jueves, 13 de mayo de 2010

Sobre Paulette (o una nota a la ignorancia).

Paulette Guevara Farah: sobre ti ignoro muchas cosas. Ignoro si valdrá la pena dedicarte una entrada de este baile. Ignoro también si algún día podrás saber de estas palabras, o si estarás enterada ya de todo lo que respeto a ti se dice. También ignoro qué sentirás al ver tu nombre en titulares, cintillos, mantas y declaraciones ministeriales, o si sabrás siquiera que esas ocho letras combinadas por doquier son tu nombre. Ignoro incluso si existirás, o serás, como todo lo que gira en torno a la televisión y los medios masivos de comunicación hoy día, un invento de fines mercadológicos. Pero sea como sea, el baile guarda hoy un minuto de expectación y, ya librado de la sorpresa y la náusea que tu caso, inventado o no, creíble o no, causó en la opinión pública, ávida de casos sangrientos y que involucran relaciones insanas entre miembros de una misma familia, como el tuyo.
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Ignoro también, mi estimada Paulette, si es cierto que tu cuerpo fue encontrado días después de que tu familia te buscara incansablemente en todo el Estado de México y sus alrededores, levantando piedras, rastreando conocidos de tus padres, culpabilizando incluso a personal de seguridad del exclusivo -y después se diría que hasta impagable- complejo habitacional en dónde vivías. Ignoro si es cierto que encontrado fue en tu propia cama, atrapada entre cobijas y sábanas, con varios días de descomposición. Ignoro si es cierto que a tu madre se le prohibió el acceso a tu habitación, y entonces tu cuerpo fue "sembrado" para inculparla, o si fuiste vícitma de la incapacidad policíaca de encontrar algo distinto a problemas dónde no los hay.
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Ignoro también si fuiste víctima de un ensayo de secuestro planeado por tu familia para obtener dinero a toda costa que les permitiera seguir pagando la vida de ricos que llevaban entre la bancarrota y los cada vez más altos préstamos. Ignoro si tu madre llevaba una relación extramatrimonial a través de las redes sociales, o si es cierto que éstas acogieron tu caso, cuando todavía se hablaba de tu desaparición, y se instó a través de bites, muros, entradas y twitts, a todo un país para encontrarte.
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Ignoro si tus niñeras sabían que tu cuerpo estaba bajo las sábanas, o si es cierto que comiste dos horas antes de acostarte y tu madre olvidó darte tu medicina. Ignoro si ella misma salió a buscarte por todo el edificio de departamentos que habitabas la mañana siguiente a la última vez que, dice ella, lo cual también ignoro, te vio viva. Ignoro si tus padres iniciaban ya un proceso de divorcio, o si la familia de tu madre, Lisette Farah, impidió a la de tu padre, Mauricio Guevara, verte en tus exequias.
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Ignoro, Paulette, si fuiste envenenada, ahogada, ignorada, olvidada. Ignoro si ahora que todo un país habla a tu costa en cafés, restaurantes, sobremesas, juzgados y salones de clase, les sería más difícil a tus captores, las sábanas o tus padres, encontrarte en donde estuvieras. Ignoro si sufriste al morir, o si son ciertas las observaciones que expertos de universidades públicas y privadas hacen sobre qué pudo haber causado tu muerte. Ignoro si sabes, Paulette, que te han luxado, ahogado, envenenado, broncoaspirado. Ignoro siquiera si es cierto que tu tía estaba vinculada sentimentalmente con el subprocurador del Estado de México, cercano al gobernador Peña Nieto, y que juntos armaron toda una faramalla para movilizar cuerpos policíacos y generar culpabilidades indebidas.
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Lo que me queda claro, mi querida Paulette, es que todo este caso habla muy mal de nosotros, de la sociedad en la cual, quizá afortunadamente, viviste sólo unos pocos años. Algo apesta, y no soy yo, ni eres tú, ni son los intentos de un sistema democrático por abrirse paso y sembrar la transparencia. Huele mal nuestro conjunto de medios, en búsqueda de crímenes pasionales y muertes de inocentes con no otra intención que vender, vender y vender. Huele mal la sociedad que adquiere revistas y ve programas en masa, intentando tan sólo un poco saciar su hambre de antivalores y virtudes violentadas. Huele mal nuestro sistema judicial, nuestro sistema de seguridad, que participa de vejaciones según influencias, y no según el derecho. Huele mal tu caso, apesta, Paulette, y no eres tú bajo las sábanas.
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¡Salud!

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