miércoles, 31 de marzo de 2010

Amar es combatir.

Noé comenzó a notar, hasta las lágrimas y el sentimiento de insulto personal, que Jonás estaba raro. Jonás negó los cargos, argumentó cansancio, dedicó canciones que sólo causaron en Noé un sentimiento de extrañeza incrementado. Noé no se tragó el cuento, porque ya antes él había sido el "raro" en otras relaciones. Conocía bien el papel, y sabía que siempre que el agua de un estanque se manifiesta turbia, es porque algo está turbulento en su lecho.
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Jonás tuvo que admitir, tras días de estar "raro", que había estado paseándose más de la cuenta. Noé tuvo que abrir sus cerrados canales de escucha y comprensión y poner toda su disposición en entender qué es lo que le pasaba a Jonás. Jonás aceptó que tiene un problema: es rotunda y terminantemente incapaz de dejar de ser infiel, gusta de la atención masculina y no puede hacerse a la idea de tener una pareja formal.
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Noé guardó silencio, prudente silencio, y comenzó a hacer verdadero análisis de las circunstancias por primera vez en vida, sin aventurarse, sin correr, sin tomar decisiones a favor de su tranquilidad y su placer. Jonás aseguró estarlo tratando en terapia. Noé tuvo que aceptar como ganancias para la relación que Jonás aceptara su problema, lo pusiera en común y pidiera una disculpa. Noé tuvo que tomar una decisión: ayudar y estar presente, o salir corriendo. Noé tomó una decisión que le acarreará dolores de cabeza y modificará intrínsecamente su modo de entender las relaciones amorosas. Noé decidió apoyar a Jonás y hacer del proceso de su pareja su proceso. Noé tendrá que aprender a escuchar, a dialogar, a comunicar, pero también a acordar, a justificar, a pedir cuentas, a mesurar, a afrontar y a vigilar. La relación de Jonás se convertirá para Noé en una prueba de confianza casi a ciegas, y el esfuerzo por el equilibrio, por ser él el "sano" de la relación, caerá mayoritariamente en Noé. Noé madurará, o se volverá loco y lo dejará todo. La moneda en el aire no caerá según el azar, sino según el impulso que ambos le den.
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Es increíble que en los tiempos de la comunicación y la transparencia, nos cueste tanto trabajo comunicar y ser transparentes. Los jóvenes del siglo XXI no exigimos cuentas: o las maquilamos en nuestras cabezas o simple y sencillamente cortamos por lo malo cuando algo no nos parece. No perdemos el tiempo. Nuestras relaciones están marcadas por la separación, la distancia, la independencia y el divorcio. Somos las generaciones del "ya vendrán más", "soy muy joven para un compromiso así" y "un beso no es infidelidad" -cuando ni siquiera hemos hablado con nuestra pareja que sí y qué no consideraríamos infelidad-.
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Nos gusta llegar acompañados a las reuniones, y tener a quién dedicar canciones. Pero si el asunto se pone "feo", y la relación nos implica un reto mayor, como confrontar nuestros miedos, afrontar los sentimientos del otro y darles valor y prioridad, desarraigar nuestras creencias o modificar nuestras formas de operación -"es que yo así soy, y si me amas no vas a permitir que cambie, sino me amarás tal cual soy"-, salimos corriendo y decimos "no, gracias". La soledad nos disgusta, por poco "normal", pero nos parece al mismo tiempo un pretexto excelente para dedicar y cantar a pulmón lleno canciones de desamor. No vemos las relaciones como un aliciente al futuro, sino como un "regulador" del presente".
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Por eso nos damos de topes. La decisión de Noé es valiente, fabulosa, aplaudible, fuera de época. Es una decisión que requiere también muchas ganas de domar la vida y domarse él mismo. Jonás y su caso no serán labor fácil: lo enfrentarán contra sí mismo, le dolerá la cabeza, quizá hasta se abandone en pro del otro. Del final de la historia, sin embargo, saldrá triunfante siempre el crecimiento, el aprendizaje, la verdad. Noé será mas capaz de entender que las relaciones no se construyen de miel y hiel, sino de jales y empujes. Si se cuenta con el otro, qué mejor. Si no, es necesario redoblar esfuerzos y salvar lo rescatable. Yo le deseo a él, y a toda mi generación, pronta recuperación y un minuto de silencio. A ver si con éste nos la pensamos mejor antes de dejar las cosas a medias cuando nos significan un impulso, un esfuerzo, una apuesta -y su respectiva posible pérdida-. A ver si ya aprendemos que amar es combatir.
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¡Salud!

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