domingo, 31 de octubre de 2010

Réquiem por roja.

Para El Apapachoquealivia, a quien por fin hoy le hizo justicia la revolución.
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Roja agoniza. La fiel redactora, editora y hasta profesional confeccionista de este Baile, agoniza lentamente mientras esta entrada escribo desde un equipo que me ha prestado Doña Mago para anunciar a ustedes el fatal deceso, una computadora que, cabe decirlo, está bañada con agua bendita y funciona de lo lindo -no sé si por lo del agua bendita, pero el punto es que funciona bien-.
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Todo sucedió antier, cuando mientras elaboraba algunos escritos, fiel a su talacha, que siempre, debo reconocerlo, realizó con total entereza y funcionalidad, mi pie se enredó en su cable de corriente y, al momento de levantarme y sin que yo lo viera venir, la jaló con todo y cable. El tiempo se detuvo, sólo un segundo, y mi cerebro alcanzó a pensar: "por favor, que no se oiga su caída".
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Pero muy tarde. La caída de Roja se oyó, y retumbó honda, fuerte, secamente, en mi cabeza. No me repuse sino hasta tres segundos después, y me volví sólo para contemplar a mi fiel compañera de hazañas y letras tirada en el suelo, con la bandeja del CD-Room abierta, y una tarjeta de memoria a su lado, cual tripa extraída por el furor del acciente, despanzurrada. La imagen, tan desoladora como maldita, aún permanece en mi mente con terrible lucidez.
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No sé qué vino después. Sé que incorporé a mi antaño fabulosa herramienta de trabajo, la puse sobre el escritorio y, desesperado, intenté darle primeros auxilios. Ctrl+Alt+Supr no sirvió de nada. El tradicional botonazo tampoco. Le hablé bonito, le canté sus canciones favoritas, y Roja no regresó. Lo mejor que hizo por mis esperanzas fue dejarse encender y enlistarme tal cantidad de errores en su sistema que morí de tristeza nomás de ver la lista pasar frente a mis ojos. Supe que todo estaba perdido cuando le recé San Charbel -no sé si Roja sería devota, pero dicen que es un santo muy amable y servicial-, pero nada pasó. Roja en las mismas, y mi esperanza por los suelos.
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Ahora temo la ausencia de la más fiel y creyente colaboradora de este Baile. En sus teclas, desde hace dos años, la tarea se facilitó y la alegría subió de nivel. Hoy, con su pérdida, nos deja un profundo vacío, un irrecuperable duelo. De ésta, muchachos, no vamos a salir. Habrá qué ver qué hacemos, no sólo para no perder el ritmo, sino para poder salir avante y recuperar la esperanza, las energías, la decisión.
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Y que despertaba, y que estabas otra vez sanita, preguntando qué haremos hoy, para recibir exactamente la misma respuesta: ver cómo conquistar el mundo... sin salirnos de la red.
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¡Salud!

2 comentarios:

Joel Bustamante. dijo...

jejeje...
Casi lloro!!! que cruel!!
Pobrecita!!! Me dio tristeza, sentia que era un ser vivio! Aunque uno si se enamora de sus cosas materiales, y mas si ayuda a subir a la red todas estas maravillas que escribes!!!
Un saludo Agus, que te recuperes pronto de esta gran perdida!!!

Wendy Piede Bello dijo...

Que descanse en paz y te acompaño en tu pérdida, no quiero ni imaginar que haría yo sin mi Pantaleona.