lunes, 13 de septiembre de 2010

Para viajar.

"Estos son los últimos preparativos para las vacaciones que nos tomamos para descansar de los últimos preparativos de las vacaciones que nos tomamos", decía Mafalda. Mañana como a estas horas, si todo sale conforme al plan, ésta su pluma y su cobija de ojos y chinos, estaremos internándonos en las paradisíacas calles de la capital del país. La intención del viaje no es otra que gozar de los placeres fabulosos, atractivos para todos los sentidos, que solamente LA ciudad de México puede otorgarnos a los mexicanos. Porque ya saben ustedes que yo soy un fan declarado, humildemente tan sólo un aspirante a ciudadano residente.
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Como México no hay dos. Mi Ojos, que del gusto empacó desde hace un mes y olvidó su incondicional amor por el orden empacando primero el desodorante y el cepillo de dientes, por lo que estos dos días ha tenido que estar sacando todo de la maleta para volverlo a meter, ya se dio cuenta de que ésta ha de ser el viaje más comprometedor de su vida: llevado primero por puro amor a lo que mis ojos le cuentan que hay subiendo al valle, ahora ha dado lugar al morbo y la ansiedad, y aspira a contemplar edificios de más de veinte pisos de altura, verdaderos nodos y viaductos, y a codearse con lo más selecto del pópulo y la pópuli. Ahora sí, accederá al título soberano y favorable de mexicano, y, estoy seguro, se olvidará para siempre de provincia -cualquier parecido con la idea de que estoy intentando moldearlo a favor de una vida en la Ciudad de México, cuna y origen de toda verdadera vida, centro del Universo, hombligo de la Tierra, es mera especulación insana que raya en la verdad-.
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Hemos de hospedarnos con el mayor de mis hermanos, que habita su tierra desde unos cuantos meses atrás, y que además la habita muy bien, en un punto estratégico para todo recorrido turístico y toda búsqueda racional de la belleza de LA Capital. Porque también, hay que decirlo, tiene cosas muy feas, que los que la amamos, aunque al mismo tiempo amemos la verdad, preferimos ocultar. La ventaja de una ciudad tan densamente poblada es que la mayoría de las cosas feas se encuentran en el territorio del circundante, priísta y peñanietoista Estado de México, por lo que los horrores y desagravios contra estandartes de la estética como el Ángel, Bellas Artes o San Ildefonso, le pueden, y deben, ser imputados a los chichimecas que rodean a la magestuosa Tenochtitlan.
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Y hemos también de conocer, reconocer, amar, abrazar esa urbe de cemento, piedra y flores, que seguramente nos recibirá como sabe hacerlo: con una mano en el hombro y la otra en la entrepierna -digo, bien agarrados, pues-, y nos dejará recorrerla como el cuerpo lánguido y sensual -por un versito me sentí Agustín Lara- de un amante que se rinde a las manos de su protector. Mi Ojos la hará suya, y la Ciudad, estoy casi seguro, se entregará a él y juntos darán rienda suelta a una pasión que, espero, sobrepase la que ella y yo la llevamos hasta hoy. Seremos la Ciudad, mi compañero y yo, el trío perfecto del futuro inquebrantable.
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Claro que sobra decir que estos días de preparación al viaje han sido fatigosos y dolorosos. Nuestra oportunidad de viajar se ha visto mermada, e incluso negada, por jefes, trabajo, escuela y familiares. Por un momento en las semanas anteriores preferimos mejor dejar de pensar en la posibildiad de viajar, para ya no sufrir sobresaltos de ancianita fanática de AMLO subida en el Batman The Ride -nota al margen: pese a las insistencias prolongadas de Mi Ojosh, no visitaremos las instalaciones, NI las inmediaciones, de ese lugar de desviación perversa y pérdida de tiempo que se hace llamar Six Flags. Lo nuestro será un viaje de amor, amor y cultura. Fin de la anotación al margen-. El resultado fue favorable, y pasó lo que siempre pasa con las mejores cosas de la vida: llegó cuando menos nos lo esperábamos.
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Es momento de soñar. Abrir los ojos será, si todo sale conforme lo planeado, despertar en la Ciudad de los Palacios. Hace dos años, la hice mía como nunca. Ahora le tocará al compañero de mis días, mi eterno suéter de ojos y chinos. Será la ciudad de dos, y también será nuestro palacio.
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Por cierto que entre los planes está dar el grito en el Zócalo. Si Felipito nos acepta, hasta le daremos la mano y gritaremos con él. Este Baile lamenta con la profunda tristeza que embarga al cuerpo hábido de fiesta y canto, la cancelación de los festejos alusivos al Grito de Independencia en varios estados del país. Cuando ya ni la fiesta, el canto, la algarabía, la reunión y la celebración se pueden tener, estamos ante una nación en verdadera crisis. Muy mal. Los que podemos, gritaremos, gritaremos, gritaremos.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Qué envidia visitar el D. F., aunque pensándolo bien, precisamente esta semana creo que no es la más conveniente, pero si Dios me da licencia, me presta vida y me deja amanecer, como diría una de mis tantas tías, la ciudad me acojerá de nuevo el próximo enero para festejar el cumpleaños del portador de los chinos más sexys del planeta -no conozco a ningún marciano con cabello chino, pero por si las dudas-. (Una recomendación: cambia el verde de los letreritos sobre fondo gris son un insulto para la vista).