viernes, 14 de enero de 2011

Mis sobrinos.

Para ustedes, que todavía no nacen y ya nos hicieron el año.
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Nos vamos a poner hasta el coco de dulces, malteadas, cosas deliciosas y que ahora, poco antes de que ustedes nacieran, les han prohibido en las escuelas. Pero ni ustedes ni yo les vamos a decir al secretario de salud, a su abuela ni a sus madres -sus padres pueden saberlo, pues sus preocupaciones son de otra clase-, que están cometiendo un acto alimenticio contrario a todo consejo nutricional. Total, si van a consumir cosas sanas del resto de la semana, un día de desquite no nos hará nada.
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Vamos a jugar hasta que caiga el último. Y chin-chin el que caiga al último, porque a ese, primo o tío, le vamos a dar pamba cuando despierte. Y para eso, prometo llenarles el cuarto de colchonetas y educar al perro de cojín. Van ustedes a poder tocar lo que deseen de este cuarto, y ya cuando estén más grandes, si las cosas sobrevivieron, les voy a enseñar por qué es mejor leer los libros que aquí abundan que destrozarlos, mirar las fotos que destruirlas y guardar los recuerdos intactos que llenarlos de crayón. Pero eso hasta que crezcan. Mientras tanto, si se les pasan los trazos, prometo terminar con ustedes el mural.
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Vamos a hacer renegar a la abuela. Ella nació en buena cuna, se crió en una buena familia, pero ni mis abuelos ni mis tíos tienen la culpa de que luego se degenerara y cayera en el catolicismo y la ortodoxia. Seremos, altisonantes y revolucionarios, verdaderos dolores de cabeza para esta mujer que los ama y espera con ansias, pero luego luego va a querer inducirlos en el lado oscuro -¡y hasta les voy a enseñar de dónde sacamos su tío Benny y yo eso del lado oscuro-. Van a aprender albures, bromas y sustos, trucos de magia y alegatos filosóficos -creo que a su abuela le van a poner los pelos de punta más éstos últimos que todos los anteriores justos-. Van a aprender a decir la verdad, a ser diplomáticos, pero también a decir que "no", a expresar lo que piensan, y a ser muy claros y coherentes entre lo que llevan dentro y lo que manifiestan.
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Vamos a llenar el mundo de color. Como sé que a ustedes les van a encantar las cosas susceptibles de ser destruidas, porque no hay niño al que no le gusten, vamos a pintar, colorear, recortar, pegar y moldear un mundo entero. Modificaremos las paredes, las páginas de los periódicos y las revistas de papá -hasta las que esconde detrás del inodoro, que no nos servirán hasta que la adolescencia les robe el sueño a sus progenitores-. Vamos a escuchar música, y si se quedan dormidos con Los Beatles, como Guille, el singular hermanito de Mafalda que también conocerán, dejaré que escuchen lo que quieran. Haremos de la sala un fuerte, del sillón un barco, de El Nez un dragón de largas fauces. Encontraremos en las nubes forma, en el pasto insectos, en la tierra castillos y puentes.
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Nos vamos a ensuciar, bien y bonito. Si le tendrán odio al baño, pues por lo menos que valga la pena el remojón. Vamos a chutarnos todo el acervo cinematográfico de Disney, y cuando ya estén al día, veremos verano con verano la película del año. Yo jugaré del malo, y podrán ustedes arreglárselas conmigo. Imaginaremos, veremos caricaturas, y luego, cuando la abuela diga que ya fue suficiente televisión por hoy, nos tiraremos bajo las sábanas a contar historias.
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Porque tendrán una infancia feliz. Si les gusta el futbol, prometo aprender a hacer pases para que ahí tampoco les falte un tío con el cual pasar el rato. Imagino que en los años próximos, mientras sus cuerpos se desarrollen y agarren ustedes condición, este cuerpo chulo y atractivo se irá poniendo flácido y estorboso. Pero prometo también llegar hasta donde las piernas me lo permitan, el ánimo me alcance, las energías no me falten.
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De modo que cuando lleguen ustedes a la adolescencia, sobrinos, y comiencen a buscar quiénes diantres son entre tanto acné, tanta altura y tanto vello facial -lo cual no los excluye sean niños o niñas-, y mientras intentan convencer a sus padres que no quieren pasar por el martirio de una fiesta de quince años de cuyas fotos se arrepentirán toda su vida, no dejarán ustedes de recordar que sus primeros años junto a este tío fueron a todo dar, y que el amor con el cual han sido esperados y recibidos les durará, como estela de bendición, para toda la vida.
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Qué bueno que ya llegan este año. Sin saberlo, los esperábamos hace tiempo. Ahora que las cosas se ponen buenas, ustedes las van a poner mejor. No tarden en salir. El sol se está ocultando y no tardará la abuela en decirnos que ya nos metamos, que se acabó el juego por hoy. Y habrá que alargar la tarde, y hacerla, con mil aventuras y paseos, mil años luz.
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Bienvenidos, chaparros.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Solamente tengo una pregunta, ¿para cuándo el tuyo? ¿Se animarán a adpotar, o no está en sus planes?