jueves, 23 de septiembre de 2010

La vuelta al periódico en noventa caracteres.

Como muchos de ustedes ya lo saben, y los que no se van enterando, que para eso es este Baile, y no para cosa distinta que el chacoteo, el chismesillo de pasillo, la ronda bironda -así dice mi madre, pero no me pregunten cómo demonios se canta la ronda bironda, porque yo comienzo a temer que se trate de uno de esos juegos que se utilizan, dicen mis informantes, para romper el hielo en las orgías-, se van enterando, pues, que dejé el periodismo en enero pasado, la actividad que más he amado después de dormir y beber Coca Cola Light en exceso, debido a la incompatibilidad de mi pasión con los álgidos, fríos, inamobibles horarios que exige mi actividad escolar. El periodismo es un amante celoso, y exige tanto, y de tan buen modo, que uno termina por mejor tomarle la palabra y lanzarse al disfrute pasional y desinhibido de sus idas y venidas.
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Desde enero, pues, he ido y venido de trabajo en trabajo. Son ya nueve meses de andar pepenando oficios y cazando sueños. He intentado convencerme, con el paso de los días, de que me gustan los números, los clientes, los sistemas y las cuentas por cobrar. En vano. Nada de eso es para mí lo mismo que una rueda de prensa, el olor de la tinta sobre el papel y la necesidad de andarlo preguntando todo. Ni cuadraje de venta, arqueo o presupuesto, son términos que me hacen hervir la sangre como exclusiva, entrevista, crónica o reportaje. Vean nomás: los escribo y se me hace agua el cerebro.
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Por eso es que la invitación que ha hecho a mi bandeja de entrada La Paupau, editora de pasadas glorias que anduvo en un periodo sabático para salvar el pellejo de la crisis -dicen las malas lenguas que llegó a vender desodorantes por catálogo, pero por el bien de su imagen pública no divulgaré semejantes ofensas a la moral, la familia nuclear y las buenas costumbres-, me sabe a gloria y me trae la dicha. Me ha pedido, palabras más, palabras menos, escribir un artículo periodístico de opinión para una nueva publicación en la cual espera participe. El acto es meramente referencial: me ha pedido que haga periodismo, de opinión, pero periodismo en fin, y eso, ya se imaginarán, me ha servido un vaso de agua fresca en el desierto que venía siendo hasta ahora para mí el quehacer administrativo.
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Perdido entre papeles encontré al poeta. No sé si haya un cuento que así empiece, pero ya se me empezó a ocurrir. Será un buen momento para desempolvar a la musa, que ya del aburrimiento aprendió a sacar puntos de equilibrio y cotizaciones, y ponerla a hacer lo que mejor le sale: mover la pluma. Ya les diré lo que surge. Por lo pronto, se acerca la luz de la creatividad, la información y la inteligencia. Chambitas del mundo abstenerse: este hombre, que es todo tinta y rotativa, va a hacer temblar conciencias.
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No vaya a pensarse, sin embargo, que no aprecio mi trabajo. Me da de comer -en tiempos en que hacerlo tres veces al día es ya un triunfo y una proeza-, y le da de comer a Mi Ojosh cuando se administran bien los bilinbiques. Además me ha hecho conocer gente interesante, sentirme activo, aportar algo, por pequeño que sea, a mi comunidad, mi sociedad, mi patria y al mundo -ésto último podría ser el final de un poema para recitar en la primaria a las mamás. ¿Ven cómo ando inspirado?-. Pero por más activo, interesante y fabuloso que sea esa labor, nada tiene comparable con el quehacer que atañe a los cuestionamientos, las editoriales, los titulares y los encabezados. Es hora de escribir, y de reformar el mundo desde la comunidad de las teclas y el cursor. No les prometo un cambio inmediato, pero de que los haremos temblar, y de que nos vamos a poner de buenas otra vez, eso ni duda cabe -¿cuánto mide una duda? Otra pregunta inútil para ocupar a los ninis-.
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¡Salud!
PD: Llegó el otoño. Calladito, sigiloso, como quien no quiere, nos tomó por sorpresa y están por empezar los mejores días del año. Es el momento de guardar las sombrillas y sacar las cobijas. Chin-chin al que no ande con pijama, pantufla y mameluco. Chin-chin al que no esté ya pensando en Navidad.