domingo, 24 de octubre de 2010

El telar de Penélope VIII.

Toda institución que se precie de ser seria, formal, comprometida y humana, posee valores. No hay la que no. Las que operan con fines de lucro y las que trabajan por caridad; las que pertenecen al Estado y las que emanan del pueblo; las que se originan tras conflictos con instituciones presedentes y las que aparecen en escena obligadas por la evolución de los pueblos. Sin valores, nada germina, nada crece, nada prospera. El Tec de Monterrey, connotada institución educativa de nivel superior en nuestro país, intentó formar jóvenes emprendedores y líderes en sus primeros años, capaces de dirigir y crear empresas, generar empleos y ganar mucho dinero tomando decisiones difíciles. La universidad privada más cara del país olvidó incluir materias de valores en la práctica profesional. El resultado fue caótico, pues liderazgo sin valores decayó en la formación de ogros -"¡He creador un mounstruo, y está vivo!", gritó Rangel Softman, el rector general del Tec de Monterrey, ante la primera generación de líderes emprendedores, al puro estilo del doctor Frankenstein en la célebre novela de Mary W. Shelley-.
Y eso pasó porque los matemáticos del Tec olvidaron incluir en su fórmula la ecuación secreta: un mundo sin valores, está condenado a ser devorado por las hormigas del olvido y la depravación.
.
Mi Ojosh es un hombre lleno de valores. Reconoce la mitad de los que tiene, lo cual le proporciona un valor agregado: la humildad. Pero, entre otras cosas, mi cobija de chinos y ojos es afecto a la lealtad, la justicia, la sinceridad, la sencillez y la limpieza. Además, es educado, empático, generoso y fiel. Ya sé, ya sé, van a decirq ue así lo digo porque, como diría doña Mago, -que en estos momentos está visitando la Ciudad de los Palacios vía invitación del mayor de mis hermanos, y según las últimas noticias se ha sorprendido al descubrir lo mucho que ha cambiado la ciudad desde la última vez que la vio, pues ya no hay chinampas en un lago florido... ni hay lago florido... ni hay flores- lo veo con ojos de amor, y sí, tendrán razón, ¿con qué otros ojos he de verlo? Pero yo no intento venderles nada -la última vez que lo hice, fueron las palomitas sabor cochinita pibil, y nadie me las compró-. Lo digo porque lo creo, y lo creo porque yo no ando para desperdiciar mi tiempo, y si no encontrara valores en el hombre que amo, ni lo amaría ni sería mi hombre.
.
También es responsable, perseverante y crítico. Dura, terriblemente crítico. Incluso puede juzgar más fríamente que yo, pero prefiere no hacerlo, quizá conocedor de que los juicios son del diablo -él no cree en el diablo, pero así se dice, pues-. Creció en un barrio bajo -el asunto de las clases será tema de otro telar-, y no se avergüenza de su pasado. Más allá: prefiere asumirlo y procurarse un futuro más digno. Aspira a algo mejor, pero no cree tenerlo todavía como para perder suelo.
.
Es ardiente y apasionado, pero también sabe dormirse en sus laureles -y lo hace más a menudo de lo que mi ánimo, dado a andar de prisa, suele tolerar-. Es paciente, magnífico con los que lo apoyan, y terrible con los que le dan la espalda. Nada trata más duro que a una traición, una injusticia, un abuso. Si puede ser el ánimo más calmado y franco que existe, puede ser también un hielo cuando se trata de ser cortés, por lo menos cortés y educado, con quienes no le caen. Pero ese es otro buen dato de Mi Ojosh: para no caerle, o caerle mal, que viene siendo lo mismo, pero no es igual -?-, hay que, de plano, ser bien gacho. De ahí se desprende que yo le conozca sólo dos enemigos permanentes: los fanáticos religiosos y los malandrines.
.
Claro está que yo comparto con él esos y otros valores. Pero también está claro que hay valores que yo considero destacables, como la espiritualidad, que él prefiere no compartir. Sin embargo, su buen humor le permite la broma, y la broma la tolerancia y el respeto. Es respetuoso a morir. Nunca le he visto una mueca hacia quien es civilizado, pero sí puede ser bastante frío cuando la gente se porta gacha con él, y su frialdad, que ni te mire -y miren que eso está difícil en una persona que es 90% ojos-, es ya un duro desdén. Nunca será grosero contigo, pero si deja de verte, o peor aún, te mira receloso, ya lo perdiste.
.
Tampoco comparto su propensión a recelar de los demás. Para acceder a él hay que ganarse su confianza, y eso no es difícil, aunque sí fácil de perder e imposible de recuperar. Eso lo valoro mucho, y lo he aprendido de él: la gente no es toda buena, y la apertura de mano que tú le ofrezcas tendrá que ganársela. Así se evita uno muchos descalabros, y mucha pérdida de tiempo. Así se va ahorrando uno espacio en el corazón.
.
No podría decir cuáles de todos los valores que enlisté son los más característicos de la relación, o los que nos han llevado a mantenerla firme, viva y creciente como está. Sé que son muchos, y la combinación de los suyos y los míos -yo, por ejemplo, lo he enseñado a ser paciente y tolerante, a respirar antes de decidir y dar siempre un poco más de lo que los otros esperan, un valor agregado como factor sorpresa-. Y sé también que los mantendremos firmes, ondeando en lo alto, orgullosos de a dónde nos han llevado, y esperanzados de que habrán de depararnos, esos mismos valores y muchos más que mutuamente habremos, con esfuerzo y disposición, de adquirir y conservar, muchas más sonrisas en el futuro prometedor.
.
Ahora, sin embargo, llega el amanecer y destejer será la cura para alivinar la ausencia.
.
¡Salud!

No hay comentarios: