domingo, 14 de noviembre de 2010

Un esquimal en el reino de los Madrigal.

Mi Ojosh tiene un modo de reaccionar ante las situaciones difíciles que se le anticipan que me sorprende y resulta curioso. Va como por pasos. Primero, ante el anuncio de que se enfrentará a tal o cual cosa que le resulta particularmente complicada de llevar, dice "sí, órale", y se lanza, con esa propensión tan suya de decirme que sí a todo, en primera instancia. Ya luego, conforme pasa el tiempo, como que le va cayendo el veinte. Así, mientras se acerca la fecha del compromiso, Mi Ojosh se va poniendo cada vez más y más juguetón, y va haciendo muchas preguntas respecto a lo que vivirá. Eso no es muestra de que anda feliz necesariamente, sino de que ya le va cayendo el veinte de que le va a doler el 'ingadazo. Llegada la hora, se pone raro, le sudan las manos, hace cada vez más preguntas, pide abrazos, besos y caricias, y si no se desmaya o busca un recoveco para esconderse, se enfrenta a la situación con una sonrisa.
.
Eso mismo vivió en las últimas semanas cuando le dije que estaba invitado a la comida familiar de este domingo, en la cual, de vital importancia, participarían dos seres ausentes, pero presentes en el corazón: El Mayordemishermanos, que reside -porque eso sí que es residir- en la Ciudad de los Palacios, y La Mima, segunda madre de ésta su pluma -sí, tengo dos, prueba de que sí tengo, y mucha-. Se lo dije y dijo que sí, que le daba "nervito", pero que le agradaba la idea. Pasaron los días y mi cobija de ojos y chinos se fue poniendo cada vez más insistente de mí hasta que ayer de plano me contagió y terminamos los dos raros, serios, pensativos, medio alienados.
.
Pero todo salió a pedir de boca. Él llegó algo tarde a la cita, y para mitigar la espera acudió al infalible método de la rosca: entregue una rosca, y mientras el interlocutor al que se ha hecho esperar inspecciona el look superficial del postre, pida disculpas por la tardanza. Bingo. Doña Mago repitió incansable que no había problema, y todos nos fuimos a comer.
.
Mi Ojosh estuvo nervioso una parte del encuentro. Lo supe porque sus pupilas iban de un lado a otro, entre conversaciones, chistes, planes y acuerdos. Entendió que la familia Madrigal Cruz es mitad silenciosos ruidosos, mitad ruidos incansables. Osea que todo el tiempo estamos hablando. El que no está hablando, está comunicando, con la mirada, con las manos, con los gestos. El que no comunica, está pensando, y si está pensando durará poco en silencio antes de expresarse. Total que en esa méndiga mesa de seis sillas apretujadas, nadie nunca se calla. Ladra el perro, suena el timbre, vibra el teléfono, termina su ciclo el microondas. Hay risas, chocar de platos, sonar de vasos, chirriar de cubiertos, distintos niveles de voces.
.
Mi Ojosh iba de un lado a otro, sin atinar a quién hacer caso. Doña Mago le ofrecía refresco, El Mayordemishermanos le explicaba cómo es que mis hermanas hablan en un mismo idioma que sólo ellas comparten, y por ende, sólo ellas entienden. Yo me esforzaba por contextualizarle todas y cada una de las decenas de pláticas. Mis hermanas le decían que se sirviera más. El Nez lo olfateaba -cosa que, más que nada, lo sacaba de sus casillas-. Su gusto se esforzaba por probarlo todo, su oído por escucharlo, su cerebro por asimilarlo. La Mima se lo dijo muy clarito: "Vas a terminar por salir corriendo, buscando el silencio absoluto". No lo hizo. No corrió. Ni siquiera cuando Doña Mago rompió el veto y comenzó a hablar de su opinión sobre la homosexualidad como resultado de una carencia vital.
.
La Mayordemishermanas salió al quite y la puso en paz, y yo hice lo mío. Mi Ojosh, a pesar de que su rostro demostraba unas ganas tremendas de decir lo que creía a voz en cuello, le aseguró a Doña Mago, con total educación, que no importaba que ella hablara de más. Total, es una opinión más puesta sobre la mesa. Pero le agradó que yo hablara, y que hablara por él.
.
Total que en medio de una casa loca, mi enchamarrado guardó decoro y gratitud, honorabilidad y buenas maneras, y lo hizo tan bien en su primera experiencia de exposición familiar, que quedó cordialmente invitado a regresar. Además está el hecho de que la mitad de la mesa lo conoce y trata con agrado. Prueba de ello es que fue invitado a participar en el intercambio anual navideño de la familia por El Mayordemishermanos, quien luego luego lo hizo sentir en casa, incluso un poco más que los demás. No les digo quién le tocó porque sería aguadearles a todos el festejo, pero sí les adelanto que habrá un fuerte choque ideológico en eso de intercambiar.
.
Salvo el mal rato con Doña Mago, todo salió a pedir de boca. Mi Ojosh me conoció un poquito más, y entendió también porque traigo siempre tanto ruido en la cabeza. Se adentró aún más en las razones de mis visiones, mis sensaciones, mis pensamientos y mis insatisfacciones. Se dio cuenta de que, muy fuerte, muy fuerte, puertas adentro sigo siendo el hermanito menor. Y lo seré, cual profecía maldita, por el resto de mis días. Y entre tanto ataque a su entendimiento, lo más increíble, terminó diciendo que quiere volver a sentarse ahí.
.
Yo no sé por qué, pero le gustó. Le gustó sentirse parte de la familia más caótica, más problemática, más incostante, más dañada, más alardera y más gritona del mundo. Le gustó sentirse parte de la mejor familia que existe sobre la faz de la Tierra. Porque dirán ustedes que la suya es mejor. Pero diré yo que a la mía la defiendo con uñas y dientes, con sus frustraciones y sus quebrantos. Porque será lo rara que ustedes quieran, pero para mí seguirá siempre siendo "especial".
.
No hay familia como la mía. Y con mi cobija de chinos y ojos sentado a la mesa, definitivamente no la hay.
.
¡Salud!
Faltan 15 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Viene Castilla. Viene, viene, viene, quebrándose, quebrándose.

2 comentarios:

Liou dijo...

Interesante...

Wendy Piede Bello dijo...

Sí, Agus, tu familia no es caótica, ni dañada, ni problemática, mejor di que es interesante.