miércoles, 1 de diciembre de 2010

Sobre el Sida.

El Sida es una enfermedad severa, dura, lamentable. Es una especie de suicidio en que el sistema inmunológico del hombre se rebela contra sí mismo, lo acaba, lo aniquila, le niega la unión consigo mismo que sistemáticamente le ha permitido vivir. Por eso, de inicio, es una enfermedad aberrante: con ella corriendo por sus venas, el hombre se convierte en su primer y último verdugo.
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Por eso es que hoy, en el Día Internacional de la Lucha contra el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, este Baile se une a las campañas internacionales de cuidado y tratamiento, pero sobre todo de prevención, porque se trata de una enfermedad que, en la mayoría de los casos, podría no existir si los poseedores y los contrayentes elevaran sus cuidados. Es una enfermedad de responsabilidad social, y a eso también se suma este Baile, a la responsabilidad que todos tenemos para con nosotros mismos, y para con los demás.
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Pero también nos sumamos por otra razón. La razón importante, trascendente, aún más dolorosa y deleznable, de la discriminación. Porque pese a la información, la difusión de la verdad y el paso de los años, las personas infectadas con VIH y enfermas de Sida, siguen sufriendo alrededor del mundo del rechazo criminal y el apartamiento detestable que sólo debería ocasionar una nula información sobre la epidemia y sus trastornos.
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Y nos sumamos también, como entidad de opinión pública, en una voz de rechazo únanime en contra de quienes, por desinterés o por negación a la verdad, se cierran a toda posibilidad de información sobre el tema, y siguen pensando que "el Sida es cosa de homosexuales", "a mí no me va a dar" y que se transmite si se besa, se abraza o se utilizan los cubiertos o la misma alberca que una persona infectada. Tener la información, y no acceder a ella, es como tener los lentes en la mano y no desear ponérselos. Es negarse a vivir. Es cerrarle la puerta al único medio liberador, eficientemente liberador, de las conciencias: la verdad.
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Este Baile envía un profundo y sentido abrazo a los enfermos y sus familias, con una fuerte dosis de alivio del dolor. A los científicos y especialistas que, día con día y durante años, han dedicado sus esfuerzos y sus vidas al mejoramiento de la calidad de vida de los enfermos e infectados, mejorando notablemente las posibilidades y las esperanzas de quienes hoy padecen la enfermedad. A los profesores de escuela, los padres de familia y los tutores, que durante la etapa básica de educación han enseñado, guiado o demostrado a sus pupilos que la peor de las enfermedades no es la pérdida del sistema inmunológico, sino la discriminación. Un abrazo sentido, cálido, fraterno, a la enfermera, al doctor y al guía espiritual, que con afanes meramente humanistas y de amor a sus profesiones, han mejorado la vida de los enfermos, y han eficientado su estadía en esta vida.
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Pero sobre todo un abrazo gigantesco a ti, a ti y a ti también, que no discriminas, que no apartas, que te cuidas y cuidas a tu pareja. Un abrazo de fortaleza a ti, que dominas tus impulsos y eres fiel a tu pareja. Un abrazo a ti, que repartes un condón y enseñas cómo usarlo. Un abrazo a ti, que lo usas, y nos cuidas a todos. Un abrazo a ti, que nos das a todos la esperanza de un mundo mejor.
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¡Salud!

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