viernes, 18 de febrero de 2011

The rito.

Quien me conoce, sabe que yo no soy muy afecto a los noticieros de Televisa. Veo a Adela Micha cuando me gana el morbo, la curiosidad por asistir al espectáculo de lo que la mercadotecnia puede hacer por “la” mujer a través de “una” mujer. Y hasta sus comentarios homofóbicos, sumamente desafortunados y faltos, si no de cultura, sí por lo menos de sentido común y responsabilidad frente al micrófonos, seguía también las andanzas de Esteban Arce y todo su equipo de comentaristas en el Matutino Express. Pero fuera de esos ligeros traspiés, me rehúso, como ente pensante que soy –o intento ser- a asistir al espectáculo melodramático que Televisa ha preparado, disfrazándolo, maestro del efecto especial y el camuflaje como es, de “periodismo objetivo” y “calidad informativa” –en ese sentido le voy más a Brozo, que es puro show, y no intenta vender como cosa sana lo que no es más que eso, puro show-.
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Por eso es que no me sorprendió en lo absoluto el lamentable, triste, estresante y penoso incidente en que el supuestamente más visto presentador de la barra de noticieros del canal de las estrellas –nuestro canaaaaal-, Joaquín “Y mire usted” López Dóriga, se vio involucrado, al intentar, repito, sólo intentar, entrevistar al inigualable, majestuoso, divino y talentoso actor británico, Antony Hopkins –¿qué tan maestral será que el diccionario de Word reconoce su apellido, y no reconoce en cambio Dóriga, Micha, Loret de Mola ni Ayala?-.
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Para empezar, López Dóriga demostró una vez más que eso de formarse en el vieja guardia, y pretender elaborar sobre ella su zona de confort, no solamente no es nada recomendable, sino que resulta un arma de doble filo: si por un lado un buen número de personas reconocen en su larga experiencia y su estilo particular un distintivo a seguir por los nacientes profesionales del periodismo, y al tiempo relacionan objetividad y profesionalismo con número de horas tras el micrófono, por el otro López Dóriga comprueba que su actualización en materia, por ejemplo, de idiomas, no debería estar peleada en lo absoluto con su currículum o su tiempo de ejercicio profesional.
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Lo digo porque, como seguro ya se habrán enterado, don “Mire usted” quedó sumamente mal en el manejo del idioma inglés al intentar –repito, sólo fue un intento- entrevistar a Hopkins durante la emisión del pasado miércoles de su programa nocturno, en el cual pretendían –y repito, sólo pretendían, porque pretendiendo también se ha tejido el camino del infierno- tanto el presentador como el actor, y, quiero imaginar, un buen número de personas detrás de ellos –léase productores, técnicos en video y audio, Management y directores de escena-, promocionar el más reciente film del actor galés, The rite (aka El Rito), que narra la supuestamente basada en hechos reales historia de un exorcismo -¿otra vez?-
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López Dóriga empezó bien. Como seguro no ha visto la película, utilizó un truco infalible de viejo lobo de mar: utilizar en su cuestionamiento un “¿por qué?”. “¿Por qué el rito?”, soltó el cabecita de fósforo usado, y la respuesta de Hopkins fue tan clara como experta: total silencio. Hopkins lo miraba a él con cara de “¿por qué me habla usted en un dialecto parecido al latín estándar que nomás no ubico?”, miraba para todas partes, intentando encontrar a alguien entre la producción con aire galés, encontrando, me imagino, puro émulo de Tintán con gabardina de Cantinflas, y López Dóriga, a quien nadie parecía explicarle nada, intentando, con otro truco de viejo lobo de mar, darse a entender –porque seguro pensó que lo que no estaba claro, o no era del todo adecuada para un actor de la talla de Antony Hopkins, era su pregunta, y no el idioma-, se limitó a intentar lo que resultó una traducción pocha, mal lograda, infructuosa y encima de todo ininteligible, de su propia cuestión: “¿juai de rito?”
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Hopkins debe tener un conocimiento nulo del idioma español, pero existe algo que entre todos los hablantes del mundo puede entenderse, y eso es la emoción humana. Imagino que la cara de angustia que ya para entonces López Dóriga comenzaba a manifestar le fue clara, y tras preguntar un par de veces con un cortés y muy sencillo “excuse me?”, él mismo atinó a traducir a su propio idioma lo que el “Y mire usted” intentaba expresar: “Oh, why the rite?”.
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A López Dóriga se le aclaró el rostro en lo que a todas luces fue como cuando uno va parado en el camión durante media hora y de pronto alguien desocupa un sitio justo enfrente, y no hay forma de que nadie se lo gane. Entonces sí, creyendo que ya la había dominado todita –la situación, claro, de lo otro presumimos que ahí la lleva-, volvió a preguntar en español, tras la respuesta de su entrevistado a la pregunta anterior, qué le gustaba de trabajar con determinado director.
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Aquí sí la perdimos. Hopkins no entendió en lo absoluto ni la pregunta ni qué debía responder, y se fue por el lado de sus directores favoritos, sus películas favoritas, su mc trío del día favorito, la comodidad, y un largo etcétera que hizo que don Joaquín, tan propio él, comenzara a desvariar.
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Yo, que me chuté todo en repetición en uno de los tantos programas que luego hablaron del acontecimiento, no pude hacer más que subir dos rayitas el respeto hacia su capacidad profesional –pero nada más dos, porque el resto se lo tengo dedicado a Carmen Aristegui, que con eso de don Felipito y su supuesto (o ni eso, pura habladuría para causar protagonismo) alcoholismo, se manifestó otra vez como una de las voces periodísticas más seguidas, amadas y utilizadas como bandera de nuestros medios-. Así que si yo antes lo consideraba bueno en su trabajo, ahora creo que por lo menos tiene eso que es necesario en todo periodista que se considere medianamente capaz: cojones.
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Permaneció al aire intentando salvar la situación, y su actividad cerebral intentando conectar neuronas que le dieran el término, el acento, la sintaxis, la conjugación, en un idioma que evidentemente no maneja, bien podría haber encendido tres o cuatro focos. No mandó a corte, y su producción, que imagino, como su peluquero y su maquillista, no lo quiere, no hizo absolutamente nada por ayudarlo. De hecho, le ensució la toma metiendo a un supuesto ingeniero en audio que intentó ayudar a don Antony a escuchar al traductor, y, graduado en Harvard el muchachito, porque del Poli hubiera logrado mejor, nomás no pudo componer el desperfecto. Nadie pensó en mandar la tecnología al carajo y llevar al traductor ahí, in situ –si es que había un tal, porque ahora comienzo a pensar que mientras Joaquín y Antony intentaban vencer la barrera del idioma, y de la cultura, y de la profesión, y de la geografía, y de, y de, y de, el equipo de noticieros Televisa estaba jugando a ver quién podía decir “fufurufu” comienzo mazapán escupiendo la menor cantidad de morusas-.
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Todo esto redundó en fatalidad, derrota y fracaso. Cuando el problema se hubo solucionado –me gusta utilizar el hubo, pero, nota gramatical del Baile patrocinada por la producción de The Rito, recuerden que haber no es un verbo que pueda conjugarse en todas las personas a menos que sea para su utilización en tiempos compuestos, de modo que no podemos decir “hubieron muchas personas”, y mucho menos “me haigas dicho”-, digo, cuando el problema se solucionó, López Dóriga y el inigualable Antony Hopkins, que a lo mejor estaba actuando como que no escuchaba, y con la maestría que lo caracteriza le salió tan bien que puso a sudar frío hasta al mismo Azcárraga -de quien, chisme local, se dice que López Dóriga es su verdadero padre-, tuvieron tan poquito tiempo para hablar que su charla tuvo que limitarse a un “Gud nai” de parte de López Dóriga, y un “See you later” de parte de Hopkins, que seguro se quedó pensando “Craps! What a strager people are mexicans!”
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Nota para Televisa: o meten al “teacher” López Dóriga a un curso de seis niveles en Imac, dónde habla o habla, o, de plano, le consiguen un traductor que esté ahí. Total, si Lolita Ayala tiene a Perla Moctezuma, y le manda decir tan bonito “Gracias, Perla Moctezuma, hasta mañana viernes”, ¿cómo ‘ngados el presentador titular de su noticiero nocturno va a andar batallando? Nomás falta que el que barre la entradita de la oficina de Azcárraga llegue en una H3, y al presidente corporativo le dé ride el pesero.
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¡Salud!

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