sábado, 27 de agosto de 2011

La carrera.

Lo voy a decir una vez, una sola vez, espero que ustedes me escuchen, asientan para insinuar que comprendieron, y luego pasemos a otro tema sin reparar más en el asunto: ninguno de los posibles candidatos para la elección presidencial del próximo año acaba de gustarme por completo. Silencio absoluto. Un fansese de la Vázquez Mota -Josefina Vazquez Mota no tiene "seguidores", "fanáticos" o "admiradores", tiene "fans"- tosió allá a lo lejos, y otro del Peje -amén- me la mentó aquí cerquita con un "ooots"-. Pero yo, con terquedad digna de Fox, no me desdigo, no me desdigo, no me desdigo.
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Voy a hablar uno por uno, y cuando salgan más volveré a tocar el tema otra vez para decir por qué México no tiene candidato a presidente para el 2012, y nomás nos estamos gastando la pólvora -y el tiempo al aire en televisión- en tronar cuetes para señuelos, caricaturas, títeres y rostros del Heraldo -El Heraldo de México, célebre diario del centro del país hoy extinto, tenía un concurso que año con año premiaba a las más guapas entre las guapas, que no a cerebros, inteligencias proverbiales o genios de la ciencia y la técnica nacional-.
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Josefina Vázquez Mota es una chica linda que cae bien. Su desempeño en secretarías y dependencias de gobierno ligadas a la cultura y la educación la aventajan varios kilómetros de otros candidateables que tienen más pinta de empresarios atrabancados que de políticos lujuriosos -hay que ser puercos pero no trompudos, decía el buen Piporro-. La Vázquez Mota tiene una cierta querencia ganada entre intelectuales y lìderes sociales, lo que le da ventaja frente otros arriesgados que, por antipáticos y aprovechados, suelen caerles mal a los maestros de la contradicción. No dudo incluso que algún pejista del 2006 recargado le dé su voto, de ganar las internas y llegar al panorama nacional.
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La cosa que tiene la buena Pina es que es mujer, y a los mexicanos como que todavía no les cruza por la cabeza el asunto ése de que una mujer gobierne al país. "¿Y cuando tenga que entrarle a los trancazos, pos cómo?", alegarán algunos. Yo en ese sentido no tengo ningún empacho -a la Vázquez Mota la veo bastante maciza como para aguantar los fregadazos-. Pero no creo que su partido, ligado a la ortodoxia, la iglesia -pffff- y "las buenas costumbres", le dé mayor lugar que el de precandidata. Por eso tampoco dudo que toda su faramalla precampañireal no sea más que un terreno mercadológico de preparación para un candidato que, surgido entre las más azules tinieblas del panismo conservador, caiga bien a los televidentes tras el arrastre de la autora de Dios mío, hazme viuda.
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Luego está El Henry, cuya inevitable propensión a usar el cabello tipo muñeco de sololoi me deja pensando que no está bien de la cabeza. Mírenlo así: piensen ustedes en candidatos y presidentes famosos de México. Todos tendrían, si no me equivoco, al menos un razgo caricaturesco: el cabello o la pelona, las orejas, la guayabera, la chamarra de piel, el bigote y las botas, la extremidad ausente, la barba y el puro, la quijada canallesca, la mirada perdida. Y ninguno de ellos, al menos de los que han llegado hasta la Silla, nos ha resultado siquiera favorable, ya no digamos un erudito en el asunto ése de gobernar. Por eso es que desconfío de su eterna corbata roja y su copetazo, que más que a James Dean en Rebelde sin causa me recuerda a John Travolta en Vaselina -rebelde, muuuy rebelde-.
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Y si a todo este asunto del copete sospechosista le sumamos la cuestión de que es el candidato oficial del Canal de las Estrellas -nuestro canaaaal-, la cosa se pone más oscura todavía que con Montiel -homenaje utilitario a Germán Dehesa: "Y usted, ¿qué tal durmió?"-. Su matrimonio con La Gaviota recuerda la escena esa en que Sigourney Weaver y Alien tienen relaciones con el fin de que el monstruo termine de 'ingar -haberlo dicho tres películas atrás y nos ahorramos el trago amargo, dijo la Sigourney-. Su unión tranquiliza a Televisa y siembra la paz sobre las tierras que, ya con contrato bajo el brazo y satélite melenudo en Los Pinos, serán todas territorio Azcárraga.
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Y a esta alianza macabra tipo El bebé de Rosemary, se anexa el turbio manejo que la administración de El Henry ha dirigido en torno a temas rezagados en su entidad, como los feminicidios y la homofobia, la disparidad económica y social, así como los rezagos culturales de algunas de sus poblaciones. Triste presente que prepara la presidencia para un gobernador que, si ahora no sabe del todo cómo entonar bien las rancheras, sólo ha aprendido a utilizar como arma la sonrisa Colgate -y es que es tan guapo, ¿cómo no va a ser buen presidente?-
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El tercero es El Carnal Marcelo. Yo votaría por él, pero no creo que gane. A duras penas creo que la dividida curia de su partido lo nomine. Los que quieren al Peje, se sienten divididos entre darle su respaldo al tabasqueño que ya una vez estuvo así de cerquita, o al actual jefe de gobierno del Distrito Federal, cuyos ánimos de jugar al Lego le han ganado la animadversión de dos o tres histéricos capitalinos que están cansados de salir de las obras de repavimentación en la Diagonal A para toparse con más obras de alcantarillado en la Horizontal B.
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Además, su apoyo a las causas más impopulares como el matrimonio y la adopción de homosexuales, el aborto y los derechos de la mujer, lo ponen lejos de la contienda en un país que todavía, lleno de gays saliendo del clóset a cada instante -¿los ha visto usted últimamente? De seguro sí, y cada vez más, porque esto parece moda- y feministas sin sostén, sigue pensando que todo eso es una antinaturalidad que debe ser erradicada.
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Luego, en las filas, llega el único de los anteriores que ya dijo que él sí va. Andrés Manuel López Obrador dejó hace tiempo de ser un peligro para México y, aprovechando la mala fama que su competidor de hace 6 años ha adquirido tras cargarse el fusil de corcho al hombro y emprenderla contra el narco -y ellos qué culpa tienen, tan bien que vivían en la sierra cocinando estupefacientes y horneando amapolas de perfumes mitológicos-, viene dispuesto a tomar el terreno perdido por su antiguo más cercano opositor y sembrar por todos lados sus plantones y sus marchas.
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Ustedes ya saben lo que pienso de AMLO. No creo que sea un peligro para México, pero tampoco me parece que sea una alternativa. Su política es la de la demagogia, el "diles lo que quieren escuchar", y, si no la mentira, sí por lo menos la verdad fabricadita, armada pieza por pieza vía modelo a escala. Su estrategia sigue siendo el grito y la sordera, y si bien Felipito Calderón no resultó del todo grato para los mexicanos, yo sí sigo creyendo que, a como ha sacado el cobre, Andrés Manuel no le hubiera hecho mayor beneficio al país de ganar en el 2006. Si bien la guerra contra el narcotráfico muy probablemente no existiría, tendríamos en la Silla, quizá igual que hoy día, a un hombre incapaz de escuchar súplicas ni quebrantos, insensible al rechazo y ególatra hasta la punta del hígado -bueno, no sé ya lo que digo: de ganar Andrés Manuel tendríamos en Los Pinos a un presidente más, común y corriente-.
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Pero vaya usted haciendo sus apuestas y comience a hacer la quiniela con sus familiares y amigos. Si gana, ahorre, porque para el ritmo que llevan las cosas, sin importar quien gane, nos esperan unos amargos seis años de sobresaltos y desventuras -Germán Dehesa, de estar aquí, ya me habría dado un coscorrón por antipático y agorero-. Por ahora, los candidatos que conforman la escena son grises, invisibles o no acaban de cuajar. Malo sale el queso cuando sus ingredientes de antemano huelen mal.
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¡Salud!

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