martes, 9 de marzo de 2010

Una mujer.

Cuando me decidí, meses atrás, a tener un novio -o el novio me decidió a mí, cosa que, a razón de mi felicidad futura, le agradezco infinitamente-, una amiga de toda la vida me preguntó qué había pasado que me había llevado a decidir que las mujeres, dijo, simplemente "ya" no me gustaban. "Ah, no, hija de la fibra óptica, te equivocas rotundamente", alegué. "A mí las mujeres me encantan, y es por eso mismo que he decidido respetarlas y no tenerlas en mi vida en otra función que amigas".
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Que a uno le fascine su novio no lo excenta de gustar de las féminas. Mi Ojosh mismo es un fan de las mujeres. Las entiende más que yo, incluso, o por lo menos es más paciente con ellas que ésta su pluma. Yo todavía no he llegado a considerarles un espacio de escucha y acompañamiento, pero ya perdí por completo la esperanza de llegar a comprenderlas. Yo, que sí creo en Dios, imagino que decidió crearlas así porque a los hombres nos gusta lo indescifrable, nos encantan los retos, nos atrapan las imposibilidades apenas reveladas. Las mujeres son eso: una bella imposibilidad.
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Ayer todas tuvieron a bien celebrar el Día Internacional de la Mujer. A mí, que soy afecto a los Días Internacionales (pregúntemente cómo me pongo en el del libro, o en el de la tapioca irlandesa, o en el del chocolate amargo), el hecho de que tenga que haber un día para ellas, y que además sea internacional, no me cabe en la cabeza.
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Ya las escuché a todas protestar, alegar, estar tentadas a tomarme con sus sempiternas y calcíferas uñeas -vaya uste' a saber qué será eso de "calcíferas", pero ya lo dije, y me choca retractarme- y practicar en mí salvajes procedimientos de amazonas incontrolables. Apacígüenseme ahí: a lo que voy es que no veo por qué celebrar un día especial para la mujer si todos los días son de todos los hombres.
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Eso de que se les ponga en una etiqueta especial y se les de "su" día más bien me suena a discriminación. Al menos yo soy de la idea de que para integrar en la práctica hay que comenzar por integrar en el discurso. La retórica de la práctica surte efecto cuando uno comprueba que cambiar la definición de la palabra "matrimonio" en el Distrito Federal ha ocasionado una retaíla de declaraciones y procedimientos legales por parte de otras entidades federativas, que consideran que matrimonio no puede ser más que la unión de hombre y mujer con fines estimativos, amorosos, y que la unión de personas del mismo sexo con la misma finalidad debe: opción a) tener otro nombre; opción b) no estar amprada por la ley.
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Por eso yo lo que hago es celebrarlas diario: celebro sus manías, sus decepciones, su búsqueda diaria de espacios más abiertos, más receptivos a la posibilidad de incluirlas. Yo, en el camión, no les cedo el lugar. Ni en el tren, ni las dejo pasar primero en la fila del banco. Eso es una disminución. En cambio me alegro cuando alguna me cede el lugar en el transporte colectivo, o me deja pasar primero en el restaurant. Generar equidad es también modificar entornos de pensamiento que nos limitan, que nos segregan. Una mujer no puede hablar de igualdad de sexos, al menos sin dejar de ser fiel con sus propias ideas, si no consiente la idea de que un hombre no la deje pasar primero a tomar un asiento. La caballerosidad es un asunto riesgoso: implica el trato preferencial a uno y contiene también la exaltación de otro, por ningún otro factor mediático o causal que sus sexos. Y yo, con toda honestidad, prefiero contener al sexo, y no ser contenido por el ídem.
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Pero les mando a todas una profunda, sentida, gigantesca felicitación. Las felicito no por ser mujeres, sino por haber alcanzado espacios y ganado terreno en sociedades inminentemente machistas. Mis respetos. Su lucha es mi lucha. La lucha de todos los que consideramos que una sociedad más justa inicia siendo más incluyente, más equitativa, más humana y más femenina.
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¡Salud!
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PD: Y hablando de gustos y delicias: un día antes de que todas conmemoraran su Día Internacional, una mujer, Katrhyn Bigelow, ganó el primer premio Óscar entregado en la categoría de mejor director a un ser humano del sexo femenino. Felicidades también por ese otro triunfo: el de la conquista de la creación a través del arte cinematográfico.

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

También hay Día Internacional del Hombre, aunque no está tan difundido, es el 19 de noviembre.
Concuerdo contigo en la inutilidad de poner etiquetas, en fin, cosas del mundo.