viernes, 15 de octubre de 2010

El telar de Penélope I.

Teje Penélope. Teje hoy como tejió durante quince largos años su nuevo ajuar. Teje Penélope esperando a Odiseo, que del mar no regresa. Teje Penélope, desconsolada, y jura para sí misma que si el ajuar termina de tejerse en el telar, Odiseo no vendrá ya más. Teje y por eso, temiendo slaga de su boca la verdad enlutecida desteje cada amanecer lo qeu ha tenido durante toda la noche. No vaya a ser, se dice prudente y grandilocuente, que mi Odiseo no regrese, y me quede calentando la cama nada más con su recuerdo, su recuerdo perdido en el fondo de un caracol.
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A Mi Ojosh también se lo ha llevado el mar. Los quince largos años de espera de Penélope frente al telar, espera incierta, son para mí quince larguísimos días de espera irresoluta hacia el dueño de mis quincenas. Y como Penélope espera, paciente, inalcanzable, imperturbable en su tarea de tejer y destejer, esperaré yo sereno, calmo, aún en la tempestad que sacude el manso barco de mi estabilidad emocional en fuertes embestidas. Y como yo no sé tejer, y la raíz semántica de la palabra "texto" es "hilado o tejido", escribiré, escribiré arriando al recuerdo y haciéndolos a ustedes partícipes de este telar, del único gran manto que en la vida puedo jactarme tener: el manto protector, cálida y no biodegradable, de mi relación. Porque escribiendo, dicen, se acomodan los pensamientos y se someten los sentimientos.
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El elixir de nuestra relación es la Coca Cola Light. Nuestros grandes momentos, nuestros grandes pasos, las decisiones importantes y los momentos de ardoroso placer, los hemos acompañado con una botella de Coca Light y así hemos podido aceptar la realidad cuando se pone difícil, y festejarla cuando nos es satisfactoria. Hubo dos vasos de Coca Light en nuestra primera cena romántica, en nuestro primer pic-nic, en nuestras comidas, nuestros desayunos, nuestros antojos sabatinos, nuestros descubrimientos, incluso en nuestros momentos de mayor intimidad, cuando lo que falta es un poco de agua para recuperar la vida que ha sufrido una muerte pequeña, no podemos evitar buscar el dulce sabor de la bebida yankee y llevárnoslo a los labios.
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Llegamos a comer a Mc Donalds, restaurant privilegiado por sus precios más que por su sabor, y se dividen labores de un modo casi natural: yo voy a hacer uso del sanitario -siempre hago uso del sanitario cuando llego a algún lugar, parece manda-, y él se acerca a la barra y va pidiendo. ¿De tomar? Dos cocas light. Cuando llego a mi lugar, me esperan por derecho dos grandes bienes: la sonrisa de mi guapo, y mi Coca Light bien fría. Cuando por alguna razón se pide sólo comida para uno de los dos, él preferirá la Coca Cola regular, porque resulta que el caracter máximo de la Coca Cola Light está en su compartición en pareja, como del cáliz beben un poco todos los que participan en un determinado rito.
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Compartir la Coca Cola Light es además la forma más evidente de hacer y aprender a hacer pareja. Desde que en un día muy caluroso se bebió el último trago sin preguntarme si deseaba más, ahora partimos en dos hasta la última gota. Ha sido también un proceso de aprendizaje: acostumbrados a privilegiar lo personal, tanto mi cobija de chinos y ojos como yo, hemos tenido que meter reversa para aprender a ponerlo todo por mitad, incluido ese último trago que, dicen, sabe mejor que el resto de la Coca. Ahora, en la distancia, estoy seguro que Mi Ojosh bebe ese vino de dudosa factura y recuerda no sólo su terruño, sino especialmente su territorio, su patria, su país y su esencia. Y viene a mí volando por lo alto, muy puesto en sus chinos, para darme un abrazo de burbujas y dulzor que dura lo que un trago en pasar por la garganta.
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Yo, que me quedo de este lado, bebo una diaria a su salud y descubro otro gran misterio: no sabe igual si no está él a mi lado esperando su turno para pegar sus labios carnosos a la boca de la botella y beber un poco, mientras me mira de reojo, atento siempre a mis reacciones más que a su comida. Una nota cachondona dirá claramente que el mejor vaso del cual hemos bebido Coca Light es la boca del otro, y que no hay mejor popote que los labios mismos. Pero esos temas darían para otro telar, y por ahora ya amanece, y la llegado el momento de destejer.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

No quiero ser amargada, sobre todo porque resulta que mi Absoluto se acaba de ir al D. F. hace alrededor de una hora, pero la coca ligth es casi como veneno, es mucho más dañina que la coca regular, así que yo les recomedaría que cambiaran su elixir.
Besos.