viernes, 21 de enero de 2011

Kalim-baba.

Daaaaaaaaaaamas y caaaaaaaaaaaaballeros. Niiiiiiiiiiiiiiiños y niiiiiiiiiiiiiñas. Paaaaaaaaasen hay lugaaaaaaaaaaaares. Asistan ustedes al lamentable espectáculo del cantante caído desgracia. Observen ustedes al único hombre de tez oscura que tiembla como flan napolitano cuando un presentador con ínfulas de periodista lo zarandea con cuestionamientos tan irresponsables como intolerables e inmorales. Deléitense golpeando una y otra vez en el ego y la seguridad personal al único arista mexicano que se ha puesto de pechito para que usted lo haga. Pase, tome su lugar, y asista al lamentable espectáculo de la lapidación de Kalimbaaaaaaaa.
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Todos tenemos sobre Kalima una opinión. Hasta el que no es afecto a la fuente de espectáculos, ha tenido que chutarse en primera plana el rosario de declaraciones, manifestaciones, acusaciones y delaciones que sobre el ahora llamado "caso Kalimba" se han publicado en todas partes. Kalimba, que apenas y se escuchaba en las radios poperas por temas como "Tocando fondo", es ahora más popular que Lenny Kravitz, el popular -éste sí- cantante de rock estadounidense que cada que saca un disco pone a temblar las piernitas de todas las mujeres urgidas del mundo, y al cual el afromexicanito intentaba imitar hasta que ahora, acusado de violar a una menor de edad en Quintana Roo, todo apunta a que se verá obligado a dejar la cantada e ingresar a algún penal del sureste mexicano para purgar cadena que no suena fácil, sobre todo si se considera que con ello el cantante perderá no sólo los años de su juventud, sino también, por ende, los años de mayor y más fecunda explotación comercial de su imagen y voz.
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Los que lo acusan, aseguran que eso de que tiemble tanto no es cosa buena. A ello, responden los que lo defenden que él es sumamente nervioso, y tiene tics desde pequeño. Los que lo acusan, apuntan a que en sus declaraciones no se ha animado a negar rotundamente haber sostenido relaciones con Daiana, la menor de edad que ahora lo acusa no sólo de eso, sino de que el acto sexual se realizó sin su consentimiento, es decir, se trató de una violación. Los que lo defienden, señalan que toda declaración debe hacerse no ante las cámaras y los micrófonos, sino en el interior de los tribunales. Los que lo acusan, juran defender la dignidad de la niña y su inocencia. Los que lo defienden, se cuestionan una y otra vez cómo es posible que una menor haya estado trabajando en un bar, y luego haya podido, sin la presencia aparente de sus padres, acompañar al cantante a su hotel.
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Yo, como ni considero una pérdida lamentable para la música mexicana el encarcelamiento del ex integrante de OV7 -ésos sí fueron una pérdida lamentable para mi generación en su momento, pero ya volvieron, aunque antes los hayamos superado-, ni me interesa en lo más mínimo si Daiana dice la verdad o nomás quiere fregar, limito mi declaración en torno al tema a una breve, contundente y sentida frase: pobre Kalimba.
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En un medio del espectáculo -que no necesariamente artístico- en que sus artífices, titiriteros y ventrílocuos, no están esperando otra cosa que árboles caídos para sacar leña, y donde todos los actores del mismo y lamentable show se esfuerzan una y otra vez por generar víctimas y culpables de historias redituables, la acusación en contra del cantante les viene como anillo al dedo. Acrecienta las arcas, genera discusión, no daña a ningún ídolo absoluto del pueblo -no es, por ejemplo, una acusación contra Juan Gabriel, o Vicente Fernández, cuyas caídas ocasionarían no sólo el dolor de miles de seguidores, sino una absoluta negación de las autoridades, en bien de evitar un alzamiento popular, a fallar en contra de los protagonistas de la historia-. No hiere más que a un joven cuyo interés superior era brillar en su talento y su imagen. Y como es joven, ya que salga de la cárcel lo podemos reconstruir, claro.
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Pero el asunto es que el interés mediático ha ocasionado una evidente agilización del asunto legal en los tribunales locales de Quintana Roo. Una de las entidades federativas más eternamente señaladas por ser escenario de delitos mayores como la trata de blancas y la prostitución infantil, ahora, por arte de magia, ignora a Kamel Nazif, protagonista de otra mucho más truculenta historia, se pasa por alto al "góber precioso", y pone mientes en un joven que con muchos trabajos podría amordazar una langosta para echársela al plato -literalmente-, ya no digamos a una jovencita con un peso similar al suyo. Quintana Roo, el estado de la eterna explotación sexual infantil, se indigna de pronto y, seguramente inspirado por Law and Order o alguna de esas series, pretende vender imagen de justicia, organización policiaca y rigor legal, sin que en ninguna de esas imágenes se realice una actuación creíble, o se resuelva la eterna duda: violada o no, ¿qué hacía una menor de edad en un bar, ingiriendo bebidas embriagantes, sin la supervisión de sus padres? ¿Dónde estaban las autoridades, que permitían la presencia de menores en lugares como ése? ¿Es para Quintana Roo cosa normal que una menor de edad pase a la habitación de un hotel con un hombre evidentemente mayor? Temo que sí, o Lydia Cacho no habría tenido material para delatar lo que casi la lleva a la tumba: la podrida red de trata de menores que opera en ese estado de la república, una república que, insiste hasta el cansancio, pretende ser defensora de la familia.
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Mis lástimas para Kalimba. La entrevista con Loret de Mola, que yo presencié en partes, lamentablemente -quisiera poder recuperar esos tres minutos de mi tiempo-, no dejó más que una cosa clara: a Televisa le interesaba vender bien a su "muñequito" del noticiero de la mañana, y dejar muy en mal al "negrito cucurumbé" de la música nacional. Lástima por Kalimba, que se prestó a eso, y lástima por Loret de Mola, que no le hace honor a su apellido, ligado a las más trabajadas y honorables raíces del periodismo nacional. Lástima por todos, que una vez más asistimos, y gratis, al espectáculo de la degradación humana que Azcárraga Jean y sus secuaces han tendido para todos.
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Una pregunta: ¿usted dónde estaba cuando el kilo de limón subió a cuarenta pesos? ¿Qué hacía cuando le subieron el kilo de harina en un veinte por ciento? Adivino. Veía a Kalimba temblar frente a un lamentable Carlos Loret de Mola que no salía del mismo cuestionamiento insatisfecho, repetido una y otra vez, como muñeco de ventrílocuo en chiste mal ensayado. Bueno. Ahora disfrute sus limones y su harina, al precio que le toque pagar por ellos.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Pues sí, pobre, la verdad. Si reírse de los chistes surgidos a raíz de este suceso es hacer leña del árbol caído, soy culpable, pero solamente por lo saludable que resulta reírse un poco. Así que, dejo un par de chistes al respecto:
¿Por qué a Kalimba le dicen Cristobal Colón?
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Porque se vino en la niña.
¿Cómo se dice violación en africano?
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Te tumba Kalimba.
(Este último chiste no es válido para quien tenga nociones mínimas de lingüística, porque en África no se habla una sola lengua conocida como africano).