jueves, 14 de octubre de 2010

Las pequeñas cosas.

La vida es coleccionar pequeños momentos de felicidad. .
Una relación no existe porque sí. Si bien la costumbre, el azar o la decidia, pueden provocar el impulso que une a dos desconocidos, ninguno de estos factores potencializa la relación hasta formar un vinculo y generar la cultura, el folklore y por ende la lengua, la cosmovisión compartida sólo, y antes que nada, por los integrantes de la pareja. En pocas palabras: con sólo el empuje inicial que la forma, la relación de pareja no avanza más de unos cuantos pasos, y si no se construye para ella en ese primer impulso, fundamentalmente químico, algo más que sólo besos, abrazos, arrumacos y apodos con nombres de pastel -tag Mecano-, la cosa se viene abajo y con un estrépito ensordecedor -tag narración Televisa-.
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¿Qué hace funcionar a una relación más allá de los primeros meses? Me lo han preguntado todos aquellos seres desdichados -en su mayoría mis amigos, lo que los hace doblemente desdichados- que increíble e inexplicablemente tienen la idea de que yo soy formal y estable en mis relaciones con los otros. No, no, no, nada más equivocado. Antes del vínculo con Mi Ojosh, andaba yo por la calle de la amargura en ese asunto de entregar la vida y recibirla a cambio. Por eso, al respecto no puedo dar más consejos que los que la experiencia negativa, las caídas, los descalabros y los disgustos me han llevado a concluir. Y los consejos, bien decía cierto video en internet -si no, ¿pus dónde?-, no son más que sinsabores que sacamos de la memoria, limpiamos un poco y exponemos con la nefasta intención de que por fin sirvan de algo más que amargarnos la vida.
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Así que no sé. Me lo preguntarán trescientas veces y les diré exactamente lo mismo. No tengo la menor idea. Hoy, sin embargo, dos detalles que son un mismo detalle, que han volcado mi corazón y me han dejado con la reconfortante sensación de que jamás estuve más acompañado, y que no dejaré de estarlo, me han dado una respuesta más que definitiva: si bien no es su unico alimento, las relaciones amorosas funcionan gracias a los pequeños detalles que las hacen perdurar, estos que, cuando uno esté muy enojado con la otra persona, buscando razones para continuar -la llamada al individualismo es casi casi natural en el hombre, que de tanto convivir se cansa y pide esquina-, serán los que recuerde, los que admire, los que ame.
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Hoy, al llegar a la escuela, La Zucaritas, que posee un cabello que se pone cada vez más imposible conforme avanza el invierno, y que hoy llegó en franco look de nube alborotada, me llamó aparte para sacar de su bolsa un Mazapán De La Rosa -que antes de la llegada de mi cobija de chinos y ojos, era mi más grande amor-, y me lo dio con un claro, aunque yo no lo entendiera de pronto, mensaje: "Te llegó esto de Vallarta". Para ello, tendría yo que hacer una acotación que para no remover mis lágrimas y mi profunda y natural orfandad, no he querido comentar a ustedes en días pasados: Mi Ojosh, que cada vez tiene los labios más sabrosos, se fue a tierras puertuarias de Jalisco para servir cafés y preparar bebidas, cosas que hacía a diario en tierras tapatías, pero que deben salirle mejor junto al mar. Es por eso que La Zucaritas fue encomendada por mi cobija de chinos y ojos para hacerme llegar, a la distancia y sin esperarlo, un mensaje de su presencia ininterrumpida.
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Imaginarán que lo atasqué de mensajes de texto, no sólo agradeciéndole sino manifestándola una verdad que, si ya tomarons ustedes nota y están a punto de repetir con sus respectivas parejas, seguro también recibirán a cambio de la sorpresa del Mazapán: detalles así me hacen sentir vivo, y que sea él quien las ejecuta, lo convierte en mi dador de vida, tranquilidad, seguridad, fortaleza y unas ganas tremendas de comérmelo a sorbitos ligeros -eso de la antropofagia puede cambiar como resultado de pareja a pareja-.
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Pero el asunto no acabó ahí. El Gerber, cliente asiduo de este Baile y profundo colaborador del bien ajeno -aunque por protegerse lo niegue y quiera hacerse pasar por malvado, sin que se le quite la cara de conejo amoroso-, se prestó a un segundo momento maravilloso del día: mediante astucias y movimientos sistemáticos, mi amigo conejoide se encargó de ponerme una encrucijada para trazar una sorpresa y hacerme llegar no sólo un par de conchas Tía Rosa -que fueron durante un tiempo mi amaciato durante mi amorío con el Mazapán de la Rosa (y nótese cómo ambos productos comparten el florístico nombre)-, sino también una carta escrita por Mi Ojosh, en la que explica que todo ese detallismo -?- responde a la imparable necesidad de hacerse sentir cerca de mí.
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Yo, así, con detalles como esos, las doy las redoy. El Comité de Buenas Conciencias, Moral y Antiasquito de este Baile, acaba de asustarse y proponer mi excomunión. Pero yo, que soy ante todo un amante de la verdad, no tengo otra cosa que hacer que ignorar la propuesta y asegurar que digo lo que digo porque es verdad. Ésos, sí son hombres, y no remedos de pellejo. Ésta, sí es una pareja, y no una unión accidental. Lo único que hay de accidente entre mi cobija de chinos y ojos y yo, es que él está en Vallarta y yo aquí, nomás viendo la tarde llorar. Por detalles y arducias como ésos, yo me entrego, me sostengo y lo doy todo. Además, imagino su carita de sospecha pensando en todas las posibilidades, trazando estrategias, estableciendo tareas, y las de mis amigos recibiendo órdenes, manifestando así el profudno cariño que tienen no sólo a mi persona, sino a la persona de Mi Ojosh, y a la relación que ambos formamos desde hace ya más de un año, y toda esa imagen me enciende el corazón en alegría.
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Entonces, señora copetona, señor licenciado, señora chancluda, tomen nota: si algo pone feliz a la pareja y fortalece el vínculo, son los pequeños momentos que dos seres que se aman fundan para amarse más. Yo, a Mi Ojosh, hoy lo amo tres veces más que ayer, y el doble por ser jueves. ¿Qué espera? Salve la distancia y dele a su pareja la posibilidad de reencontrarse, bailar un buen danzón, y luego cenar a la luz del te quiero.
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¡Salud!

1 comentario:

Joel Bustamante dijo...

Buenisimo!!!!!
Tienes toda la razon!,cada detalle marca la diferencia en una relaciòn, un rosa, un dulce, una carta, hasta un pequeño pero no menos importante mazapan de la Rosa!! (jejeje)
Y pues quien no gusta de un rico mazapan!!! (jijijiji)

jB-.