viernes, 7 de enero de 2011

La buena estrella.

La sorpresa no fue que me tocara. Año con año, después de todo, y por elegir las partes de la rosca que aparentan mayor suculencia, que huelen más a esa deliciosa mezcla de mantequilla, trigo y vainilla que tanto nos pone de buenas a sus admiradores, me vengo sacando el muñeco. "Que no es mono", grita a coro todo el feis, "es el niño Dios". Bueno, sí, pero en esa ocasión precisamente en eso estriba el suceso: a mí no me salió un niño Dios de plástico con rebabas, ni un elefante ni un camello -sí, pese a su sorpresa, sé de fabricantes de rosca de reyes que hasta incluyen, los muy heterodoxos libertinos, niños de oro y plata en su preparación... ¿y la intoxicada, apá?- sino una clarividente y divina estrella fugaz de ceramica finamente horneada.
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Entenderán que la metáfora de encontrar una buena estrella dentro de un delicioso pan me resultó sumamente alentadora. Y más porque la estrella salió en mitad de una oficina que sí, está que se cae de papeles y documentos, pero sí, también, está que se cae de dinero -que no sea nuestro es otra cosa, pero es dinero, y dinero llama dinero (y ladrones, pero para eso hay un sistema de seguridad que lo protege)-. La estrella apareció en mitad de mi trozo de rosca y yo no pude tampoco evitar pensar en dos cosas: que ahí sí se me van a exigir tamales, y que eso es, nada más y nada menos, que un buen augurio.
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Me van a decir ustedes, ya lo sé, apóstatas librepensadores, que eso me lo figuro yo. Que la estrella dorada ésa no es más que eso, una pieza de cerámica, sí, pintada a mano, sí, artesanal, sí, bastante linda, pero nada más que eso. Ni profeta de un buen año, ni anunciador de cambio alguno. Que me deje de cosas y me concentre, mejor, en ir preparando los tamales, porque si algo, en definitiva, significa que a uno le salga una estrella en la rosca de reyes el 6 de enero, es que en febrero tendrá que invitar la comilona.
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Por eso es que aclaro: la decisión de que esa estrella signifique suerte y fortuna, es mía, y sólo mía -abalada por la Asociación Nacional de Personas a quienes les Sale el Mono-. Voy a disfrutarla plenamente, y a hacerla artífice de las buenas cosas. Guió a los magos de oriente, según la tradición, hace miles de años. Hoy, espero, será también la rosa de los vientos en un año que se presenta lleno de retos, cambios, vifurcaciones, disertaciones, sobresaltos, decisiones. Y nuestro caminar estará guiado no por ella, sino gracias a su luz.
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La buena estrella brillará en este año y las cosas que pasarán serán gracias a la bendición y la promesa de cosas buenas que simboliza. La vamos a hacer brillar, y estoy seguro de que su luz, de razón y vida, llegará a cada espacio de mi vida y cada momento de mi historia. Va a estar claro que su aparición en los primeros días del año fue con la absoluta intención, de Dios, de la vida, del destino, de proyectarme a mí y a los míos hacia la inteligencia, la fortaleza, la luminosidad y la energía.
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¿A ustedes les salió el mono? Si fue así, espero que niño Dios, estrella, camello, elefante o joya de veinticuatro kilates, proporcionen a su año, y a su vida entera, un absoluto regocijo y un tranquilo fluir de decisiones sin sobresaltos o ausencias. Que todo para ustedes sea amor, salud, fortaleza, trabajo, economía, conocimiento, tranquilidad, armonía, abundancia. Y si no les salió, les comparto la luz de mi estrella. Que lo que surta para mis días y los días de los míos, los llene también a ustedes, y que para diciembre próximo cuenten ustedes con 365 días de felicidad, dicha, prosperidad, paz, o acierto en decisiones difíciles, concierto y cordura en la intranquilidad, y no les falte nunca la decisión, la fuerza y la seguridad.
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Venga entonces un buen año, con una buena estrella.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Buena onda. A mí también me salió un niño del que mi novio no se quiere hacer responsable. Pero cada año me sale, y a veces hasta de a dos.