martes, 30 de marzo de 2010

Todo sobre Alicia.

Nota previa a una entrada accidentada: eso que se antoja en el título de que esta entrada dirá todo lo que tiene que decirse sobre Alicia es un decir más bien mercadotécnico, engañador por tanto. Si bien es cierto que esta entrada repasará muchos puntos en torno al más reciente trabajo de Tim Burton, Alicia en el País de las Maravillas, no es, ni de cerquita, un trabajo concienzudo, pormenorizado, en torno si quiera del personaje original de Lewis Carroll, o la versión del polémico director estadounidense. Es, más bien, la opinión de El Baile en torno a lo que apetecía ser un manjar cinematográfico digno de ser llamado La Creación del último siglo, y que ha devenido en una cinta con un guión a medias y un logro todavía más pobre de las posibilidades infinitas a que estaba destinado.
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Hecha esta aclaración, sigan leyendo bajo su propio riesgo: no encontrarán, pues, en esta entrada “todo” sobre Alicia. A lo mucho “un poco” sobre sí mismos, sobre este blog que ya está limpiando las ventanas para darle cabida al fortísimo sol primaveral que amenaza con convertir a los tapatíos en charalitos de centro botadero.
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Imaginen el banquete: la historia de una adolescente curiosa poco adaptada aún al mundo adulto de normas y formalidades, que en lo que parece ser un sueño y tras perseguir a un curioso conejo blanco, cae en un agujero que la transporta a un mundo donde nada es lo que parece, y donde las leyes más elementales de la lógica y la razón son llevadas al absurdo y convertidas en ironías plenipotenciarias. Con decirles que el mundo del revés, que promocionaba Chabelo los domingos, se quedaría azorado de ver las cosas extrañas que sucede en el País de las Maravillas. Lewis Carroll no podría estar más enterado del hecho: convertirse en adulto es enfrentarse violentamente a un mundo ilógico, absurdo, injusto, demente, insano, “pachecón”, que en nada se parece al cargado de posibilidades mundo de los niños. Alicia se enfrenta así a un País de las Maravillas que mucho se relaciona con lo estúpido del mundo adulto: hay reinas megalómanas y descorazonadas -¡lo absurdo de lo absurdo: una reina de corazones descorazonada!-, locos artesanos consumidos por su oficio, galantes burgueses acabados por el ocio, sabelotodos insoportables, esclavos y peones, tontos y pobres.
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Por eso la idea de que Burton, eterno experimentador de conceptos como la inocencia, la justicia, la oscuridad y los procesos propios de la vida humana, Burton el hacedor de Edward Manos de Tijeras, Jack, duraznos gigantes y hasta dos cintas de Batman –las más oscuras antes de los últimos dos grandes errores fílmicos del superhéroe- se encargara de Alicia y sus personajes era un hecho que se antojaba, como he adelantado, como “El” suceso cinematográfico de la década.
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Y visualmente Burton no nos falla. Sus técnicas y procesos superan incluso lo que ha hecho antes el realizador en lo real y en la animación. Es evidente que el pelodesordenado director ha dado pasos agigantados en sus conocimientos en la materia del séptimo arte desde Batman Regresa –los estuve buscando toda la hora y media, pero ni rastro de los pingüinos camicaces en Alicia…-. Además, Alicia en el País de las Maravillas contiene el encanto de cierta luminosidad hasta en las escenas más oscuras –en lo narratológico, claro está-, lo que se agradece a un Tim Burton que suele abusar de los negros, grises y terracotas.
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Pero fuera de eso, la cinta se cae estrepitosamente con un guión pobre, en que nadie sabe qué hace, nadie sabe quién es, nadie sabe a dónde va y nadie sabe qué está pasando. De la manga, casi literalmente hablando, salen dragones, caballeros, reinas y animales mágicos. A la mitad del filme todavía no sabe uno si eso agarrará fuerza o seguirá siendo sólo un homenaje de escenas mal relacionadas a los personajes de Carroll y más específicamente del clásico de Disney. Para los últimos minutos, uno ya entendió que lo que Burton quiso –y si no fue así, de plano la regó bien gacho- fue vestir de sombrerero a su musa todopoderosa Johnny Deep –que, como siempre, se luce como loco… hasta el hartazgo- y de reina cabezona a su esposa, Elena Boham-Carter. Fuera de eso, hay poco qué rescatar en una cinta cargada de inconsistencias: el sombrerero es cada vez más cuerdo –o al menos sabe lo que quiere, y tiene historia, faltas que se aplaudían en el personaje original de Disney y en su antecesor en Carroll-, la reina de corazones ya no dice “que le corten la cabeza”, frase por demás melódica y sustancial, sino “córtenle la cabeza”, cambio mínimo, pero elemental, y el pequeño rey, que era una delicia ver aparecer e intentar convencer a su pomposa esposa, ha muerto degollado. ¿Qué nos queda entonces? Jonnhy Deep de sombrerero.
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Y también una exagerada actuación de Anne Hathaway –no, ahora no la voy a defender-, un ardid de efectos y una buena, si no excelente, banda musical. Pero de Alicia nada. ¿Alguien ha visto Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton? Creo que se le extravió al director, o quizá por ser un paquete demasiado grande se le cayó de las manos. El que mucho abarca poco aprieta. No, yo no me animaría a intentar hacer algo mejor. Seguramente los decepcionaría porque lo único bueno que he hecho con una cámara de video fue un proyecto sobre adicciones que grabamos en la preparatoria, y que por fortuna el incendio de Alejandría lanzó al olvido -?- Olvídenlo, deliro, como sombrerero loco.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Yo no la he visto y ganas... sí, sí me faltan, se me antoja Jonnhy Deep, pero no como sombrerero, esperaré a que alguien la compre pirata y me la preste para verla el domingo de resurrección.