martes, 14 de diciembre de 2010

El tiempo congelado.

No sé si ustedes lo han notado, pero el año se ha estado poniendo flojo. Es cierto, sí, me acuso, que yo leo cada vez menos el periódico, o quizá en una propoción menor a la cantidad de lectura que ejecutaba cuando andaba de lleno en eso de periodismo. Sí, pero también es cierto que los diarios cada vez tienen que esforzarse más por tener noticias interesantes. Hoy, las editoriales se reducen estrictamente a los mismos disparates: el conflicto entre el -seudo- gobernador de Jalisco, Emilio "La Monja" González Márquez y los Hospitales Civiles de Guadalajara o la Universidad de ídem, el mesianismo mediático de Enrique Peña Nieto, los asuntos municipales en materia de seguridad y presupuesto, y el lío entre el Congreso del Estado, que ya no es mayoritariamente panista, y el -seudo- gobernador del Estado, que es panista hasta en la sopa -?-
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Fuera de eso, el ámbito nacional está todavía más pobre. Calderón, un presidente que gozaba de mi agrado y ahora goza de mi miedo, sigue encerrado en su cuartel jugando con su Risk, mientras la sociedad mexicana ve acumularse por arte de magia el número de muertos, desaparecidos, adoloridos, litros de sangre y exhumaciones. El ámbito federal entristece con noticias que no salen del mismo asunto gore de todos los días, mientras lo que en verdad a todos nos preocupa es cómo va el campo, si vamos a tener aumento de tortilla en enero o si nos las van a clavar duro, directo y sin lubricante, con el costo de los servicios básicos para el próximo año. Y de eso, entre balas y cañones -iba a escribir bañas y canoles, ¡ay, dislexia!-, no salimos los pobres, timoratos y sonsos mexicanos.
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Creo que el recuento de este año le va a costar mucho tiempo al Baile. No porque faltaran acontecimientos, sino porque todos se reducen a una estela tan leve, tan superficial, que lo que nos va a faltar es espacio para no repetir la misma cantaleta: que si el narco, que si el presupuesto, que si los derechos humanos.
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Por eso, y en atención a la tranquilidad y el tiempo de todos ustedes, este año el Baile no hará sino un breve memorándum, a modo de deseos, de lo que esperamos que, porque pasó este año, no se repita el siguiente. Unos cinco, o seis puntos, para acabar pronto e irnos a partir el pavo -doña Mago insiste: ella lo que quiere es desmenuzar el bacalao-. ¿Les parece, les agrada, les anima, los conforta, los conforma? Y si no, qué pena, que para eso, para hacer lo que le viene a uno en gana, tiene uno un blog -que no es un blog, kimosabi, que es un Baile, Baaaaile-.
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Pero eso lo haremos en los próximos días. Por lo pronto, va la atenta invitación a que lo que iban a gastar en periódicos lo inviertan en sus regalos de intercambio -ya, no sean ojetes, dejen la manía por los calcetines y las bufandas. De todos modos, con el calentamiento global como está, cuando llegue enero ni los vamos a usar-, o en una buena cobija -Germán Dehesa, inmortal a quien se extraña, hacía para estas fechas la "Operación Cobija", con el muy loable logro de llevar a todos los abandonados y desposeídos una cobija regalada por el populacho aplaudidor. Yo quisiera que se juntara un buen equipo de este año en adelante encargado de continuar la nobilísima labor de don Germán-.
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Porque si lo van a invertir en tintas, mejor que sea en las de un libro. Se me vienen a la cabeza títulos buenísimos que podrían ustedes leer en la comodidad de sus camas y changarros para ahora que está la temporada en todo su esplendor, y que tendrán como fin último el de quitarles lo Grinch y ponerlos bien fiesteros: Cuento de navidad, de Charles Dickens, sería un buen comienzo. Léanlo despacio, y si se les hace muy ñoño, váyanse al extremo y busquen la versión de Disney, protagonizada por el inmortal tío Mc Pato -¿lo de Mc sería por Mc Donalds? Con eso de los Mc Tríos del día en 37 pesos se han de estar haciendo millonarios-.
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Yo, mientras tanto, me refugio en mi camota hasta que llega la hora de salir a cumplir las obligaciones que me permiten luego refugiarme en mi camota -es ese asunto de la ideología cristiana de que la recompensa placentera debe venir tras el esfuerzo duradero, ¿qué quieren que yo haga, si así me tocó pensar?- Ustedes, que sí pueden, quédense en la camota todo el día, y vean la vida pasar. Es invierno, total, ni los periódicos trabajan.
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¡Salud!

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