viernes, 11 de febrero de 2011

Willcomen to Burlesque.

Algo le falta a Burlesque, la más reciente cinta musical de Steve Antin, que no acaba de cuajar. Será que he visto tantas veces películas y puestas en escena similares en temática y tratamiento a la protagonizada por Cher y Christina Aguilera, que se necesita más que medias negras, espejos luminosos y cortinas de terciopelo para sorprenderme. Y si tomo en cuenta que yo no soy ni siquiera un conocedor, ya n o digamos un experto, en materia de musicales, tengo por seguro que los que sí podrían presumir de ese título se habrán sentido defraudados, o por lo menos enfrentados a más de lo mismo, al ver el filme ganador de un Globo de Oro, y nominado a otro más, incluido el de mejor actriz, para la, ella sí, joya a todas luces –y hasta bicentenaria- Cher.
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Pero fuera de ella, que deslumbra aunque su presencia en la trama no equivalga en minutos a los de su coprotagonista, Christina, quien también logra deslumbrar por las increíbles tonadas que surgen de su boca, y de su par de actuaciones memorables, Burlesque tiene poco con qué defenderse ante una memoria que recuerda a Liza Minelli haciendo de las suyas en el entallado y escotado traje de Cabaret, a Catherine Zeta Jones recuperando figura, presencia y voz después de un embarazo en Chicago, o incluso, si nos vamos poniendo recientes, ante el dinamismo, la agresividad y la fiereza de una muy gordibuena Fergie en Nine. Nada que no nos lleve a Bob Fosse, a Lloyd Webber, a Rob Marshall. Incluso nada que no remita a los videos musicales de Aguilera quien, sin temor a dudas, ha abusado del estilo Burlesque en sus videoclips.
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Incluso, pese al par de presencias femeninas que sostienen la cinta, Burlesque no pasa la prueba de fuego de todo musical que se aprecie de ser excelente: su número final, en el cual la ausencia de la voz y figura de Cher no sólo falta, sino causa hueco en el estómago, no pone la piel chinita. Incluso me atrevería a afirmar que hay algunas puestas durante la trama que pegan mucho más que el número que cierra la cinta, olvidando aquella verdad irrefutable de las obras musicales: el número inicial captura la atención, los intermedios cuentan la trama, y el número final inscribe en la gloria y lo inolvidable.
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Y aunque le falta con qué cuajar, la obra completa está bien pensada y bien llevada. La clásica historia de la chica pueblerina que llega a la ciudad para probar mejor suerte, y se gana la atención, la deferencia y el cariño de la matriarca-propietaria de giro negro-bailarina venida a menos, y con ello consigue su triunfo y un lugar en el mundo, es rutinaria, pero la frescura y la, hay que decirlo, muy aceptable actuación de Chrstina, le dan a esa cuestión de la lucha por un puesto entre los grandes, la prueba y su resolución, un aire renovado y encantador.
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Y sobre la figura de Cher en la trinidad ya mencionada, ni qué decir. Es Cher, y su sola presencia en pantalla, y en toda la cinta, asegura una excelente elaboración de cuanto tópico se presente en torno a la soledad, la pérdida de lo más amado, la búsqueda de lo mejor en los últimos años de vida y de la demostración de que, con los años, no solamente todavía hay con qué hacer la sopa, sino que sale mejor –experiencia mata cabellera rubia-.
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Stanley Tucci es otro cuya presencia asegura al filme una buena presentación. Temo, sin embargo, que Tucci, a diferencia de otros actores, será siempre el mismo, y no nos sorprenderá nunca con un papel que no sea secretario, burócrata, asistente o segundo en mando. Lástima, porque si con Cher, Meryl Streept y Tom Hanks, ha hecho por lo menos tres mancuernas inolvidables, uno no puede dudar que lo haría excelente en un rol que arriesgara más, propusiera más, exigiera más. De lo contrario, terminará el pobre como Joaquín Pardavé o Cantinflas, lo que, si bien no representa del todo un fracaso, sí limita su potencial.
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Moraleja: si son fans de los musicales, vayan a verla a sabiendas de que faltan dos o tres cuestiones indispensables para ser a la cinta inolvidable –las mismas tres cuestiones, supongo, que limitaron su nominación al Óscar, porque sí, hay que decirlo, a la Academia le suele gustar que el número final deje la piel chinita. Si les gusta ir al cine para pasar un rato divertido y no pretenden más que eso, o si son seguidores o les atrae la idea de ver a una estrella experimentada y una que ahí la lleva de la talla de las dos que actúan en Burlesque, o si no se ponen muchos sus moños con eso de que en los musicales luzca la trama a través de la música, láncense al cine y disfruten la que será, sin temor a equivocarme, una película muy recurrente en la programación de The Film Zone. Y ya. Porque la que es mi cita esperada es con Natalie Portman en El cisne negro, nominada, ésta sí, al Óscar y toda la cosa. Pero de esa luego les platico, si Mi Ojosh se pone guapo otra vez -¿él cuándo no?- e invita de nuevo los pases en gayola.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Pues a mí no se me antoja nada, así que como no soy tan fan de los musicales, gracias por la antirecomendación.