martes, 30 de marzo de 2010

Cosa seria.

Leer a Ibargüengoitia es cosa seria. Su triunfo como la lectura ceremonial del próximo 23 de abril, durante las jornadas de revisión de las obras fundamentales de la literatura universal que realiza para festejar semejante acontecimiento la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, me parece a mí tan digno de alegría como preocupante: si mucha gente lee y conoce a Jorge Ibargüengoitia, esa mucha gente va a comenzar a creer que la literatura es toda risa y comicidad, toda broma y chacoteo, y a ninguno de los que intentamos resumirla -inútilmente- a objeto de estudio, nos van a querer pagar por nada más que leer, cuando leer es un asunto de placer mero y soberano.
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¡Qué susto! ¡Y que se nos acaba la chamba porque la gente empiece a creer que la literatura es divertida! ¡Ay, no, santa Minerva, líbranos de semejante atentado a la estupidez! Mejor que Paty Chapoy, Galilea Montijo, Maribel Guardia y todas sus huestes sigan haciendo creer a la gente que es más cómico ver a la Chupitos propasarse en cadena nacional con el trasero de Latin Lover que chutarse, por ejemplo, Los relámpagos de agosto (1965), premio Casa de las Américas 1964, o Las muertas (1977), o Estas ruinas que ves (1975), premio de Novela México 1974, o La ley de Herodes (1967), o algunos de sus artículos periodísticos para Excélsior, o sus ensayos, o sus obras de teatro.
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¡Qué disgusto más grande que los mexicanos comiencen a creer que Jorge Ibargüengoitia merece leerse! ¡Qué cosa más terrible, qué pavor, qué desfiguro, que abarroten las librerías y consuman los ejemplares de Joaquín Mortiz, que no es un señor con un apellido coqueto sino el nombre de una editorial -sí fue un señor con un apellido coqueto, pero ésa es otra historia-! ¿Y los pobres, los ricos, el presidente y el supremo juez de la Tremenda Corte -o tremendo juez de la Suprema Corte, que para el caso viene a ser mismo-, el ama de casa, el barrendero, la señora que compra Quién, el joven del telemarketing, todos leyendo a Ibargüengoitia, como si fuera artículo de consumo, modena de cambio, producto de la canasta básica? ¡Qué terrible!
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Ibargüengoitia era feo. Hoy todos los escritores salen en la tele o no se leen, y si salen en la tele no pueden ser feos. Por eso es que escriben tan mal. El buen escritor, como el buen amante, debe tener algo de fealdad para ser talentoso. Con el perdón de La Wendy, que tiene de pronto apuntes de gerontofilia al gustar de un cada vez más carcomido Vargas Llosa, todos los buenos escritores son feos. Así que si Ibargüengoitia era feo, y con ganas, es de esperarse que fuera buen escritor.
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Mi problema está en adivinar si era buen cómico. Da la triste casualidad de que nunca tuve la oportunidad de ir a una pachanga dónde estuviera Ibargüengoitia. Sus biógrafos coinciden en que era risueño a ratos, serio las más de las veces. Don Mario -que se ganó a pulso marcado el "don"- tenía la teoría -era sicólogo, y de los gashos- de que el cómico es un ser dolido por naturaleza. Eso explicaría por qué el gesto de dolor que siempre cargaba Ibargüengoitia en el rostro -al menos en el de las fotos, que rara vez es como el original-. Pero también explicaría por qué nació en Guanajuato, cuna del sufrimiento de la guerra de Independencia, y por qué murió trágicamente en un accidente de aviación. Puro dolor.
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Pienso ahora que les van a entrar ganas de leer a Ibargüengoitia en la Rambla Cataluña cuando les diga que en sus libros uno no para de reír. Pero no ocasiona su literatura la misma risa que Consuelo Duval haciéndola de naca, u Omar Chaparro de licenciada enamorada de Peña Nieto. IbargÜengoitia va más allá: exige del lector un mínimo, aunque consistente y fructífero, conocimiento de la historia de México, los males sociales, las "cosas de la vida" y hasta las relaciones humanas. Quien haya vivido poco, no va a destornillarse de la conmoción carcajosa -?, pero qué bonito me salió el terminito- cuando lea alguno de sus cuentos, o sepa que Rosa, en Las muertas, no se iba por el escusado. Además su humor es negro a ratos, y el humor negro exige otra cosa además de inteligencia: gusto por el humor negro.
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¿Qué les recomiendo? Que lo lean, y mucho. Acompañen a los que sí queremos que el apocalipsis del inicio de la literatura como motor social nacional se dé, y pronto, el próximo 23 de abril a leer a Ibargüengoitia en la Rambla, junto al Paraninfo de la Universida de Guadalajara. La opción, como el humor, como la literatura, está abierta para todos. Entren al portal de la FIL en cuanto sus múltiples actividades les den chance, e inscríbanse. Los quiero ver leer. Los quiero ver reír, y festejar al libro -y de paso a Jorgito- a carcajadas.
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¡Salud!

2 comentarios:

Wendy Piede Bello dijo...

Según eso Ibargüengoitia siempre sostuvo que él solamente escribía cosas serias, que las creamos ironías es otra cosa.
Y sí, los escritores son feos, algunos tienen su no sé qué que qué sé yo, como Pérez-Reverte, pero guapos como para comercial de Hugo Boss, creo que ninguno.
Yo sí voy a leer, me toca alrededor de las 3:00 de la tarde, por allá nos leemos.

Wendy Piede Bello dijo...

Una aclaración: no busquen los libros de Ibargüengoitia en Joaquín Mortiz a menos que sea en librerías de usados, porque la editorial fue comprada por Planeta, así será más fácil encontrarlos.