lunes, 24 de mayo de 2010

Desaparición.

Hágame usted el recochino favor: al ex senador panista Diego Fernández de Cevallos se le ocurre desaparecer días antes de que sus correligionarios celebren una asamblea nacional en la Ciudad de México, lo que se prestó a que los discursos de los agremiados, que versarían sobre la friega que les han puesto a lo largo y ancho de la nación en elecciones intermedias al PAN -todo México es territorio -, dieran mágicamente un vuelco y se aplastaran en el asunto monotemático del "jefe Diego" desaparecido -fue a la tienda por puros, y ya no regresó-.
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Así que todas y todos subieron a la tribuna y, lejos de reconocer derrotas y jalar orejas, hablaron de lo lindo que se veía el jefito Dieguito con su barbita, de lo caro que le salía el vicio -si conoce usted alguna imagen de video en que no salga con su tradicional puro en la mano, consérvela: en unos años, será patrimonio nacional-, de lo mal que hacen esos señores de la mafia mexicana -lo de mafia es un decir- en andar por la vida nada más viendo qué chivo agarran para bajarle los billetes -¿un senador millonario? ¡No!, son ideas que le tienen a los pobres servidores públicos-, o presionar al gobierno para que deje, de una vez por todas, de hacerse menso persiguiendo bandas para salvar la honra -todavía recuerda uno esos tiempos en que al presidente se le respetaba por eso, y no por tener la calle llena de encapuchados que uno no sabe si están del lado de los buenos o del lado de los malos (el equipo de informantes de El Baile de la Coma sigue sin averiguar si hay buenos siquiera)-.
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Y llovieron vivas y hurras para el más estrafalario de los panistas vivos. Lo tildaron de héroe nacional, mártir, representante epopéyico de la democracia y el Estado de Derecho -que a estas alturas va bien chueco-. Hubo incluso una viejita que pasó una canastita azul para que todos donaran llaves para hacerle su estatua -ya tiene un espacio en el atrio de la Basílica de Guadalupe. Fuentes cercanas al recinto informan que lo van a poner haciendo "cadenita" para pasarle las rosas de Juan Diego a la Vírgen-. Felipito Calderón -ash- mandó sus más atentos deseos de fortaleza a la familia de Fernández de Cevallos, incluida su famosa novia, de la cual podría ser abuelito de los de toma el llavero y enséñame tu ropero. César Nava, que cada vez es más invisible, se limitó a apoyar las palabras de Calderón -ash, de nuevo-, y les recordó a todos que están invitados a su boda con Patylú -¿ya comenté en este sagrado recinto de la vida nacional que Patylú fue integrante de Jeans, un grupo de pop mexicano de los noventas cuyo manager era el ahora consuegro de Nava, creador de otro graaaaande de la música mexicana (nótese el sarcasmillo), los Mercurio, en que también participaba un hijo de dicho mánager, Álex Sirvent? Les digo, que para padres explotadores, los mexicanos nos pintamos solos-.
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Pero ya me he desviado mucho del tema. La PGR pidió a los medios de comunicación, apenas desaparecido el jefe Diego, no lanzar al aire más versiones sobre las averiguaciones que las dadas por la dependencia, valuarte del Estado de Derecho y la legalidad en nuestro país -ando picosito, ¿ya lo notaron?-. El problema fue que pasaban los días y la PGR sólo se limitaba a decir "seguimos en las averiguaciones", y a todos los que nos importa tanto la vida de Fernández de Cevallos -?- nos empezó a oler el asunto -¡qué cosa más fea es que le huela a uno el asunto!- a secuestro o algo "pior".
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Los medios, ni tardos ni perezosos, corrieron a hacer sus propias indagaciones, y, como no podía faltar, hubo hasta quienes lo mataron y despanzurraron en Querétaro, dónde el también ex candidato -y 4 veces- a la presidencia de la república-, posee una hacienda -que, claro está, ha pagado con trabajos y ahorros hechos de sus módicos sueldos percibidos en puestos políticos-. Imagino que su familia sufrió las de caín entre dimes y diretes, y durante algunos días yo sólo les deseé que se les descompusiera la televisión para que no anduvieran tentados a prender las noticias y ver a López Dóriga soltando las de "y oiga usted, resulta que encontraron al jefe Diego vestido de tehuana en una feria en Ciudad Juárez. Dicen, oiga usted, que iba medio ebrio y andaba cantando al sandunga".
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La última fue que se publicó una foto que, reconocieron fuentes oficiales, muestra a Diego Fernández de Cevallos bastante maltrecho, con los ojos vendados y la barba más canosa que de costumbre -y limpia, lo que me da a pensar, pobre hombre, que sus captores, si existen, no le han pasado sus puritos y lo tienen en un síndrome de abstinencia de los gaschos-. ´Además sale sin camisa. Da ñáñaras.
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Yo, por sí o por no, dejo bien claro que este baile es totalmente objetivo al decir que nunca nos ha caído el jefe Diego, y que su actitud ante las cámaras, su carrera política ligada al escándalo y el abuso del poder, nos vienen provocando retortijones a diestra y siniestra -todos los medianamente enterados de la vida social de este país saben de sus nexos con la quema de boletas en la elección presidencial de 1989, misma que le dió el triunfo al ahora nefasto Salinas de Gortari-. Pero El Baile de la Coma no desea a nadie la experiencia de un secuestro. Amamos la libertad, y la defendemos en la media de nuestras posibilidades. Si Diego Fernández de Cevallos ha sido capturado por grupos del crímen organizado, esperamos su pronta liberación y el mantenimiento de sus garantías individuales, incluida la vida. Si esto no es más que pura pantalla para hacernos olvidar la crisis, el subempleo, la derrota inminente de la "guerra contra el narco" y los juanetes -ni me digan nada, que si ponía nada más tres cosas para olvidar se iba a oír feo-, pues allá ellos. Yo, de todas formas, ni me asusto. Total, ni camioneta tengo, y mi novio hasta es mayor que yo. So? ¡Ánimo, Diego!
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¡Salud!

jueves, 13 de mayo de 2010

Sobre Paulette (o una nota a la ignorancia).

Paulette Guevara Farah: sobre ti ignoro muchas cosas. Ignoro si valdrá la pena dedicarte una entrada de este baile. Ignoro también si algún día podrás saber de estas palabras, o si estarás enterada ya de todo lo que respeto a ti se dice. También ignoro qué sentirás al ver tu nombre en titulares, cintillos, mantas y declaraciones ministeriales, o si sabrás siquiera que esas ocho letras combinadas por doquier son tu nombre. Ignoro incluso si existirás, o serás, como todo lo que gira en torno a la televisión y los medios masivos de comunicación hoy día, un invento de fines mercadológicos. Pero sea como sea, el baile guarda hoy un minuto de expectación y, ya librado de la sorpresa y la náusea que tu caso, inventado o no, creíble o no, causó en la opinión pública, ávida de casos sangrientos y que involucran relaciones insanas entre miembros de una misma familia, como el tuyo.
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Ignoro también, mi estimada Paulette, si es cierto que tu cuerpo fue encontrado días después de que tu familia te buscara incansablemente en todo el Estado de México y sus alrededores, levantando piedras, rastreando conocidos de tus padres, culpabilizando incluso a personal de seguridad del exclusivo -y después se diría que hasta impagable- complejo habitacional en dónde vivías. Ignoro si es cierto que encontrado fue en tu propia cama, atrapada entre cobijas y sábanas, con varios días de descomposición. Ignoro si es cierto que a tu madre se le prohibió el acceso a tu habitación, y entonces tu cuerpo fue "sembrado" para inculparla, o si fuiste vícitma de la incapacidad policíaca de encontrar algo distinto a problemas dónde no los hay.
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Ignoro también si fuiste víctima de un ensayo de secuestro planeado por tu familia para obtener dinero a toda costa que les permitiera seguir pagando la vida de ricos que llevaban entre la bancarrota y los cada vez más altos préstamos. Ignoro si tu madre llevaba una relación extramatrimonial a través de las redes sociales, o si es cierto que éstas acogieron tu caso, cuando todavía se hablaba de tu desaparición, y se instó a través de bites, muros, entradas y twitts, a todo un país para encontrarte.
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Ignoro si tus niñeras sabían que tu cuerpo estaba bajo las sábanas, o si es cierto que comiste dos horas antes de acostarte y tu madre olvidó darte tu medicina. Ignoro si ella misma salió a buscarte por todo el edificio de departamentos que habitabas la mañana siguiente a la última vez que, dice ella, lo cual también ignoro, te vio viva. Ignoro si tus padres iniciaban ya un proceso de divorcio, o si la familia de tu madre, Lisette Farah, impidió a la de tu padre, Mauricio Guevara, verte en tus exequias.
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Ignoro, Paulette, si fuiste envenenada, ahogada, ignorada, olvidada. Ignoro si ahora que todo un país habla a tu costa en cafés, restaurantes, sobremesas, juzgados y salones de clase, les sería más difícil a tus captores, las sábanas o tus padres, encontrarte en donde estuvieras. Ignoro si sufriste al morir, o si son ciertas las observaciones que expertos de universidades públicas y privadas hacen sobre qué pudo haber causado tu muerte. Ignoro si sabes, Paulette, que te han luxado, ahogado, envenenado, broncoaspirado. Ignoro siquiera si es cierto que tu tía estaba vinculada sentimentalmente con el subprocurador del Estado de México, cercano al gobernador Peña Nieto, y que juntos armaron toda una faramalla para movilizar cuerpos policíacos y generar culpabilidades indebidas.
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Lo que me queda claro, mi querida Paulette, es que todo este caso habla muy mal de nosotros, de la sociedad en la cual, quizá afortunadamente, viviste sólo unos pocos años. Algo apesta, y no soy yo, ni eres tú, ni son los intentos de un sistema democrático por abrirse paso y sembrar la transparencia. Huele mal nuestro conjunto de medios, en búsqueda de crímenes pasionales y muertes de inocentes con no otra intención que vender, vender y vender. Huele mal la sociedad que adquiere revistas y ve programas en masa, intentando tan sólo un poco saciar su hambre de antivalores y virtudes violentadas. Huele mal nuestro sistema judicial, nuestro sistema de seguridad, que participa de vejaciones según influencias, y no según el derecho. Huele mal tu caso, apesta, Paulette, y no eres tú bajo las sábanas.
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¡Salud!

domingo, 9 de mayo de 2010

La calor.

¿Por qué malditos mazapanes acedos existe el calor? ¿Alguien se ha preguntado alguna vez por qué si el estado natural del ser humano es más cercano al frío, la naturaleza nos ha regalado meses como este de mayo que estamos apenas sobrellevando en calidad de huevos fritos sobre el asfalto? El equipo de investigaciones especiales sobre temperatura elevada de El Baile de la Coma, así como algunos de mis informantes, ya se han puesto las pilas y, tras mucho no hacer nada, han postulado cuatro teorías sobre la existencia del calor que ya han puesto a pensar a científicos de todo el mundo -eso de "todo el mundo" es un decir; ¿o acaso han sabido de algún caso en que se mencione "todo el mundo" y que realmente se incluya a tooodo el mundo?-
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Sobra decir entonces que este calorcito endemoniado que estamos viviendo me tiene francamente disgustado. Le veo la razón al frío extremo, la maravillosa lluvia y hasta el sol brillante, pero el calor nomás no me lo explico. Leyeron bien: en El Baile de la Coma estamos a favor de que la estrella más grande del Sistema Solar brille como le dé su gana -¿tendrá gana el sol?-, pero lo que no nos parece es que al brillar nos ponga en predicamentos tales como dejar la mezclilla y utilizar las penosas bermudas, o ver al vecino de enfrente salir a regar su cochera en camiseta sin mangas con leyenda de "Fueron a Guayabitos y nomás me trajeron esta 'inche playera".
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Teoría nomber uan: a Dios se le ocurrió el calor porque no había nada mejor que inventar. Mis informantes, alelados también por el calor, señalan que existen altas probabilidades de que el calor existe porque Dios terminó su creación el día seis y le quedaron todavía ganas de hacer algo productivo. "Ya sé", pensó, "hagamos algo para que el hombre que acabo de crear se fastidie cada año, y así de paso ya no me preocupo en inventar las riñas callejeras, el aire acondicionado y el hielo en cubos, cosas que vendrán con el calor como por añadidura". Y voilá, habemus hot.
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Teoría nomber tu: se trata de una conspiración internacional de las principales marcas de agua para levantar sus ventas en verano. Aceptémoslo: nadie bebe agua en Navidad. Salvo las suegras gordas y las abuelitas diabéticas -y a veces ni ellas-, nadie prueba el agua cuando es tiempo de frío. Ante semejante bache en ventas, Bonafont, Ciel y Santorini se han de haber roto la cabeza pensando qué inventar para subir la compra de sus productos. A doña Mago, que mañana festejará el diez de mayo y ya está planeando pozoliza y concurso de camisetas mojadas -la mamá más sexy se gana una estampita de San Conscupicio, el patrono de las labores setsuales-, todavía no le cabe en la cabeza la idea de que el agua se venda en botellas, "cuando lo más normal del mundo es que uno pida un vaso con ella y se lo den". Tiene razón, pero para su época. Hoy pedir un vaso con agua es arriesgarse a recibir un cargo en la cuenta hasta por cinco pesos -más impuestos-.
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Teoría nomber tri: el calor es producto del calentamiento global. Aquí mis informantes se lucieron: como estuvieron viendo Una verdad incómoda todo el fin de semana, creyeron esa teoría ridícula de que, si hoy hace más calor sobre la superficie terrestre, es porque la atmósfera es cada vez más inhóspita debido a los altos niveles de contaminantes que la agobian. ¡Por favor! ¡Habráse oído semejante barrabasada! ¿Ahora resulta que desechar plásticos no biodegradables y utilizar aire acondicionado y aparatos productores de gas es causa de contaminación? ¡Qué bárbara! ¡Qué atmósfera tan piqui tenemos, de veras! No aguanta nada. (No, ya en serio, dejen de pedir bolsas cada que vayan al súper y usen el carro cuando sea estrictamente necesario. Si no, el próximo año vamos a poder asar carne en nuestros cráneos asoleados.
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La cuarta teoría la omitiremos. Nuestros informantes tenían tanto calor cuando la crearon que incluye tanta sangre, orgías, desnudos explícitos y lenguaje obseno que fue clasificada como "D" por Segob y nos evitaremos la pena de ser sancionados por pasarla al aire. Ahí rebúsquenle, al cabo que seguro debe haber muchas teorías, igual de lanzadas que éstas, que comprueben una vez más que el calor, sea un invento o un accidente de la naturaleza, es de todas formas un mal sueño.
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Mientras todas estas teorías son aceptadas por los más altos círculos doctorales de la ciencia y la tecnología -?-, mis informantes y yo estamos como pollos en rosticería, nomás dando vueltas como idiotas y bañándonos en nuestros jugos. Por si o por no, tomen mucha agua y manténganse en la sombra. ¡Qué calor!
. ¡Salud!

martes, 4 de mayo de 2010

7.

Para construir una pareja, es necesario modificar dos individuos.
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Así de simple. No se puede crear una unión fructífera, dadivosa, dispuesta al triunfo del amor y la supremacía de la felicidad, si no se está primero dispuesto a la modificación de la sustancia individual. Hay que apostar, pero también hay que dejar de lado. Sin abandonarse, sin permitirse la perdición, es necesario, a modo de una barra de plastilina, modificar las puntas duras que impiden crear la figura extraordinaria que se pretende. No se trata de transformar la plastilina en masa, sino de cortarle los excesos, negociarle los antojos, reducirle las imperfecciones. La unión crea entonces una plastilina que en lo individual es más humana, más dispuesta, y en la mezcla misma se fortalece como un todo en el cual ya no cuenta lo individual sino lo parental.
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Por eso es que tener una pareja hoy día es sumamente útil: en tiempos en que es necesario a ratos darle la espalda a la vida y a ratos encararla con todo el fulgor de la lucha armada -los lápices, las computadoras, los camiones y los sistemas son los escudos y las armas del siglo XXI-, tener una pareja da la posibilidad de contar con resguardo impermeable ante la lluvia y fiel compañero de batalla ante el enfrentamiento con la vida diaria. Además, la pareja aporta equilibrio, estabilidad: lo que uno es incapaz de hacer, ver, entender, sostener y hasta enfrentar, lo puede poner en manos del otro para que la cosa se balancee, a sabiendas de que también a uno le va a tocar encarar lo innenarrable cuando sea la hora. Pero sin miedo, de frente y con la cara al cielo, como en la muerte en altamar de Gutiérrez Nájera. Porque uno tampoco le teme a eso cuando se cumplen siete meses de construcción infinita: la muerte es un asunto utópico, medio imposible, casi con cara de mito.
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Pero además, tener una pareja es motivo de festejo. Se festejan los uno, dos, siete, quince meses, treinta años juntos, porque el tiempo que se dura en construcción conjunta significa trabajo, cuidado, esmero, dedicación, entrega. Amar es una tarea de lo más difícil: implica incluso a veces dejar de ser uno mismo, vencer la zona de "confort", entregar, en una sociedad caracterizada muy especialmente por el agandalle, el conformismo, el miedo al cambio y el egoísmo. Ironías de las generaciones marcadas por el marketing: nos sentimos orgullosos de definirnos como "individuales" porque podemos elegir entre trescientas combinaciones distintas de una Whooper y ponerle nuestro nombre, pero somos incapaces de vencer esa individualidad y formar relaciones constructivas y fecundas.
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Yo, por eso, festejo al amor. No a su participación procaz e inmoral en el entorno de la mercadotecnia, que es capaz de vendernos mulas disfrazadas de changos con corazones, y, lo que es peor, hacérnoslos comprar. Me refiero al amor como un sentimiento en inicio de conflagración química cerebral, y luego prolongado gracias al trabajo, la dedicación, la entrega, el sentido de familia y la formación del equipo. No hay pareja que dure un día, dos, tres meses, que no obedezca a este principio básico de supervivencia del equipo: la unión hace la fuerza. Y nadie puede unirse si el egoísmo supera su capacidad de conflagración.
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Yo también celebre siete meses contigo. Siete meses de vivir la vida "como Dios manda". Siete meses de no tener otra cosa en mi corazón que una profunda gratitud con la vida por colocarme en mi camino a mi alma gemela justo en el momento adecuado. Te amo. Bendito el lugar, y el destino de estar ahí, o la coincidencia, o a vuestro gusto. La vida te pague con creces esto que has hecho por mí, y que parte del premio sea seguir a mi lado -el ególatra no vino, pero me envió a mí- ¡Felices siete, Ojosh!
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¡Salud!