las miradas, cantando irreverencias, produciendo apariciones que son verdaderas joyas surrealistas. Perry, por su parte, es buena riéndose de su trabajo y de las formalidades que implica el mundo de los estereotipos. Gaga es seria al cantar "levanta tus pezuñas, bebé, porque naciste así". Perry ríe mientras besa chicas y juzga la experiencia con un "y me gustó". Hasta su matrimonio, con el desarrapado Russell Brand, es un atentado a los convencionalismos y las líneas ortodoxas. Y ambas, con temor a generar en sus respectivos fanáticos odio y hackeo de este sitio tan neutral, son geniales, pero ninguna de ellas original. Y, finalmente, como  Christina Aguilera y Britney Spears en su respectivo tiempo de duelo a muerte, lo que ambas quieren es vender, y la guerra en la que sus fanáticos las embarquen no tiene perdedora.
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La apuesta de Gaga es a la reacción violenta y la generación de miradas. Y su apuesta gana, en un mundo ansioso de imágenes cada vez más sugerentes, más atractivas, más imágenes en sí. Haga usted la prueba. Googlee "Lady Gaga" y dé click en imágenes. Mire la página con cientos de fotos abierta frente a usted por un segundo y luego voltee hacia la pared más cercana. Intente no volver a mirar. Las preguntas en su cabeza le impedirán permanecer sin regresar el ojo a Google: "¿Es eso en realidad lo que creo que es?" "¿Vi mal o ella en realidad tenía eso en la cabeza?" "¿Es la misma persona acaso?" Gaga, como la popular marca de papas fritas mexicanas, genera adicción y es imposible mirar solo una.
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Yo no dudo que lo suyo sea pasajero. Michael Jackson lo fue, y hoy existe gracias a la leyenda y el mito, con tintes trágicos, que sus publicistas y sus propios actos lograron fabricar. Pero lo mismo sucede con el resto de las marcas que la industria del oropel y el engaño colorido ha logrado formular. Madonna, que es un caso aparte, ha tenido tantas reinvenciones en su carrera que hoy ya no es un reflejo de lo que fue, sino otra cara de la misma moneda. Otra marca, o submarca, englobada en la misma Reina del Pop.
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Así que si me preguntan si la genialidad de Gaga llegará muy lejos, temo decir que sí. Aunque todo depende de la forma en que ella y sus asesores logran conducir la marca. Hoy, en el tiempo del caos, ya logró generar con sus vestidos con clembuterol y sus peinados vivientes, un efecto mariposa.
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¡Salud!

sábado, 10 de septiembre de 2011

Rafael.

Vamos a intimar, Rafa, porque yo quiero que mientras crezcas tengas en mí a un confidente. Porque los tiempos más duros no son al nacer, cuando basta llorar para obtenerlo todo. Lo verdaderamente difícil vendrá después, mi Rafa querido, y quizá ni yo esté entonces para pasarte un poco de experiencia. Y si lo estoy, si llegas a tu primera caída, tu primera enfermedad, tu primer amor kindergardiano, tu primera espinilla, tu primer tardeada, tu primer contacto en Facebook, y yo estoy ahí para que me lo confieses todo, tendrás en mí a un seguro par de oídos, un corazón abierto y franco que te ama, y un intelecto dispuesto a regalarte todo.
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Vamos empezando con los secretos. Los secretos, mi Rafa, son cosas que uno guarda y que con el paso del tiempo le van estorbando. Tu abuela, Doña Mago, esa mujer con cabello de cerillito usado que tan sexy se ve a su sesenta y pico -y con lo duro que le ha llovido en la vida, cariño-, sabe perfectamente lo castrantes que pueden llegar a resultar los secretos. Guardó varios durante muchos años -no sé yo dónde, imagina tú, en sus caderas supongo-, y luego le pesaron tanto que terminó por explotar. Y le costó volver a tomar el camino, a reconsiderar la vida como una opción viable. Por eso no hay que guardarlos, y si la gente te los da tómalos, ponlos en el lugar que merezcan en tu memoria, y luego, de lo posible, olvídalos.
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Y como a mí me das mucha confianza, te otorgaré los que tengo para ti. Tienes un par de padres maravillosos. Te generaron con mucho amor y te trajeron al mundo con doble júbilo. Fuiste producto de la espera, la paciencia, el respeto, la comprensión y la pasión. Tus padres duraron cuatro largos años de novios. Sí, cuatro. Cuando tengas capacidad de leer esto, y a como van las cosas, seguramente para ti durar cuatro años al lado de una persona resultará un hecho insólito. Su relación se coció a fuego lento y luego, cuando se casaron, todavía esperaron dos años más para tenerte. Eso explica por qué se entienden tanto, y también por qué se han tomado tanto tiempo para ti.
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Hay otro par de secretos respecto a ellos: les gusta comer. Y eso es algo que no es un secreto en realidad. Con el pretexto de que no les alcanza el tiempo durante su trabajo para ir hasta su casa a cocinar, por ejemplo, son fanáticos de probar restaurantes y platillos nuevos. Si existe un par de personas que puedan aconsejarte sin problemas de una buena fonda, bistro, buffet o biscotería en cualquier parte de la ciudad, esos dos seres son tu padre y tu madre. En la comida, como debe de ser, ven un placer que se disfruta como han disfrutado su relación: lento, con generosidad, en la certeza absoluta de que no hay momento más grato en la vida que el que se está viviendo en el momento mismo. Y con la comida han construído también una historia, un recopilado de anécdotas. Otro secreto, al respecto: a tu madre le gusta comer especialmente la comida del plato de tu padre. Doña Mago lo reprueba. Yo mismo cada que puedo le tiro carrilla al respecto. Pero ella, gracias al Cielo, no se da por enterada. En el robo de comida concensuado, imagino, tu padre le cede pedazo a pedazo su corazón a tu madre, y tu madre lo prueba sabor por sabor.
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Por eso no me extraña que te guste tanto comer. Entendiste pronto cómo funcionaba el asunto de la leche materna, y sin pudor te prendiste a tu madre como lo harás, espero, a tu primer plato de cereal, tu primer par de hot cakes, tu primera hamburguesa de Mc Donalds, tu primer carne asada, tu primer quesadilla, tu primer chorizo, tu primer Alka-Seltzer. Lloras cuando a tus padres se les ocurre retirarte el alimento para tomarte un par de fotos, y te parece absurdo, así me lo dice tu llanto, que Doña Mago pueda pensar en bañarte cuando existe algo todavía más edonista que el agua: el alimento. Sólo espero que la naturaleza te haya dotado de un estómago de campeonato. Vive los sabores y descubre el mundo a través de ellos. Vendrán muchos que te dirán que comer puede ser perjudicial para tu salud. Te tengo otro secreto, mi Rafa querido: casi todas las cosas que hacemos en el día pueden resultar perjudiciales para la salud. La clave está en el exceso. Cuando comas, bebas, hagas ejercicio, leas o te informes en demasía, todo eso que hagas desbordadamente perderá el gusto y se acabará la gloria. La clave del placer está en el saber medirse.
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Un secreto más: naciste en el seno de una familia plagada de diferencias. Tu madre y tu tía, respectivamente La Menordemishermanas y La Mayordemishermanas, han sostenido duelos a muerte que nos han dejado a todos en vilo. Tu tío, El Mayordemishermanos, también se ha puesto dos o tres buenos agarrones con este tío tuyo que te escribe. Doña Mago le ha declarado fuego frontal a todos, y luego ha tenido que pedir discultas en dos o tres ocasiones. Este es otro secreto: lo maravilloso del amor que sostiene el círculo familiar dónde has sido engendrado es que surge, se fortalece, se diversifica y germina muy por encima de esas diferencias. Esto que va no es un secreto: en la vida, en tu vida, entenderás que las diferencias, pese a lo que te quieran hacer creer quizá los mismos que te nieguen el placer en todas las áreas posibles de tu vida como ellos se los han negado a sí mismos, son la gasolina de la existencia. Somos porque hemos dejado de no ser, y si no existiese la diferencia entre el ser y el no ser, estaríamos fritos todos.
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Un secreto último, definitivo: has sido esperado con ansias, y alrededor tuyo hay un muy cerrado círculo de personas que te aman aún cuando sólo existías en nuestros pensamientos. Ese círculo, mi Rafa de sueño largo, se irá haciendo más grande con el tiempo. Y con el tiempo también aprenderás a discernir, y tomarás tus propias decisiones respecto a quién deseas mantener al lado tuyo. Lo bonito de todo este show, Rafa mío, está en que mientras decidas caminarás, y mientras estés caminando tienes la mitad del camino ganado. La vida es decidir, y te deseo a ti toda la capacidad posible para tomar tus propias decisiones, y el irrestricto entendimiento en quienes estén junto a ti de acatar y defender lo que elijas para ti.
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Ánimo, sobrino mío. La cosa es un ratito, pero por suerte apenas va comenzando.
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¡Salud!