miércoles, 11 de noviembre de 2009

Panamericanos para todos.

La cuestión de los Panamericanos no es deportiva. Los jóvenes atletas del CODE pueden estar tranquilos: la opinión pública no tiene interés alguno en “entrarle” a la crítica de hombres y mujeres menores de veinticinco años que toman camiones, viven en las afueras de la ciudad y combinan, a veces con poco éxito y demasiado cansancio, actividades escolares, deportivas, familiares y de entretenimiento. Nadie va a forzarlos a elevar niveles de rendimiento que, en el caso de Jalisco, ya superan las expectativas nacionales, posicionando al estado en el primer lugar nacional durante diez años. Ellos hacen lo que pueden, con lo que tienen a la mano: instalaciones construidas en los años ochenta, uniformes y apoyos educativos según su desempeño, ausencia repetitiva de espacios deportivos adecuados cercanos a sus municipios, autoridades de la materia obesas en presupuestos y fisionomías, predisposición social a ignorar sus triunfos, en nada comparados a los que el merchandising produce para atletas como Ana Guevara, Rafael Márquez, Lorena Ochoa.
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La cuestión de los Panamericanos es eminentemente empresarial. Empresarial para una cúpula de industriales y propietarios de marcas y participaciones que controlan el mercado local de sus distintos ramos, impidiendo el desarrollo, crecimiento y empoderamiento de micro, pequeñas y medianas empresas. ¿En qué se parece el abarrote “La cantera” que doña Luisa Godínez posee en Miravalle, y cuya ganancia diaria apenas genera para ganar la renta, al Wal Mart que a pocos kilómetros de ahí deposita en su caja chica –es un decir- cantidades mayores al millón de pesos diarios? ¿Qué clase de estrategia, apoyo o “palanca” podría utilizar doña Luisa a su favor ante una transnacional cuyos gastos anuales en materia de mercadotecnia superan por mucho el presupuesto anual del programa Oportunidades del gobierno federal para el combate a la pobreza? Si los Panamericanos traerán derrama económica considerable, doña Luisa no la verá. El asunto es simple: si doña Luisa no puede pagar un banner, un stand, un sistema de volanteo, en alguno de los eventos deportivos, ¿cómo es que alguno de los deportistas o sus comitivas pensará en ir a comprar en su abarrote? Los Panamericanos son provechosos para quienes pueden acercarse a las cúpulas gubernamentales, asistir a los desayunos, tramitar los acuerdos en privado, en medio de un sistema corporativista que ha sido creado por, para y con los empresarios, los propietarios de cifras que superan los seis ceros.
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La cuestión de los Panamericanos es empresarial también para un gobierno que, de proteccionista y “apapachador”, se ha convertido en administrador a título personal de recursos sociales. Por eso Carlos Andrade Garín y Juan Pablo de la Torre defienden Guadalajara como ciudad sede de la justa en 2011 ante la Odepa vestidos de traje sastre y no de los jeans que el gran porcentaje de los tapatíos visten día con día. Por eso las encuestas señalan que más del ochenta por ciento de los jaliscienses no tiene idea de cómo van los Panamericanos, mientras entre el gobierno federal, los municipales y el comité de la Odepa encabezado por Mario Vázque Raña, corren cifras, se ajustan presupuestos, se hacen citas, se conciertan diálogos. Por eso hay más ruedas de prensa que mesas redondas, y menos declaraciones exclusivas que comunicados. Por eso todos los que se suben a un presidium para hablar de Guadalajara 2011 parecen tan confiados, mientras sus escuchas, escalones abajo, miran la vida con la misma capacidad de entendimiento que posee un elefante encerrado en un zoológico. Ellos deciden, suman cifras, entregan fianzas millonarias. Nosotros, nomás la vemos pasar.
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Los Panamericanos son un asunto de éxito empresarial para la Odepa, que ya hizo al gobierno del Estado asegurarle cincuenta millones de dólares si los Panamericanos, cosa que se antoja posible y hasta ineludible, se cancelan en Guadalajara. Una empresa exitosa para Bosco Constructores, cuya firma tendrá que ser recompensada millonariamente por el ayuntamiento de Guadalajara ante la cancelación del contrato para que levantara las Villas en el parque Morelos, en un apunte de inteligencia que nadie vio, nadie entendió, nadie supo por qué rechazó, y que ahora recibirá de nuevo la concesión del proyecto en El Bajío, sin que los zapopanos tengan idea de cuándo Juan Sánchez Aldana, el osito gummie de la fiesta, los llamó aparte en una noche de copas y les vendió la papa caliente.
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Los Panamericanos son un asunto de éxito empresarial para políticos como Carlos Andrade Garín y el propio Sánchez Aldana, cuya aparición en titulares, entrevistas y segmentos televisivos, los hacen poseedores de un mayor impacto mediático que el que poseen Mc Donald’s, Mickey Mouse o Alfonso Petersen Farah. Si Emilio González Márquez se llevó al ex alcalde tapatío a Salud, aprovechando el pobre –para no decir “pésimo”- desempeño de Alfonso Gutiérrez Carranza en la cabeza de la dependencia, fue para que su grupo político no perdiera tantos puntos de rating con miras a 2012. La salud de los jaliscienses, como ha sido ante la obesidad, la diabetes y la hipertensión, las verdaderas graves epidemias, puede esperar.
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Los Panamericanos son un asunto de los que manejan el dinero, no de los que lo ven caer a cuenta gotas. No es suyo si usted no posee acciones en Sistecozome, ni mío si mi nombre no aparece en la lista denominada “participaciones federales”. ¿Usted los siente suyos? ¿En verdad? Haga un breve ejercicio intelectual conmigo y dé por terminado este intento de opinión: cierre los ojos, ponga su mente en blanco, y en seguida recuerde una escena transmitida por televisión de un atleta mexicano ganando una medalla en una edición cualquiera de los Juegos Panamericanos. ¿No?, ¿nada? ¿Víctor Estrada, Soraya Jiménez, Fernando Platas, Iridia Salazar, parados en el pódium, con cientos de cámaras proyectando su sonriente figura medallista al mundo entero? ¿Qué tal uno internacional, Michael Phelps, por ejemplo, o Katy Freeman? ¿Tampoco nada? ¡Bingo! Los Panamericanos no son un asunto del deporte, la presencia internacional o la proyección de Guadalajara al mundo entero. Son un asunto del dinero que corre hoy, por paladas, y que constructores, industriales, empresarios, gobernantes –es un decir- y administradores ven llegar a sus manos, aunado al crecimiento de sus nombres. Los atletas y Guadalajara pueden esperar. Si les tocan puestos de gobierno después, quizá admiren los Panamericanos con otros ojos, y hasta ganen la sede de los Olímpicos. Andrade Garín se cuestiona por qué nadie quiere a sus benditos –es otro decir- Juegos. Que quite los ojos de su cartera, los dirija hacia sus interlocutores y quizá le explicaremos.
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¡Salud!
PD: Faltan 17 días para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Los Ángeles, invitated of honor. Chido one!

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