lunes, 18 de abril de 2011

H.

H llegó a la casa en un empaque de cartón reciclado, una caja apenas de su tamaño y los accesorios elementales para mantenerse en la jugada, anotó el niño Agus en su blog con su delicada ortografía. "Es parte de una nueva ola de conciencia ecológica que están agarrando los fabricantes de electrónicos", sugirió el vendedor, y yo me pregunté si H sería verde entonces, y no azul con grecas sensuales como en el aparador. Y yo me pregunté si el vendedor tendría una mínima idea de las connotaciones diversas que el término "conciencia ecológica" acarrea, o lo decía por vender.
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Pero H demostró rápidamente que su vendedor tenía razón. Apenas llegó a casa, encendió, dijo "con permiso, voy a instalarme", se sumió en un mutismo estupefaciente y, como el trabajador honesto y servicial, terminó de hacer lo que tenía qué hacer para instalarse, y dijo "estoy listo". Pidió mi opinión sobre un par de temas -el idioma en que desearía que hiciéramos tratos (al parecer, H es experto en una centena de lenguas, incluído el mongolés), el explorador de internet que desearía utilizar, la visualización del sistema que me facilitaría el trabajo, y los programas opcionales que él tendría que tener siempre a mi disposición, sobre el escritorio. Dadas mis instrucciones con el deseo de que en algún lado apareciera un botón que dijera "como tú quieras" o "como sea", comenzó a operarlo todo hasta que se le terminó la energía, tras lo cual avisó que se iba y cerró.
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Y yo me quedé pensando en lo fugaz e impredecible que es la tecnología. Roja, hace tres años, poseía adelantos que hoy día serían para H cosa de prehistoria: el Windows Vista, el Office 2007, la apantalla LCD, por citar algunos. Ahora Roja padece las consecuewncias de su trabvajo arduo e ininterrumpido: ha contraído una grave y doble afección en su tarjeta madre y su batería, que es como decir que tiene un cáncer incurable en el corazón y en el cerebro. Poco a poco perderá energía, y no volverá a abrir sus ojos color rubí.
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Yo he sometido a ambos a un proceso de conocimiento, y en una tarea contrareloj que me llevó tres horas de mi madrugada, ambas compartieron pendientes, tareas, anécdotas y princpios, tras lo cual H quedó llena de mí, y Roja lista para despedirse. Tiempo viejo, tiempo nuevo. Dos Agus diferentes representados en una computadora que perdió mi virginidad, fue a muchos de mis primeros días de clase, pidió y consiguió empleo, imprimió, tabuló, redactó y corrigió (no en ése estricto orden) artículos, entrevistas y notas, reprodujo y conservó mis canciones favoritas, consiguió novios, dejó novias, y luego me trajo al hombre de mi vida.
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Fotografió algunos de mis mejores momentos, grabó videos inolvidables y así inmortalizó tres años de lo mejor de mi vida. Comunicó, informó, guardó secretos, confesó y sufrió, conmigo y para mí, decisiones que a veces ni yo mismo entiendo. Se lanzó al ruedo con energía, y fue digna de mí. Aguantó empujones, sobresaltos, marchas, procesos electorales, ferias del libro, conferencias, ruedas de prensa, viajes en camión, viajes. En últimas fechas, fue incluso mi cómplice en actos de piratería.
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Pero una caída minó su vida y la calidad de su labor. Comencé a ver, no sin tristeza, que desde su golpe cada vez hacía menos y batallaba más. Y al puro estilo de Elizabeth Taylor, o de Flans -válgánse las luengas diferencias-, decidí darle retiro en su época de lucidez y gracia. La idea de destripar, exhumar, abrir y exponer a mi más cercana colaboradora, me parecía abominable, un atentado a la amistad y la sólida relación laboral que durante estos años nos vinculó. Una falta de respeto, una descortesía.
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Al ceder la estafeta a H, le lega los años más intensos de mi juventud -bueno, de los primeros, de una naciente y prolongada juventud-, y H sabe, me lo dijo al recibir y organizar con cuidado todos mis archivos, qu eno tiene ahora en sus manos cualquier cacahuate placero, que tendrá que portarse también, que trabajar arduamente. Que hay un amplio hueco qué llenar.
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Y yo pienso, por su conciencia ecológica, que sabrá ser mesurado, fuerte, conciente y trabajador. Que ahorrará energía, y eficientará las labores. Que no se rendirá, que luchará conmigo y por mí por metas, sueños y fijaciones. Que será, como Roja, un digno representante de una generación tecnológica que, puesta al servicio del hombre, busca sublimarlo.
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¡Salud!

3 comentarios:

Wendy Piede Bello dijo...

Bienvenida sea.
Era evidente por qué Roja se llamada así, pero y ¿H?

dale calor dijo...

Extraña relación PC, humano. Vamos que casi casi le llamas por su nombre y te va detras cual perrito faldero, jejeje

Cuando no se tienes ni lo piensas, pero después de conocerla que hariamos sin tecnologia, relación amor odio como la vida misma. Comentario para ti en lablogosfera y votito por blog entre lo educativo y entretenido

saludos
http://dalecalor.blogspot.com

Vicki dijo...

Me encanta cómo escribís :)