lunes, 1 de noviembre de 2010

Cinco calaveritas de azúcar.

Ha de ser bien feo estar muerto. Mi padre, siempre dado a mejorar las cosas cuando mal andaban, aseguraba lo contrario: debe estar bueno el asunto... por algo no ha regresado nadie de allá. Yo más bien creo que eso sucede porque no los dejan salir, pero mejor no contradigo la palabra de los ancianos y me quedo tomándome mi Nesquik. Doña Mago, en cambio, habla de la muerte con la dicha, dice, que le atraerá "encontrarme por fin cara a cara con mi padre Dios" -claro que no parece preguntarse si Dios la quiere ver a ella cara a cara-. Por sí o por no, a los mexicanos nos es dado celebrar estas fechas con la alegría y la devoción que le ponemos a todo lo que hacemos -cuando lo hacemos-. Y aunque la muerte nos siga tomando desprevenidos, y hasta nos haga llorar, el dos de noviembre hacemos una tregua, la abrazamos, le cantamos, le ofrecemos comida y hasta le dedicamos poemas. Yo, que soy muy malo para la poesía, prefiero dedicarles una entrada a todos aquellos que han pasado a mejor vida este último año, o, para no extenderme demasiado, a los más destacables. Venga, pues, su calaverita, en memoria de los caídos.
.
El Macrobús. Ese será tema de otra entrada, pero su línea dos ya fue sepultada por los alcaldes de los municipios de la Zona Metropolitana de Guadalajara. Ante el fracaso del primer corredor del Bus Rapid Transit -autobús de tránsito rápido, para quienes apenas superaron el español-, la ciudadanía se lanzó en contra de la posibilidad de que se hiciera un segundo intento, y desde Palacio de Gobierno tuvieron que ver cómo los jefes en mando de las entidades municipales que forman la mancha urbana que es ya esta terrible ciudad decían "no", se cruzaban los brazos y, como Comala en Pedro Páramo ante la indiferencia del cacique, todos los interesados se iban muriendo de hambre. El rechazo respondió, dicen, a la voz ciudadana que en fugaces encuestas aplicadas en los principales cruces viales de la ciudad manifestó tu total rechazo a que varias avenidas sufrieran la imposición del armatoste de la Calzada. Ni modo, Emilio. Ni modo, señores empresarios. Van a tener que pensar en un proyecto que gane electores, gane voces a favor, y sobre todo, gane ciudadanos.
.
Manuel Espino. Su fugaz intento por lanzarse a la candidatura para la presidencia de la república por su partido, Acción Nacional, quedó en un intento, un susto tremendo de sus compañeros, y una expulsión del grupo político. Señor Espino, a mí y a todos los agregados culturales de este Baile nos sorprende su inocencia: ¿apoco creía usted que ser el "oficial" rumbo al 2012 iba a ser tan fácil como abrir una barra de pan Bimbo -dice Doña Mago que en sus tiempos era harto complicado, porque el empaque era de celofán, y que era común que, después de luchar con uñas y dientes para la apertura del mentado producto alimenticio, en sucesión de escenas tipo Mortal Kombat, uno terminara por abrir una bolsa que contenía adentro nada más que migajotas-? ¿Apoco creía usted que con decir "yo voy" iban los demás a quedarse sentados viendo cómo contestaba el teléfono con llamada exclusiva desde Los Pinos? ¿De veras lo creyó o lo suyo fue solamente un suicidio político? ¡Nah! Nos está usted cuenteando. Porque si no, vaya, señor Espino, lo creía más entrenadito.
.
La lucha contra el narco. Ésa murió mucho tiempo atrás. Nació muerta, y el develamiento de su total fracaso horrorizó a sus partidarios y a sus opositores por igual. Ahora, desde Los Pinos no sólo se intenta fortalecer la idea de su éxito, sino vender su perpetuación. Felipe Calderón intenta, con spots bastante, bastante mamucos como el del regimiento que camina por las calles de un pobladito tipo Tangamandapio mientras todos sus pobladores, la tortillera, el vendedor de globos, y hasta el cura pederasta, les aplauden, hacernos creer a todos que va bien, va bien, y va a estar mejor, y con eso comete un doble y gravísimo error: tomarnos por mensoides, y demostrar que lo somos. Esa guerra está perdida, y la legalización de la marihuana en California, así como la creciente aceptación de la idea de que ciertos estupefacientes se comercialicen legalmente en distintos estados de la Unión Americana, no hace más que evidenciar la carencia de una política pública eficaz en torno al problema, pues las actuales, lejos de frenarlo, lo han entregado al populacho aplaudidor hasta cansarlo -es como cuando la mala se convierte en el papel más explotado por la producción de una telenovela, y termina por cansar a todos-. Va mal, va mal, y va a estar pior.
.
Los partidos Socialdemócrata y Convergencia en Jalisco. Su rotundo fracaso en las pasadas elecciones los dirigieron derecho al altar de muertos, y sin coplas para cantarles en memoria. Su caso es tristísimo, pero producto del desarrollo natural de toda democracia madura: llega un punto en el que todo lo que le estorbe, será eliminado. El pensamiento de los jaliscienses no empatizó nunca con las revolucionarias pero mal expuestas ideas del Socialdemócrata, que tapizó los camiones públicos con slogans que erizaron la piel de los pobladores de una ciudad acostumbrados a que les hablen en diminutivo, y con escalas. La natural seriedad de estos pobladores jamás vio con buenos ojos aquello de "Naranjanaranja", con lo mal que les caen los festejitos. Su lucha por los votos terminó en un triste final, y un llamado a futuros actores políticos a la mesura y el recato -ya los vamos perdiendo, tarde, lentamente, pero ya vamos-.
.
El Jefe Diego. Si usted lo ha visto, repórtelo. Es hora que no sabemos nada de él, y como que a los medios les dio cus-cus investigarle. No vaya a ser que en una de ésas nos topemos con algo grande, y para qué quieren. Depsués de todo, en este país de ejecutados y desaparecidos, ya nada se puede saber, es mejor que ya nada se sepa. ¿Qué desayunó usted hoy? Sabe. ¿Compró su lotería del bicentenario? Sabe. ¿Le gusta el arroz con popote? Sabe. Así está mejor. En la isla de la ignorancia se desconoce la preocupación, y si a eso le agregamos una barra de novelas de seis horas diarias, ¡aguuuuusto!
.
¡Salud!