martes, 4 de enero de 2011

Potter por siete.

Tres horas de absoluto sufrimiento es lo que es la séptima entrega -a mí no me dieron nada, más que puro estrés, y tuve que ir por él, nadie lo trajo a la puerta de mi casa, así que "entrega", así como "entrega", pues no fue-, la última cinta del maguito más poderoso que la cultura popular ha visto jamás -no, el maguito Sonrics perdió poder cuando cambió el sabor de las Tix-Tix de barrita y nos dejó sin Abejitas-, Harry Potter y las reliquias de la muerte, parte 1. Porque sí, serán dos partes, y si en la segunda no se resuelve la bola de dudas y nudos que armaron en este primer intento por ganarle tiempo al tiempo y alargar, cual telenovela de Juan Osorio, el dramón del cicatrizado, si no me dejan todo claro y me tranquilizan así este ánimo que me dice que perdí tres horas de mi vida en la absoluta desazón, agarro mis chivas y me mudo a Narnia.
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Pese a lo que El Gerber intente hacer contra mi vida después de que diga esto, seré sincero, rotundamente sincero: si usted creía que al crecer el trío dinámico de la saga, los ya no tan pequeños Daniel Radcliffe, Emma Watson y Rupert Grint, Harry, Hermione y Ron, respectivamente, agarrarían buen talante para eso del teatro y nos darían cintas cada vez mejor actuadas, quédese sentado y ni se anime a terminar su paseo por la saga. Desilusionan, los tres, y desilusiona más Watson, quien podría, por el peso dramático de su personaje en esta última etapa de la historia, brillar y dejar una memorable, oscareable incluso, actuación en pantalla. Radcliffe sigue sin despegar, y la verdad es que la pérdida de la inocencia, como muchos lo suponíamos, atrajo un no-sé-qué de estupidez a su cara que lo hace un tanto detestable. Grint sigue en el mismo papel de tonto que dio a Ron desde que inició todo el viaje, en 2001, con Harry Potter y la piedra filosofal, y nada más: no arriesga, no propone, no modifica. Incluso los arrebatos coléricos de su personaje, terminan en dramas de otro Harry, el de Los Tres Chiflados, pero mucho menos bien logrados.
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Además, como esto no se acaba sino hasta la siguiente cinta, que, gracias a mi tranquilidad, se estrenará en breve, sufrirán ustedes de una cinta sin final, generadora de dudas y callejones, por lo pronto, carentes de salida. Si odian ustedes las trilogías porque prefieren empezar por la última para no sufrir incertidumbres, no vayan al cine. Si aman que los tengan con el alma en un hilo -madres mexicanas, uníos-, sí vayan, corriendo, y enfréntense con su mero mole.
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Yo no. Yo no estoy hecho para esas cosas. A mí me gusta que la cosa empiece y acabe, mal o bien, como sea -queda claro que a mí no me importa si se muere Potter, si Voldemort se convierte en Dios o si Hermione adquiere por fin un funcional tratamiento anti-sponge-. Nada de "continuará", "termina en la siguiente edición" o "inserte el segundo disco".
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Ahora, claro, fiel al sentimiento de justicia y honor que me hace darle a este baile siempre un lado bueno, diré que, en definitiva, es una excelente película para fanseses de la saga. Si ya se chutaron las otras seis cintas, y han vivido el último año esperando ésta, o si leyeron todos los libros, saben de nombres, lugares, artefactos y momentos de la trama, dejen sus asientos y busquen un cine o videocentro para chutarse estas tres horas de desazón y trauma profunda. Yo, todavía, no me repongo. Ustedes, me imagino, han de traer sus capitas bien puestas y han de saber qué sigue, por lo que disminuyen la ansiedad que a uno, que nada más va a aplanarse en la butaca a ver qué le toca, le provoca estar tres horas sin saber, entender o asumir nada de nada -con decirles que me quedó más clara la charla que tienen el Sombrerero Loco y la Liebre en la célebre hora del té de Alicia en el País de las Maravillas-.
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También es rescatable la interpretación que, ahora sí bien hecha, hace Tom Felton como el cada vez más desgraciado y patético Draco Malfoy, y la que, por su parte, hace su padre ficticio, Jason Issacs, como Lucius Malfoy. Y, oscareable oscareable, la sempiterna Helena Bonham Carter como Bellatrix Lestrange, siempre loca, siempre inhumana, siempre maravillosa. Yo deseo que logren ustedes, si no son fanseses, ya dije, encontrar lo rescatable en esta cinta y tengan poca ansiedad por un final que tendrán que esperar seis meses -yo que ustedes me sentaba en la butaca con todo y w. c., para no tener que salir de la sala siquiera, y no perder el hilo-.
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¡Salud!

1 comentario:

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Maria Jose
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