viernes, 26 de noviembre de 2010

La defensa de la familia

Que no le digan, que no le cuenten: la familia no es un asunto natural. No es natural porque no nació con la naturaleza, sino con la civilización y la cultura. Los seres humanos descubrimos que nos sería más fácil crecer en este mundo agreste, salvaje y sucio -lo de "sucio" lo dije porque faltaba algo para que sonara más bonito, pero ¿ya vieron qué sucia está últimamente la ciudad?-, desarrollarnos, reproducirnos y morir -todavía no pensábamos en trascendencia. Ésa fue otro invento de la civilización y la cultura-, que sería más fácil prolongar la vida y no sucumbir en las fauces de los tigres dientes de sable y los mamuts -los primeros no existían cuando llegamos a la tierra, y los segundos no comían carne. ¿Ya vieron que sí sé? Si nomás me estoy haciendo menso-, si nos agrupábamos y hacíamos concha comunal.
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Y luego surgió la idea de que la mejor forma de hacerlo sería con quienes teníamos cerca. Y cuando las cosas estuvieron mejor y la asociación de los nacidos de vientres similares funcionaba, pues le seguimos, conformando sociedades en que el incesto era regla tan común como el lazo familiar. Y luego, durante siglos, nos fuimos haciendo a la idea de que nos unían lazos más fuertes que la convivencia de los genes. Pero fue sólo eso, una idea, que con el curso de la Historia y la aparición en escena de la mercadotecnia, se hizo un nicho de mercado y ya de ahí nadie la pudo sacar.
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Es mentira que nacimos como especie formando familias, como si existiera un gen "familiar" que nos obligar a amar a nuestros padres y pelear con nuestros hermanos mayores. Nel, no, no es cierto. No les crean. Dicen eso para que todos tengamos algo qué defender, y sigamos comprando "paquetes familiares", "cereal familiar" y "ropa para toda la familia". La prueba más grande de que la familia no es natural, sino cultural, es que hay que protegerla con las leyes. Nadie crea una legislación que obligue a las mujeres a tener hijos, o a los hombres a respirar. Eso es porque aquello que no es propio de la naturaleza, pero que queremos perpetuar -el orden social, el matrimonio, la salud pública y la administración de los recursos-, debe ser sometida al rigor del reglamento.
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A los homosexuales se nos ha tachado de atacantes de la familia. Nos han dicho de todo, y en últimas fechas los argumentos y las agresiones han caído en terrenos verdaderamente surrealistas. Ahora, al parecer, todo lo que se hace es justificable si se argumenta que se hacía en "pro de la defensa de los intereses de las familias", cuando esos intereses, como la familia misma, han sido creados para orgullo y regocijo de unos cuantos. "Usé el término maicear en defensa de la familia", dice Sandoval Íñiguez, a quien el Supremo Tribunal Electoral ha pedido cuentas por su llamado a no votar por el Partido de la Revolución Democrática. "Lo que el arzobispo dijo fue en su búsqueda por defender a la familia en su apostolado", defendió al cardenal su homólogo defeño, Norberto Rivera Cabrera. "La defensa de la familia es la razón por la cual no aceptamos el aborto, la eutanasia ni los anticonceptivos", revira el Partido Acción Nacional. Y la familia, en medio, nomás los ve llover -y es que si los estúpidos volaran... pero no vuelan, ¡caen!-
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Dicen que la aprobación del matrimonio homosexual y la adopción de parejas del mismo sexo, destruye a la familia. Lo dije en mi Facebook y lo repito aquí: pareciera que están dando a entender que cada vez que una pareja de novios del mismo sexo se toma de la mano, un padre, una madre, sus hijos y su perro, que desayunan alegremente Zucaritas, caen fulminados estruendosamente. No nos pasen a fregar: los homosexuales, por nuestro alto poder adquisitivo y nuestro mucho tiempo libre, somos los tíos más consentidores, los hijos más agradecidos y los consejeros más sensibles. Claro que hay sus excepciones, y no a todos se nos facilita el asunto de las relaciones familiares, pero nunca un homosexual acabará con su familia por el simple hecho de serlo, porque una preferencia, del tipo que sea, no puede jamás ser más fuerte que una institución que, si bien antinatural, ha sido siempre fortalecida por el imperio del único sentimiento contra el cual ni Sandoval, ni Pérez Peláez, ni Hugo Valdemar, podrán luchar jamás: el amor.
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A la familia nadie ni nada la destruirá jamás. Es la base de nuestra organización social, de nuestra patria y de nuestra identidad. Ir contra ella sería practicar un harakiri -y sin derecho a réplica-. Que no les vendan el cuento: una bola de hombres y mujeres buscando protección civil y vínculo amoroso legalizado, no les va a quitar el sueño a los abuelos, las abuelas, los tíos, las tías, los hijos y las hijas, ni les va a estorbar para seguirse amando. No porque esté en tela de juicio el hecho de que seamos o no una amenaza, sino porque los homosexuales también somos, aunque nos quieran sacar de algún rincón oscuro sin origen, hijos, hermanos, primos y hasta padres.
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Que no les digan, que no les cuenten. La familia trasciende por la capacidad de amarse que tienen cada uno de sus miembros, por su generosidad, su entrega y su fidelidad hacia sí misma y sus miembros. Es menos corrupta que otras instituciones -incluidas las que pretenden decir que los homosexuales la acribillamos-, y mucho más inteligente que los políticos que dicen defenderla.
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Señor González Márquez, señor Juan Sandoval, señor Fernando Guzmán: déjense de cosas. ¡Basta, somos adultos! Asuman el hecho y extraigan de él sus propias conclusiones: han existido tíos "raros" en la historia de todas las familias, y ninguna nunca se ha muerto por eso. A las familias sí las han matado, sin embargo, la incomunicación, la infidelidad, la inmadurez y la cerrazón, y ninguno de esos males los hemos acarrreado los homosexuales -ahora me van a decir que si a Telcel se le cae la señal, es porque Mi Ojosh y yo nos plantamos semejante besote. Nomás eso me falta para agarrar mi maleta y largarme a fregar a otra parte-.
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Dejémonos de cosas. Vámonos mejor a un día de campo, pongámonos hasta las chanclas y formemos una sola hermandad. Hagamos algo inútil, pues, algo que nos coma el tiempo. Total, señores, la familia se defenderá solita.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

No olvides Agus que la familia es, además de todas las cosas bonitas que escribes, una estructura creada con fines de mantener el control y el poder, con la evolucipon de la cultura, el concepto de familia ha venido cambiando, y esos que se rehusan al cambio temen que estas nuevas familias que incluyen a las encabezadas por parejas del mismo sexo, sean la semilla para su pérdida de poder sobre una sociedad que está creciendo y los está rebasando. O se que se les frunce, en palabras científicas, así que pobres de ellos, porque el que no se adapta, ya saben lo que pensaba el querido Darwin, no sobrevive.