domingo, 20 de febrero de 2011

Más negro que la noche.

Ya sabíamos que Natalie Portman era grandiosa. Nos lo dejó medianamente claro cuando interpretó a la muy bien peinada reina, y luego senadora, y luego nada, Amidala, en la última trilogía de la Guerra de las Galaxias -que es en realidad la primera, porque las primeras tres son en realidad las últimas tres... bueno, ustedes saben-, y luego reafirmó una y otra vez el nivel de sus dotes histriónicas hasta que, sin temor a equivocarme, nos puso a todos la piel chinita con su papel en V from Vendetta (aka V de Venganza), en la historia sobre cómo el hombre del siglo XXI ha perdido toda noción de las relaciones humanas y su sentido, Closer (aka Llevados por el deseo), y en la entercedora cinta sobre la pérdida de la inocencia y sus consencuencias, ¿Dónde quedó el amor?
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Pero como en The black swan (aka El cisne negro), tampoco creo equivocarme, nunca la vimos. Su desempeño actoral es tal, que llegó un punto, lo que nunca me había pasado con una película, ni siquiera con alguna del género gore, que me vi tentado a abandonar el barco y dejarlo por la buena, pues es tal el realismo, la energía y la exactitud con que Portman desempeña su papel como Nina, la bailarina de la Compañía de Danza de Nueva York que se prepara para convertirse en la reina cisne blanca y negra en la nueva puesta en escena de El lago de los cisnes, que no queda alguna duda de que la está pasando mal, y muy mal.
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A mí no me cayó el veinte de la esquizofrenia hasta que El Mayordemishermanos, que se rehúsa a verla porque dice que a él todos esos rollos de la personalidad disociada y sus consecuencias le parecen poco católicos, y por eso lo ponen muy nervioso -lo heredó de la madre-, me lo hizo ver con un simple y llano: "Ay, no, a mí todas esas cosas de esquizofrenia y trastornos de personalidad disociada me ponen muy nervioso". Aparte, cabe aclarar, su mucho más desarrollada capacidad de apreciación estética que la mía, y su también mucho más experimentado paso por el séptimo arte, le permiten entender esa clase de mensajes artísticos que a mí, que me paso la película entera leyendo los subtítulos -?- nomás no me llegan.
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Pero una vez que me lo dijo, me cayó el veinte de todo. Entendí que, si la actuación de Natalie Portman es capaz de adentrarnos en el mundo de visiones escalofriantes y sensaciones terroríficas que caracteriza a su enfermo personaje, y de hacerlo tan bien, entonces estamos frente a una verdadera ya no promesa de la actuación, sino leyenda.
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A Portman, cabe aclarar, la acompañan buenas cosas: un director genial, Darren Aronofsky; un buen reparto, que incluye a Vincent Cassel como el temible, genial pero estrictísimo director del ballet,; Winona Ryder, en un papel tan triste como impactante, de la bailarina en decadencia Beth; Mila Kunis, otra grande a pesar de su juventud, como la segunda en la línea para interpretar el papel doble, y Barbara Hershey, como la ahoraentendemosporqué opresora madre de Nina, que no la deja ni ir a la esquina sin desear saber dónde anda, con quién anda, qué piensa, qué se trae; una excelente música, adaptación del ballet original, que recuerda aquéllos métodos de seguimiento musical de los sucesos en que era tan magistral Kubrick; un maravilloso diseño de arte que nos acomoda en la trama como anillo al dedo; un estupendo guión, que no deja nada fuera, y al mismo tiempo lo deja todo a la imaginación.
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Y a Nina la rodea también todo lo posible para que desarrolle su trastorno: el director que uno no sabe si va o viene, si la desea o más bien esperaría verla acabada; la compañera que espera ocupar su lugar, y que intenta, droga de por medio, liberarla de su propia personalidad; la compañía, que la ve con recelo ante su obtención del papel y rumora su relación con el director; la bailarina saliente, que comparte el rumor y agrega, explícita y agresiva como sólo Winona puede interpretarla, qué cree ella que tuvo que hacer Nina para obtener el papel -en México diríamos "aflojar"-.
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Y cuando comienza a volverse loca, verdaderamente loca, está uno tan metido en el filme que ya no sabe si lo que ella está viendo es producto de su mente trastornada o de la realidad. Porque hay cosas que, si yo fuera Nina, juzgaría igual o peor.
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No he visto el resto de las actuaciones de las nominadas a mejor actriz para el Oscar de este año, pero no creo necesitarlo. Natalie Portman se luce tanto, brilla tanto, grita tanto, escandaliza tanto, baila tanto, suda tanto, se reprime tanto, que dudo mucho que otra mujer haya hecho este año lo que ella ha conseguido en la pantalla. Ni modo, chicas, suerte para el 2012.
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Me parece que ni siquiera tengo que decirles que vayan a verla. No verla, se los aseguro, caerá sobre su responsabilidad. Luego, cuando todo mundo la refiere como uno de trillers sicológicos indispensables después del inigualable Psycho, del también inigualable Alfred Hitchcock, o de A beautiful mind, se van a arrepentir de no haber asistido a la puesta en escena más escalofriante del último siglo -no, no los he visto todos, pero con éste me basta y sobra para juzgar-. Y cuando la Academia confirme el veredicto con su respectivo Óscar, yo ya no estaré aquí para decirles "¿ven? ¿qué les costaba firmar la Historia?"
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¡Salud!

2 comentarios:

Noctiluca dijo...

Creo que no hay nada que pueda añadir a lo que tú ya has descrito con tanto detalle.
El viernes fui a verla al cine y me quedé impactada. Había leído sobre la película y creía que estaba preparada, pero qué equivocada estaba.
La interpretación es impecable, la trama original, un thriller, por llamarlo de algún modo, que no va de asesinatos ni de investigaciones sino de la mente, de sus desequilibrios.

Opino como tú, si hay alquien que se merezca el Oscar es ella.

Y perdona si me he extendido mucho en el comentario.
Un saludo.

Wendy Piede Bello dijo...

Es la primera vez, desde El perfecto asesino, creo, que Natalie explota su enorme talento; de verdad que sufrió, un año de preparación, viviendo para esa película que le costó una costilla rota y muchas, muchas, muchas lágrimas. La actriz ha declarado que había noches que creía morir; tal vez Mi Absoluto exagera al decir que es la primera vez que se esfuerza, lo que sí creo es que nunca antes se había esforzado a tal grado.
Esta película definitivamente le cambió la vida, porque no solamente le dió un Óscar, hasta consiguió novio y un bebé.
Parabéns!