lunes, 29 de noviembre de 2010

La Fil cansada.

Cumplí la promesa. Les dije que iría y ahí estuve. Los busqué, a todos ustedes, pero estos ojos sinaloenses de largo alcance -ay, ajá- no los vieron. Así que espero que esta ausencia suya en mí se deba únicamente a un desbarajuste -?- en nuestros tiempos de visita, y no al hecho de que definitivamente no se pararon, ni piensan pararse en sus nueve días de duración, en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara.
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Les adelanto que, salvo las reproducciones de incunables relacionados con la historia del español, esta lengua nuestra del "'ira" y el "'iste", el pabellón del invitado oficial, Castilla y León, tiene poco que ofrecer. A comparación con años anteriores, claro, en que los honoríficos hospedados han cargado hasta con el molcajete -bueno, es un decir, porque no me imagino lo surrealista que sería un molcajete auténticamente chino-. Ahora hay algunos espectáculos ocasionales, unas cuantas fotos bonitas, una que otra degustación de vinos, una puerta luminosa, unas cuantas manchas de color, y ya. Recuerdo, diría don Celedonio, anciano personaje de este Baile acostumbrado a remembrar, aquel hermoso pabellón de Andalucía, con sus flores y sus enredaderas -y te pareces tanto amor...-, o el de Cataluña, con sus pliegotes de papelote como techo, o sus proyecciones de platillos, o el de Brasil, con su río de desechos industriales. ¡Ésos sí eran pabellones, y no remedos!
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Pero salvo eso, la Fil tiene un montón de cosas qué ofrecer. Mi Ojosh y yo nos tomamos de la manita y anduvimos de aquí para allá bobeando. Él se interesó por libros de cocina prehispánica, y yo nomás anduve viendo qué cosa no podía comprar. Toda la colección Punto de Lectura, de Alfaguara, llegó más barata que de costumbre, aunque ahora los malditos usurpadores del dinero ajeno no se preocuparon por montar un stand como el del año pasado, en que remataron todos sus saldos -no se llenó como las baratas de Zara o Liverpool, pero sí hubo harto mendigo pepenando títulos (hubimos, dijo el ciego).
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El área internacional aumentó el tamaño del centro de firmas de libros, y ahora ya hay más espacio para que más gente haga fila y reciba de su autor un garabato. Pero ni se emocionen. La dinámica sigue siendo la misma, y la gente se sigue quejando igual: ustedes anotan en un papel su nombre, y si se llena mucho el autor recibe nombre y libro, y firma con un simple "Para Fulano". Nada de "A Miguelita con amor de Pérez Reverte" o "Con todo mi cariño para Filomeno, Julio Cortázar" -?-
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Hay harto título estudiantil, como cada año, y religioso. La Suprema Corte de Justicia de la Nación, que entre Sandoval Íñiguez, Marcelo Ebrard y El Encino, anda de moda, montó su stand que reproduce la sala del Supremo Tribunal, con todo y sillitas reclinables, lo que pone bien felices a los fanáticos del paseo y el chisme jurídico. Además, en determinadas horas, un hombre de ardorosa voz, que me recuerda al Padre Rentería -"¿y tú cuándo 'ngados conociste al Padre Rentería, hijo de Margarita?", preguntará el lector implícito, y yo responderé "cállate y lee"-, güero, para más señas, relata cómo funciona la Corte y cómo se realizan las sesiones, en una salita igualita a esa, pero más nice.
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Tampoco dejen de pasar al stand del Consejo Nacional para Prevenir y Erradicar la Discriminación (Conapred), en el cual podrán ayudar a formar el follaje del Árbol del Oprobio escribiendo en una de sus hojitas quién los ha discriminado, dónde, por qué y qué harían para prevenir los actos discriminatorios en el país -yo por lo menos tengo varios amigos que podrían alguna vez ser discriminados por feos, gordos, chinos, prietos, homosexuales, mujeres, mensos y por su nombre (o varias, o todas las anteriores)-.
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No encontré ningún stand con títulos universales a bajo costo. Agradecí eso al cielo. Para mí sería terrible tener y no tener con qué. Mejor que así se quede. Compren ustedes, mucho, y súrtanse de novedades para leer todo el año que viene. Yo, por mi parte, me conformaré con husmear el Vanidades cada vez que vaya a cortarme el pelo.
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Yo no vuelvo hasta el próximo sábado, por cuestiones de agenda. Mi Ojosh, que no va si no lo llevo, no irá tampoco, así que no lo busquen para tomarse fotos, porque aparte ya vamos a empezar a cobrar cada vez que posa para las cámaras -una vez lo confundieron con el niño del Negrito Bimbo, pero él se negó a dar comentarios al respecto y salió por la puerta de atrás-. Pero ustedes sí vayan, caray. Tenemos una Feria de primer nivel, y ustedes nomás están papando moscas. En la semana estarán los homenajes a Monsiváis, Saramago y las reuniones con el Premio Fil de este año, Margo Glantz -LA premio Fil-. Yo me perdí las reuniones de las 22 academias de la lengua, pero ya ronda por los pasillos la nueva gramática y la nueva ortografía. No zeam Aszi. Shekenlo. Minnimo pa' que cepan komo ay kescribir.
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Ya les dije. Y si tienen credencial escóndanmela, pero vayan. Aykir.
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¡Salud!
Ya está aquí. No viene hasta el próximo año. Y está bien barata. Bara, bara, bara, bara. La Feria Internacional del Libro de Guadalajara los está esperando con las páginas abiertas. Cómo son gachos.

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Corrección: la nueva ortografía todavía no anda circulando por los pasillos, es apenas un embrioncito de ortografía, porque sus padres académicos la acaban de gestar.
Una gripe amenaza con arruinar mi semana, así que no sé si se cumplirán mis planes de ir a la FIL miércoles a ver a Juan José Millás y viernes a volverme loca gastando muchos billetes en libros.
Buena FIL.