martes, 9 de noviembre de 2010

Gélidos.

No nos vamos a poner categóricos: está haciendo un frío como para morirse. Yo, que soy afecto a este clima y estuve todo el verano lamentándome de mi suerte, ya no hallo dónde meter la cabeza. Mis dedos están todo el tiempo en calidad de témpano, y comienzan a notarlo los cajeros en el trabajo cuando llego a retirarlos y termino botando el sistema de tanto apretar botones en el teclado sin atinarle a nada bueno. Los clientes, que están tan enchamarrados que las cajas de La Comer parecen filas de entrada a un estadio esquimal, me miran con la misma lástima con que los que comparten un mismo duelo se observan. Es el dolor de saber que el frío y el entumecimiento de miembros del otro, es también, en cierta forma, el de uno mismo.
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Así que apenas llego a casa, me escondo bajo las cobijas y hago lo imposible por desde ahí marcarle a Mi Ojosh para pasarle las novedades y recoger las suyas. Él, que también es afecto al clima del hielo y la nieve, anda todo el día en bóxers y se pasea en actitud de turista por la ciudad. Éste, dice, sí es su ambiente. Yo, en cambio, al menor vientecillo ya estoy pidiendo esquina, chocolate caliente y una frazadota.
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Pero no es sólo el frío ambiental el que me trae el alma en un hilo. Es, más bien, el otro frío, el de lo duro de los acontecimientos que últimamente nos andan rondando. Para empezar, el terrible arrastre que le pusieron al buen Barack Obama en las pasadas elecciones intermedias en su país, otorgándole los votantes una importante cantidad de lugares en las cámaras legislativas del vecino país a los republicanos, la contraparte política del negrito cucurumbé. Esto, en defintiva, viene a poner el ambiente tenso, las decisiones en entredicho y el camino de las políticas públicas propuestas por el presidente Obama en medio de dos grandes signos de interrogación. Ahora, el hombre del año 2009 va a tener que buscarle para terminar las labores de su gobierno con el mejor de los resultados, en medio de un panorama social cada vez más desolador y menos a su favor, con la agenda internacional pisándole los talones, y las promesas de campaña inundando cual tempestad indeseable el cuarto oval de la Casa Blanca.
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Y de este lado, entre fríos y ejecutados, no cantamos mal las rancheras. Felipito Calderón, hombre de raras ideas, se esfuerza cada vez más por militarizar al país y, como si eso no fuera suficiente, hacernos creer que estamos mejor ahora que lo bélico está de moda -yo ya me mandé hacer mi delantal de camuflage para fregar los pisos agusto-. La lista de muertos sube, y él no quita el dedo del renglón en torno a la posibilidad de un mando policíaco único en todo el país. Yo, al respecto, tengo poca información, y mis informantes están tan ocupados asando bombones y calentándose unos a otros -?-, que les pido no esperen que traiga yo más datos que los que mi fugaz diaria revisión de los aconteceres nacionales me permite resumir. Así, tampoco esperen mi opinión. Yo, creo, soy más de la idea de que sin policías de ningún tipo nos entenderíamos mejor, pero como el frío también me trae más menso que de costumbre, mejor no me hagan caso. Basta decirles que tengo mis dudas: si policías estatales sufren del colapso de la corrupción, la autoridad mal entendida y pésimos resultados en torno a la detención del fenómeno del crimen organizado, ¿imagínense si extendemos la problemática a todo el país, y no conforme con eso la institucionalizamos? ¡Me lleva el iceberg!
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De dar frío también la primera boda en un Mc Donalds, a realizarse en Monterrey, Nuevo León, en próximas fechas. Me pregunto cuántos años tendrán que pasar para que una boda gay se realice en un Mc Donalds. Mi Ojosh ya encargó las cajitas felices, por si Quién nos quiere comprar la exclusiva, y dejar con ello una jugosa ganancia a los bolsillos familiares.
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Y entre frío y frío, una noticia cálida. La Cámara de Diputados dijo "sí" a la posibilidad de parejas homosexuales y comcubinatos de tener acceso a los derechos de prestaciones sociales del IMSS y el ISSSTE que antes se reservaban a parejas heterosexuales, católicas y felices -era requisito al presentar el trámite sonreírle a la secretaria gordita de la ventanilla, o pelabas-. Falta ver qué desorden hace el senado con dichas nuevas regulaciones, pero por lo pronto ya se hizo ver la problemática, ya se destapó la cloaca, y ya están todos dando brincos y pelando ejotes. Ni modo, don Cardenal. Se va a tener que ir haciendo a la idea de que éste ya no es su mundo.
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¡Salud! (friolenta).
Faltan 18 días para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Nos estamos poniendo guapos.

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Lo mejor del invierno es la moda.