viernes, 13 de noviembre de 2009

¿Qué dijo? –o de cómo ser gobernador y dar discursos acertados no son cosas compatibles-.

Emilio González Márquez, gobernador constitucional –dicen- del estado de Jalisco, no es precisamente un gran orador. Caracterizado por sus excesos alcohólicos y sus continuos desmanes festivos, es rara la ocasión en que se le aparece un micrófono y realiza ante éste un discurso acertado y conducente. Su incapacidad verbal es tan grave que una maestra de mi licenciatura ya estudia su caso –sí, “caso”, como “caso” clínico- para titularse de doctora en lingüística imposible.
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Secundado por esta fabulosa incapacidad para la buena oratoria, recurso insustituible del buen gobernante hasta la llegada de la era panista en el estado, en una ruptura de la tradición que fue encabezada por el ahora ex gobernator Alberto Cárdenas Jiménez, con aquello de “Haiga sido como haiga sido” o el aún más célebre “Jaliscienses, les habla su góber”, González Márquez habla todavía peor de lo que gobierna.
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En un breve recuento, estarían su poca capacidad diplomática al referirse a los homosexuales como “enfermos”, a su ahora ex titular de Salud y ex chofer, Alfredo Carranza Gutiérrez, como “bajito, gordito y más bien poco agraciado físicamente”, y a los jaliscienses en sí como “me valen madre”, en la familiar y dueña de titulares mentada, que cautivó a propios y extraños en 2008, durante el Banquete del Hambre.
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Pues bueno, su participación en la Cámara de Comercio el lunes pasado fue tan acertada que uno de los guaruras de “su real gobernación”, al ver que el discurso del gobernante no arrancaba a los miembros de los medios presentes en el evento más que risas, se acercó a nosotros y sólo atinó a disculpar a su jefe con un sentido “perdónenlo, no sabe en qué siglo está”.
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Y sí. En un evento de Femac, la Federación de Mujeres Empresarias y Profesionistas A. C., González Márquez preparó –no, no es cierto, y si lo hizo, nomás no le salió- un discurso que, de tantos temas, terminó por no decirnos nada. Empezó con el Muro de Berlín. Sí, y no para comparar, afortunadamente, los pilares caídos del fatal recurso divisorio de las dos alemanias con las piernas abiertas de una mujer, sino para explicar que en el mundo hay barreras, y que vencerlas es prioridad de los que viven en él.
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Luego brincó a Sor Juana. Por alguna extraña razón, y sin lograr vincular ni tantito los ejes temáticos de su cátedra antirretórica, avanzó contra la monja virreinal y la designó, de un plumazo –es un decir, insisto; si lo hubiera traído preparado no le hubiera salido taaan gacho-, como la primer “disfrazada” de la historia. Sí, “disfrazada” fue la palabreja que usó. No rescató la cuestión del machismo incipiente en la época novohispana, prolongada hasta nuestros días. La designó como disfrazada y a lo que seguía.
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Y lo que seguía fue tan vergonzoso que todavía me dan ñáñaras cuando veo el video. El goberna(conlacola)dor del estado hizo una trivia. Sí, justo cuando todos pensábamos que dejaría el estrado y aceptaría de una vez por todas que no sabe hacer lo que dice que hace –beber y regarla sí, pero nunca nos ha dicho que bebe ni que la riega rebien-, comenzó a hacer cuestionamientos complicados a un público que no contestaba, asustado ya, tras cuarenta minutos de palabrería, de no escuchar más que barbaridades.
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“¿Ustedes saben en qué año se construyó en Jalisco el último parque industrial?” José María Muriá, célebre historiador, presente en la primera mesa, levantó los hombros y se paró al baño. Daniel Cosío Vidaurri, tristemente célebre último gobernador priísta del estado, quiso hacer lo propio, pero las rodillas no le respondieron. Juan Sánchez Aldana, el más abucheado presidente municipal que ha visto Zapopan, con sus dos manos rotas por dar el zapotazo sobre un piso mojado una semana atrás, ni se pudo rascar la pelona. Enrique Alfaro, alcalde electo de Tlajomulco de Zúñiga, mejor se puso a mandar mensajitos en su Blackberry. Ante más de cinco minutos sin respuesta, Emilio comenzó a fingir que las recibía y a apostar consigo mismo: “Vamos, ¿quién da más? ¿En los setentas, ochentas? ¿Hace diez, quince años?”, lanzaba en el micrófno, sin que ninguno de los miembros de la audiencia lanzaran tales cifras.
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Hizo dos preguntas más por el estilo, relativas al agua potable en el estado, los sistemas de movilidad. Muriá ya de plano no regresó del baño. Cosío Vidaurri, en el último reporte, babeaba su cocol en el último círculo del sueño. La misma respuesta. Nadie lo peló. A decir de El Toño, faltaron dos cuestionamientos que seguramente habrían generado en la audiencia furor y regateos: “¿Ustedes saben a qué saben los guamúchiles?” y “¿Ustedes saben cuántas avalanchas lleva regaladas Chabelo en su programa los domingos?”
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Pero no paró ahí. El punto álgido de todo llegó cuando, al intentar infructuosamente referirse al jefe de estado canadiense, el primer ministro Stephen Harper, a González Márquez le falló el apuntador -¿apoco traía?- y, en lugar de parar ahí o pedir disculpas por el olvido y seguir de largo o terminar, se arrancó con un irracional, inconciente y temerario “Stephen… no sé qué”. Sí, leyeron bien. Imagino la cara del líder norteamericano al abrir el diario la mañana el martes y verse apellidado “no sé qué” por el campechano y antipánico gobernador de una provincia mexicana. “Sacreblú!”, exclamaría, u “Oh, my God!”, según el humor lingüístico en que se encontrara, con el privilegio de las naciones oficialmente bilingües.
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Los asistentes fueron desocupando sus lugares progresivamente, temerosos de ser fotografiados en un evento arruinado de esa forma desde el pódium. El asistente de prensa de Emilio, que contemplaba todo desde un extraño del salón, pidió que le envolvieran su huevo revuelto para llevar y se fue pensando cómo iniciaría la redacción de su renuncia. Haría bien Héctor Moreno en renunciarle a Emilio: el Estado se ahorraría un sueldo más para un 2010 complicado en presupuestos, y así el goberna(conlacola)dor podría disponer a sus anchas de sus fichas bibliográficas. ¿Quieren un consejo? En 2012 voten no por el que mejor sepa manejar el presupuesto, sino por el que menos inconsistencias verbales diga ante las cámaras. Eso no nos garantiza un buen gobernante, cierto, pero por lo menos la pena ajena nos la ahorrará por kilos.
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¡Salud!
Faltan 15 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Los Ángeles, invitado de honor 2009. Ya huele a bamba.

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