jueves, 17 de junio de 2010

Las cosas buenas.

Guarden un minuto de silencio. Concéntrense en ese ligero ruido que forma el acumulado de golpeteos sobre el cristal. ¿Piedras, pedazos de hierba que lleva el viento? Su choque transporta, su humedad reconforta, su olor es uno de los más gratos placeres que la naturaleza ha dado a los sentidos como regalo. Sí, señoras y señores, la lluvia ha llegado, y ha puesto a todo el baile de buenas.
.
Yo todavía no me explico cómo hay gente que puede no tolerarla. Los días nublados son tan perfectos que a duras penas son superados por las noches nubladas: el frío delicioso, no demasiado alardeante, no tan ligero que cualquier rayo de sol se lo lleva, nos pone de buenas, y la gente le cede espacio al buen humor, la charla, el cafecito y el pan. Todos comemos más galletas, y por eso la gente es más feliz -certificado ante notario público-. Las parejas se besan con más ganas, los perros jadean menos y las tiendas ponen sus mercandías en descuento.
.
Además la lluvia protagoniza el curso del verano, lo que significa que marca la llegada de los estrenos cinematográficos a las carteleras, las horas libres y las posibilidades infinitas del paseo. Mi Ojosh y yo hemos tenido pocas horas este verano para caminarlas, pero hoy ya tuvimos nuestro primer beso bajo la lluvia, ¡y qué beso! Ésa es otra cosa que la lluvia trae consigo: a uno le entran unas ganas tremendas de cumplir al pie de la letra aquello que la canción de la española Rossana tan sabiamente expresó: por hoy, no subirse al mundo, y quedarme entre su piel.
.
Con la lluvia las sábanas se pegan, los jefes andan de buenas y los hermanos no se pelean. Con la lluvia llega la esperanza, el aliento, la sensación de que el resto del año, por alguna razón que no alcanzamos a vislumbrar, será mejor. Además no les pasa que con la lluvia extrañan más a sus amigos, y se levantan desesperados los recuerdos para abrirse espacio en el presente. Yo, cuando llueve, amo a los que están lejos y quiero un poco más a los que están cerquita. Recuerdo una vez que, en plena llovizna, un hombre exclamó junto a mí en la parada de un camión: "¡Vaya! ¡Cómo era buena la sopa de mamá!"
.
Así que venga la lluvia. Ojalá se quedara todo el año, pero resulta que, como las cosas buenas de la vida, se nos da nada más en probaditas. Que caigan las gotas a mares, que se inunden así los corazones y nada más se necesite. Que se escriba bajo su manto uniforme la mejor novela, la mejor poesía, la mejor historia de amor. Que si la lluvia trae consigo la frescura, traiga también las cosas buenas. Señoras, señores, llegó el momento: vámonos amando bajo el resguardo cristalino de las gotas.
.
¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Cuuuursi, pero acepto que la lluvia es mejor si estás acompañado, o como diría Kazzkabelito: "es como para estar enpierna'o".