miércoles, 27 de octubre de 2010

El telar de Penélope XI.

Nos vamos a poner chiqueones. Para chiquear a un Choito no existen instrucciones. Es necesaria una ración de tres sacos de amor, cuatro de entendimiento, ocho de empatía y como tres toneladas de inteligencia. A los Choito se les conquista con detalles, sorpresas y algunas dosis de alimento. Las palabras son importantes, importantísimas. Decirles lo que esperan escuchas, pero ante todo decirles la verdad, es el primer paso para un chiqueo completo y funcional. Por eso hoy, como en la distancia hace mucha falta el chiqueo, voy a chiquear a Mi Ojosh. Apunten bien.
.
Para chiquearte, voy a bajar las estrellas y la luna. La luna te gusta mucho. Te gusta también ver el cielo estrellado y pensar lo chiquitos que somos. Las estrellas y galaxias son tus chinos, que se extienden por millones en formas insospechadas, cubriendo todo el Universo. En tus pupilas brillan dos soles incandescentes. Y así, cuando tengas de cerca a Júpiter y a Saturno, podrás jugar con sus satélites, hacer de sus anillos un hula-hula, o divertirte escarbando en los cráteres de la Luna. Me dirás que el conejo de la luna es Conegers, y que llegó ahí por intercesión angelical, y sólo tú y yo entenderemos esa broma. Tus estrellas, de picos geométricos, se pondrán a tu disposición para que con ellas peines y des forma a tus chinos arrebolados. Tu Universo será tu cuarto de juegos, y yo seré feliz al verte reír.
.
Para chiquearte, voy a construir una casa con muebles minimalistas y la llenaré de cosas nuestras. Tendrás una cocina grande, de acero inoxidable, con toda esa gama de muebles y artefactos que por ahora sólo tú sabes usar, pero que con el tiempo, cuando haya más y más chiqueos, tú me enseñarás a prender, apagar, moler, picar, sacudir y sofreír. Leudar. Y así, una mañana de domingo, te sorprenderé con un desayuno en la cama que será otro chiqueo: los chilaquiles medio duritos, con trocitos de pollo o sólo crema, harta crema. Crema sacada de una vaca que también tendrás para verla comer, pero que no olerá, porque también, para chiquearte, voy a regalarte un mundo en el que sólo existan olores agradables, olores que te matan: el café, la manzana y la canela, la vainilla, el curri, la albahaca, el cilantro, las carnitas.
.
En nuestra habitación, para chiquearte, pondré un candelabro que nos alumbre, y unas cortinas muy gruesas para cuando dormir sea una obligación. Habrá un edredón azul, grueso, y un buró para ponerlo todo. Una pantalla gigante para -no- ver las películas que nos seguimos debiendo, y un espejo también muy grande para que, mínimo, alcances a verte en todo tu esplendor. Y luego habrá un guardaropa digno de tu afición por los pantalones, los tenis y las playeras. Y, para chiquearte también, haré que Ozono, Vans y Puma diseñen para ti con grises, negros, blancos y tintos, cuadros, rayas y agujetas. Junto a la cama, habrá un balcón, y bajo él te llevaré, para chiquearte, serenata. Te cantaré las que te gustan, y las que te hacen llorar de la emoción. En el pasamanos, para chiquearte pondré girasoles y alcatraces, que, para chiquearte, haré regar con agua de vida. Desde el balcón, muy grande, podrás ver un atardecer que, para chiquearte, pintaré diario en tu propio cielo azul.
.
Cerca de la casa, pondré un bosque frío y nublado, y más lejos, por allá, como el antojo que se esconde en la alacena para ser consumido sólo una vez al año o cuando hay visitas, habrá una playa para ti, para dos. Y junto al bosque, para consentirte, una ciudad, grande, poblada, llena de diversiones y secretos maravillosos, plagada de historia hasta por debajo de las piedras. Y cada día libre, mientras caminemos por su centro, su zona rosa y su zona artística, te explicaré la historia de sus museos, galerías, prados y palacios. Te esconderás en sus alcázares, y te maravillarás de las sorpresas que, como toda real ciudad, te tenga preparadas. Para consentirte vivirán todos nuestros amigos en un gran complejo habitacional, y para consentirte irás en tu Crossfox, casa por casa, de tarde en tarde, armando la charla y el café.
.
Para consentirte, construiré una jaba de vinos y tú me enseñarás a catarlos. Me guiarás en torno a sus sabores, y, también para consentirte, venceré mi alergia a la más antigua de las bebidas alcohólicas y podré beberla contigo. Para consentirte, me pondré borrachito y reiré, y, para consentirte, grabaré mi risa alcoholizada y podrás reproducirla cuantas veces quieras para seguirte riendo de mí.
.
Para consentirte, haré traer café de altura, y pondré una plantación junto a la casa. Al despertar, olerás la hierba, la tierra mojada, el sol que despierta a las criaturas. Para consentirte, te haré bajar un sol entero que no calentará sino iluminará. Será tu sol, y con él podras subir y viajar como en un globo aerostático, y para consentirte, tu sol te llevará hasta Río, y le chocarás la mano al Cristo del Corcobado. Para consentirte, haré que tu sol te lleve al carnaval, a las pagodas, a los restaurantes y a las costas. Para consentirte, te regalaré Hipanema, y cuando estés cansado de las playas, te haré bailar la zamba, para consentirte, en las calles de la capital.
.
Para consentirte te llevaré a probar comida en cada fonda de cada ciudad del mundo. Para consentirte, reiré contigo cuando no podamos pronunciar los nombres de platillos igual de exóticos en la Patagonia como en Rusia. Y probaré contigo, para consentirte, mil tortas de mil sabores en mil naciones diferentes. Y cuando terminemos, para consentirte, haré que recuerdes todas y puedas diferenciarlas, y prepararlas una, y otra, y otra vez, para volver a viajar.
.
Para consentirte, crearé leyes que nos protejan y sociedades que nos dejen tomarnos de la mano y besarnos en las calles. Le bajaré el volumen a los altos jerarcas de la Iglesia Católica, y haré feliz a los tuyos con mil deseos cumplidos, para que nunca más tengas que preocuparte por lo que le falta a tus amigos, a tu familia, a tu ciudad.
.
Para consentirte, me pondré el traje de baño que tú quieras, y bailaré lo que tú digas. Para consentirte, me vestiré de oso polar en navidad, y usaré bufanda y gorro bicolor. Para consentirte, hablaré chiqueado, te daré un masaje, y me bañaré contigo. Para consentirte, me pondré un moño de regalo y llegaré a ti con dos camiones de besos interminables, que podrás usar cuando quieras mientras yo no esté. Porque cuando esté, para consentirte, seré para ti sólo besos, sólo abrazos, sólo piel.
.
Para consentirte, compraré los juguetes que siempre quisiste, y hare que Matel, Hasbro y hasta los artesanos mexicanos, fabriquen juguetes a tu placer. Tendrás un Hot Wheels de tu tamaño, un Tundercat de copiloto, y un Munra personal para "partirle el hocico a patadas". Para consentirte, te daré una sala de cine, un expendio de postres, un Boca 21, una tortería Las Famosas y un Burger King. Para consentirte, construiré una alberca de pelotas del tamaño de un estadio, y quitaré el futbol de la tele los domingos. Para consentirte, haré que en tu celular tengas los números de Shakira, Julieta Venegas y Eva Amaral, y para consentirte pondré Telcel a tu disposición y podrás hablar con ellas como viejas amigas, traerlas a la casa, invitarlas a jugar con tus planetas, tus estrellas y tus soles.
.
Para consentirte, curaré las heridas del pasado y acolcharé el futuro. Para consentirte, haré que nada te hiera, nada te duela, nada te atormente.
.
Para consentirte, estaré yo, y para consentirme, que estés tú será suficiente.
.
Para consentirte, destejeré, porque ya llega el amanecer que para ti también he pintado.
¡Salud!

No hay comentarios: