domingo, 29 de noviembre de 2009

ParaFILia 2.

Vivir la FIL requiere de un par de cosas: dos ojos avizores, por lo menos -hay quien tiene hasta tres o cuatro... como en toda feria-, y una paciencia infinita. El dinero no es un requisito. Yo de eso precisamente vengo a hablarles hoy, en un segundo día de Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que con la presencia angelina está siendo una feria de rechupete. ¿Ya vinieron? Bueno, de cualquier forma, los regañaré en la materia al terminar esta entrada. . Yo acabo de adquirir a cincuenta pesos el ejemplar un trío de seudonovedades literarias del sello Santillana. Quienes vivimos de prestado, pero no por ello abandonamos el truculento y a veces hambruno amor a los libros, sabemos a la perfección que un libro de Santillana en lo que cuesta una entrada al cine en miércoles es como para comprar una docena. Yo no llegué a tanto. Adquirí felizmente La muerte de Artemio Cruz, del laureado Carlos Fuentes -estrellita marinera, le llamaba un amargado profesor de la carrera, y yo moría de risa imaginando a Fuentes vestido de Tatiana-, Delirio, de Laura Restrepo, que era un antojo literario desde que ganó el premio Alfaguara en 2003, y Gracias por el fuego, del reciente y tristemente finado Mario Benedetti, cuyo puro nombre ya me provocaba salivaciones extremas cuando La Paupau, ex editora y sempiterna belleza de luengos ojos, me lo presentó, dos años ha. . Aparte en la FIL están los económicos de siempre, que si bien suelen resultar incompletos, no son una mala inversión para darse una idea de qué trata la obra... o para prender la chimenea en la próxima navidad, que se antoja tan fría que ya doña Mago mandó instalar lanzallamas en las habitaciones de nuestra casa de cal y canto para no pasarla (tan) mal -pieles intolerantes al fuego, favor de abstenerse de visitarnos en Noche Buena-. Son, por ejemplo, los casos de Tomo, Editores Mexicanos Unidos y los Libros Más Pequeños del Mundo, que este año pusieron un stand tan chiquito que dan pena -o uno se pregunta, con la habilidad de hallar cuestionamientos inútiles que poseemos todos los aspirantes a periodistas... ¿será un stand alusivo al producto que oferta? Seguiremos informando-. . También está la terrible situación del stand de libros de bolsillo que, según eso para atraer lectores ante la crisis, editoriales como Random House Mondadori y Ediciones B tuvieron la osadía de montar en el Área Internacional de la FIL. Ni se paren ahí: si bien la selección de títulos es atractiva, con plumas como Orhan Pamuk y Doris Lessing en los aparadores, lo que les cuesta es como para reírse del nervio, o de la pena. ¿Recomendaciones de un recurrente visitador de estos pasillos alfombrados? Vayan a los stands de las librerías. Gonvill, pese a lo que digan mis aspirantes a intelectuales compañeros de aula, es diez veces más barato que los precios oficiales de librerías como Gandhi o el todavía más nais -es un decir- El Sótano. . Otra recomendación económica efectiva: pidan a la salida su sellito en la muñeca para que puedan volver de comer y pasearse otro ratito. Acuérdensen que adentro de la FIL la comida sabe a ñáñaras con pollo y res, y uno no sabe si los ascos que siente al terminar es porque comió algo medio masticado con anterioridad, o porque pagó por esa mielda -así dice Polo Polo, gran amo y señor de la cultura mexicana, que pronuncian "mierda" los cubanos- la mitad de su sueldo quincenal -y eso si es usted un alto ejecutivo, porque si no, ni se pare por las zonas de comida, donde hasta el aire cuesta-. . Una última, antes de salir a dar otro paseo por stands y libros: échense un coyotito en las zonas de descanso que Nubia "Todoterreno" tuvo a bien armar en ciertas zonas. Hay hasta puffes, de esos que antes vendía Britney Spears, pero que ya no vende nadie porque todos los compró la Feria. Eso sale gratis, así que abran el libro y échense a darle vuelo a la lectura del material. Para acompañarlos, estarán las frases de textos de José Emilio Pacheco, homenajeado este año, que llenan las columnas del recinto. ¡Qué bonito es lo bonito, caray (y qué barato)! . ¡Salud!

sábado, 28 de noviembre de 2009

ParaFILia 1.

Ya empezó. Les dije que se fueran preparando, que sacaran sus diccionarios de spanglish y se pusieran al corriente en sus lecciones de pocho. Esto se aproximaba meses atrás como una gigantesca mole de cultura y literatura -una cosa incluye a la otra-, y ahora que ya está aquí, los veo medio desorientados en los pasillos, medio incómodos con eso de que el invitado de honor sea una ciudad estadounidense en que el inglés apenas se habla. Y como no los agarró la FIL preparados -confesados menos-, sobra decirles que este Baile fungirá como declarador de las labores propias de la Feria el tiempo necesario... o el posible, para que ustedes nomás nos visiten cada que puedan y encuentren lo que se escribió cada que pudimos.
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Por lo pronto, un doble encuentro el día de hoy facilita que esta sea una entrada poco más que desierta. El primero fue medio planificado, pero no quise hacerme ilusiones cuando me avisaron que lo tendría porque luego se sala. Ya ven lo que dicen: cuenta la mitad de lo que planeas, y verás resultante la otra mitad.
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Denise Dresser, importante politóloga a la cual sigo desde hace tiempo porque siempre hace comentarios altisonantes y acertados, que poseen la mira de alguien que, si bien no lleva aaaañales en eso, por lo menos sí es inteligente para adivinar por dónde nos va a llegar el camotazo, fue el primer encuentro fructífero del día, después de una inauguración en la que faltó brillo y presencia, y en la que sólo destacó el aswarzeneggerizado jefe de gobierno de la ciudad de Los Ángeles, Antonio Villarraigoza, quien se definió "pochito" y demostró que, lo suyo lo suyo, es hablar sabroso.
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Han de sabre que Denise se nos escapó en una ocasión a La Wendy y a mí, que andábamos persiguiéndola para una entrevista. Bueno, no, la perseguía La Wendy, y yo nomás mirando. Entonces, bajo el pretexto trillado de ir tarde a su vuelo, Dresser se disculpó y se salvó de un par de preguntas sobre género y equidad de oportunidades.
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Por eso cuando llegué a la FIL y La Gabybaby me pasó mi agenda del día, que incluía entrevistarla, temblé en mis cimientos. ¿Y si ahora otra vez se me escapa, con pretexto de ir tarde a su comida, o temprano a su desayuno? Patatuz que me iba a dar. Pero no, no pasó que respondió las preguntas que le hice de manera mecánica, y hasta me hizo el feo cuando le pregunté por qué no armaba una mesa redonda con políticos jaliscienses ahora que andaba por los rumbos. "Porque lo mío no es hacerme su amiga, sino encargarme de que la gente que sí lo es se la piense dos veces". Sabia decisión.
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El otro encuentro fue más ameno, agradable y hasta prometedor. Josefina Real es una periodista que tiene EL modo de dar las noticias por Radio UDG. La encuentran en el 104.3 de fm de lunes a viernes, de 13 a 15 horas. Por su capacidad para mostrar el dato, para exponer la cuestión y hasta generar opiniones en sus radioescuchas, se ha ganado la confianza y hasta mi espacio en la agenda, que lleno gustoso emisión con emisión. Por eso cuando le reconocí voz y figura terminando ella de entrevistar a Dresser, me acerqué corriendo y le tendí la mano. Algo malo debió pasarle con anterioridad, porque declararme su fans -a lo mejor fue que dije fans y no fan- la hizo llenarse los ojos de lágrimas y llevarse la mano al cuello en un gesto de ahogo.
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"No, bueno, no es para tanto, está bien que soy detestable, pero tanto así como para sufrir por ser tu fans, está gacho". Pero Josefina me agradeció encarecidamente, una y otra vez, que me declarara a favor de su estilo, al que muchos han tachado últimamente de informal. "Todo menos eso: confunden los que así opinan cercanía con el radioescucha con informalidad. Es usted un absoluto "bravo"", le dije, y más todavía chillaba la Pina Real. Yo, por ese simple gesto de cercanía que otros muchos nunca tienen, le destinaré hasta dónde sea posible mi horario en la agenda a su emisión radiofónica. Hagan lo propio.
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Por lo pronto, nos quedan otros 8 días de Feria. ¿Ya fueron? Habrá venta nocturna, en un arrebato tipo Zara que le pegó a Nubia y nos la organizó. Pero los libros estarán el resto de la FIL. No se van, los llevan. Vayan, se nos está haciendo tarde.
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¡Salud!

Smells like FIL spirit.

Yo no sé si ya se dieron cuenta, pero hoy inicia -hoy,hoy,hoy- la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2009, cuyo invitado de honor, a estas alturas, imagino ya conocen en medio de gingles ridículos en la radio y la tele -sigo teniendo pesadillas con eso de "Los Ángeles, la FIL, elei en 2009, más literatura para que la letra sueeene"-.
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Nadie nos va a dar atole con el dedo: todos hemos vivido un año económicamente difícil. Quienes perdimos nuestra chamba y vimos con ello extraviada la posibilidad de un año más tener acceso a la sala de prensa de EL evento cultural del año, sufrimos el doble: un poco por perder el trabajo, un tanto más por perder la acreditación a la FIL. Para quienes sólo perdieron el trabajo, el asunto se vuelve doblemente difícil: habrá que pagar un boleto a la FIL, como cada año, y además buscar un nuevo empleo, en un tiempo en que ni Walmart, que ya es mucho decir, tiene abiertas sus bases de contratación.
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Discutiendo con la mesa de redacción de este blog entre copa y copa cuál sería la posibilidad de hacer una entrada previa al evento cultural, que Manuel Falcón bien ha definido en su programa de radio como una "bomba cultural", los treinta y cinco redactores -es un decir... lo de treinta y cinco- llegamos a la conclusión de que lo mejor sería enlistar para ustedes tres razones para asistir a la FIL en tiempos de crisis. Y como ya perdí mucho tiempo platicándoles qué mal nos fue en 2009, concéntrome y escríbome.
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1. Nunca habrá mejor inversión para los tiempos de crisis que comprar un libro. Claro, al respecto cada quien tiene su versión. Grupo San Carlos y Ara dirán que la mejor inversión es comprar una casa; Mercedes Benz dirá que un carro, y de lujo; Chocolatera Ibarra -que por cierto, presta un año más su estacionamiento gratuito para todos los filiántropos- dirá que no hay como una tacita de chocolate espumoso para salvar la derrota económica; Andrade (A)Ga(r)rín y Vázque (A)Raña insistirán en que lo mejor en que se puede invertir en tiempos de duda financiera es en unos juegos, y si son Panamericanos, mejors. Pero lo que ellos digan me vale soberano cacahuate: cuando les quiten la casa, el carro nuevo, el chocolate y los Panamericanos por no pagar, van a buscar qué leer mientras esperan en la banqueta que surtan el Sólo Ofertas en el Oxxo. Por cierto: si no pueden pronunciar bien "Oxxo", dejen de leer esta entrada y corran a la FIL. Lo suyo es emergente.
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2. Deudas vienen y van, crisis vienen y van, hambre y pobreza vienen y van. Huicho Domínguez se sacó el premio mayor y luego durante una choricera de telenovela nos dimos cuenta de qué fácil era perderlo -a Huicho... y al premio también-. En cambio la literatura está siempre presente. Ha estado desde que el hombre aprendió a escribir, o un poco antes, y se ha modificado conforme el hombre ha visto en ella la posibilidad de, si no remediar, por lo menos limar sus males. Hoy, a milenios de distancia, el libro existe, casi idéntico además, por sobre otros muchos objetos que han desaparecido en el tiempo y con el tiempo, o modificádose de tal manera que hoy resultan prácticamente irreconocibles. Lo ideal en un tiempo cambiante, pues, es hacerse de un libro, o de una Feria del ídem, tanto mejor, con la cual mantener los pies sobre algo firme -recomiendo Robinson Crusoe, que tiene su isla, y su perro, y su Viernes-.
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3. Guadalajara no es una ciudad cultural. A duras penas es una ciudad. El único evento verdaderamente diverso y multifacético que tenemos en la materia se llama Feria Internacional del Libro, su entrada vale menos que un hot dog en el Oxxo, y se puede pasar y salir al evento veces interminables con un mismo boleto por día. Eso significa que si usted llega a las 9 y paga su entrada, sale a comer y regresa, y luego sale a cenar y regresa, cada entrada a la FIL le habrá salido en menos de 7 pesos. ¡Qué barato! Haga la cuenta de lo que ha gastado al año en alcohol, radiadores para el coche e impermeabilización de la casa, y descubrirá que la literatura es, potencialmente, más barata que vivir. ¡Qué bonito es lo bonito!
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Ya las tiene. Si no le satisfacen, búsquese otras. Lo que no puede dejar de lado es estar en la FIL entre hoy y el próximo domingo. Yo, en la medida de mis posibilidades -que ojalá sean bastas- ahí los veo. Chin-chin al que no vea por los pasillos.
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¡Salud!
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Hoy inicia la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Los Ángeles, invitado de honor 2009. Nubia Macías sabe hacer Ferias del Libro, no gingles promocionales. I promisse the Fil is gonna be better than "más literatura para que la letra sueeeene".

domingo, 22 de noviembre de 2009

El asunto de B.

Carlos Jorge Briseño Torres era, dicen, un hombre extraordinario. Nacido en La Barca, estudió en la Preparatoria 2 de la Universidad de Guadalajara, y luego la licenciatura en Economía en la misma institución. De temperamento sereno, agradable trato, franca respuesta, entrevistarlo era, dicen también, tener una buena charla, de ésas que uno lleva con amigos y familiares en la sobremesa, que nos hacen los días de verano todavía más cálidos, las noches de invierno pasar desapercibidas.
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Su gran error fue, dicen también, haberle "entrado" al trato con los Padilla López. En especial con Raúl, de quien se conoce un temperamento arisco, agresivo incluso, poco dado al respeto en ciertos días, un tanto "bipolar". Yo no estoy para contarlo, ni ustedes quizá para escucharlo, pero existen voces que indican que el ex rector de la Universidad de Guadalajara, hoy director de la Feria Internacional del Libro, llevó tratamiento siquiátrico por años, si no es que se prolonga aún en la actualidad, luego de daños en su personalidad causados por conflictos sostenidos con su padre, ex candidato a la gubernatura de Jalisco, de cuya pérdida, por una razón que ningún chismoso atina a ponerme en claro, culpó al hijo durante años.
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Al lado de Raúl y el otro "big brother", Trinidad (Trino, pa' los cuates -a mí ni me vean-), actual diputado federal presidente de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, Briseño fue subiendo escalones en la administración de la U. de G., en un amiguismo rotundo que, si bien el alguna vez rector del Centro Universitario de la Ciénega (Cuciénega) denostaría posteriormente, acusando a los Padilla López, en concreto a Raúl, de haber hecho de la "real y noble" Universidad un feudo a título personal, en un principio, cuando el viento giraba a su favor, no sólo avaló, sino disfrutó.
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Pero hoy, con el fallecimiento de Carlos Briseño, resulta difícil culparlo de algo. Las acusaciones que hizo cuando aún ocupaba el puesto que, a todas luces, Padilla había conseguido para él como rector general de la Casa de Estudios -no sé a ustedes, pero a mí el término "casa de estudios" me pasa sobremanera-, y que luego le costaron la rectoría misma, enfrentándolo a la opinión pública en asuntos de conocida verdad -que los Padilla controlan la U. de G., y con ello el vaivén de los presupuestos-, son hoy la reflexión que más duele -es un decir- a las voces que poseen los micrófonos del estado. Si el Alma Mater de Jalisco, quizá la de más "alma" del occidente de México, está controlada por un grupo reducido de personas, ¿qué puede esperarle a la educación, a los procesos administrativos, a la enseñanza de la democracia? ¿Qué a la actualización, al cambio favorable, en una microdictadura? ¿Qué nos espera si el dinero se invierte en auditorios internacionales y teatros remodelados, a los cuales no ingresan sino quienes pueden pagar boletos de más de 500 pesos?
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El suicidio de Carlos Briseño Torres es lamentable no sólo por la muerte misma, a la cual, tras milenios de historia, los seres humanos nomás no nos acostumbramos, sino porque marca el final de la lucha de un hombre que intentó demostrar que poseía la razón, contra su padrino político, contra su estado, contra el Estado. Nadie metió las manos por él, nadie buscó ayudarlo. Los tribunales le dieron la espalda, amparados por la ley -los tribunales se amparan con la ley, no aparan con la ley-. Su final fue triste, tristísimo, digno del más sórdido filme de Felipe Cazals o Clint Eastwood -con todo y sus buenos, malos y feos-. Pero más triste es la situación de la Universidad, más lamentable, más dolorosa y motivo de miedo. No porque se esté cayendo a pedazos, sino porque ya se ha demostrado que la administran unos pocos, para, por y con sus bolsillos. Descanse en paz... quien sea.
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¡Salud!

sábado, 14 de noviembre de 2009

Scherezada

Y Scherezada salvó la vida contando cada noche una historia al sultán durante mil y una lunas.
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A mí que no me venga Emilio con el cuento aquél de que estamos más seguros desde que tuvimos el “buen tino” de elegirlo como gobernante –es un decir, como en él, en quien todo es un decir-. Luego del discurso son atisbos de tortura que se aventó en la Cámara de Comercio la semana pasada, en que hasta Sor Juana salió señalada como la primera mujer disfrazada de la historia – así dijo, a mí ni me vean-, y en el que incluso mencionó al Muro de Berlín y se aventó una trivia entre los asistentes respecto a datos referentes a la historia de Jalisco, su goberna(conlacola)dor –sí, suyo, a mí que me esculquen, que no voté por él- me viene resultado poco fiable en eso de los datos.
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Y menos luego de que ayer, ocupando sendos lugares en un parque público, El Choito y yo andábamos mirando la tarde caer y, en teoría, perdiendo el tiempo, cuando un hombre de dudosa posibilidad de mantenerse en pie, se acercó gimiendo una sarta de sandeces –sí, como Emilio, es indiscutible cómo nuestros políticos se vuelven a través de sus discursos cada vez más motorolos y borrachos- para luego decirnos, prácticamente, “cáiganse con la lana”.
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El Choito se paralizó de un modo tan especial que por poco se me desmaya. Yo, que no soy muy dado a levantar muertitos, sufrí con la idea de tener que agarrar a mi amigo –ajá- por las axilas y verterlo –literalmente- en un camión público o un taxi para salvar el pellejo. Además, pensé, falto de ejercicio como ando ahorita, mis músculos no podrán alzar la tenaz estructura anatómica de El Choito y ahorrarle así dos o tres navajazos. Ni hablar, me dije, lo mejor será pedir “en la cara no”.
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Tampoco nadie puede venir a decirme ahorita que la literatura no salva vidas. Que los que nos acercamos a ella con afanes profesionales no le encontremos un fin práctico, no quiere decir que no lo tenga. Recuerdo en este preciso momento las galletas de la suerte, por ejemplo, que harían un bien público si comenzaran a incluir frases de libros más allá de proverbios chinos que, sobra decirlo, conocemos de sobra gracias a heraldos eficientes de la filosofía oriental como la Señorita Cometa y Master Z. Imagínese usted destapar una galleta y encontrar, por ejemplo, “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”, o “Barrabás llegó a la casa por vía marítima”. No nos darían luz sobre asuntos relacionados a la vida diaria, pero nos acercarían a los libros y sus autores, lo que ya sería ganancia.
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Total que el tipo ya amenazaba con castigar nuestra pobreza con un par de tijeretazos al hilo de las Norias, cuando mi impostergable capacidad de cargarme las manos con las cosas que poseo hizo a nuestro raptor –es un decir- poner mientes en la bolsa blanca con leyenda “Gonvill” que llevaba entre mis brazos. “¿Qué traes ahí?”, me dijo, y yo, que no sabía a qué se refería con esa mirada indecente y nudista, no atiné a responder hasta que El Choito me dio un codazo y me despertó, con medio hígado amoratado, de mi ensueño pornográfico con las miradas del teporocho.
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“Libros”, dije, y con mi también impostergable necesidad de acercar a los sufrientes a la literatura, extendí la bolsa, que él tomó con más hambre que la que seguro hubiera manifestado de encontrarse ante una Whopper. El Choito, cabe decirlo, me miraba de reojo proponiendo la huida. Yo no podría haber corrido: en parte porque seguía pensando en la mirada gulosa del asaltante, y en parte porque comenzaba ya a enamorarme con la idea, bastante provechosa, de que el tipo estuviera buscando qué leer, y yo, sabio maestro de las ideas, pudiera surtirlo de material revisable.
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De la bolsa, sacó el libro más gordo, Las mil y una noches, en edición de la colorida y sencillamente adorable Sepan Cuántos… de Porrúa. Imagino que le gustó por gordo, naranja, empastado y emplasticado. Los mexicanos tenemos un gusto especial por las cosas a las cuales las rodea el plástico, y en general porque eso nos hace creerlas nuevas. Lleven ustedes su computadora a revisión, y el técnico seguro la regresará rodeada de plastipack, aunque no le haya movido un tornillo, ni la haya encendido siquiera.
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“¿Esto te costó muy caro?” Dije sí, unos cien pesos. La idea del dinero, más que la de la lectura, lo sedujo de inmediato. Esto no es más que una aseveración sin fundamentos. Le dije que debería leerlo, pero el tipo insistió en cuánto me había costado. Entonces entendió que, más que por la razón del dinero por la cuestión de ser un libro, el objeto que poseía entre manos, probablemente el más valioso que jamás había acariciado con sus dedos, era un tesoro de posibilidades financieras incalculables.
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“¿Me lo regalas, carnal?”, preguntó, con el mismo tono en que un niño que teme el “no” pregunta a su padre si puede repetir del postre. El Choito a estas alturas se desvanecía, y pedía a gritos con su par de ojos de visir otomano la intervención de una patrulla. “Sí, seguro”, le dije, pidiendo de regreso el resto del material bibliográfico. Entre lo devuelto, estaba, ¡oh, malsana insolencia de la vida!, Alicia en el país de las maravillas.
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El tipo no salió corriendo. Agradeció una y mil veces lo que, de ser un objeto arrancado, se convirtió por una simple pregunta en un regalo. Hizo tantas reverencias que pensé que se quedaría trabado o se le apagaría la pila. Cuando desapareció de entre nosotros, El Choito sacó su gel antibacterial y limpió sus manos fervorosamente, sintiéndose sucio en un acto en el que bien podría medir aquella frase de una inmortal aunque viajera compañera de clase: “La suciedad que tú sientes, no está en tu cuerpo”.
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Yo me quedé pensando y llegué a una conclusión dolorosa que, sin embargo, pudo arrancar una sonrisa de mis labios: hace siglos, un grupo de hombres desconocidos fue recopilando historias populares que habían formado parte integral de la tradición oral por milenios. El resultado fue un libro sobre una mujer de la corte de un sultán de un lejano país oriental que, para salvar su vida ante la misoginia asesina del gobernante, contóle durante mil y una noches el mismo número de historias para entretenerlo y hacerle dormir. Scherezada salvó su vida, y en forma prolongada la del resto de las mujeres de su pueblo, regalando al asesino literatura pura. Yo hoy, ya en pleno siglo XXI, salvo el pellejo mío y de mi amigo –ajá- regalando a Scherezada. Bendito sea el eterno retorno.
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¡Salud!
Faltan 14 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Los Ángeles, invitado de honor. Viene la FIL, ése, prepare sus tickets, ése.

viernes, 13 de noviembre de 2009

¿Qué dijo? –o de cómo ser gobernador y dar discursos acertados no son cosas compatibles-.

Emilio González Márquez, gobernador constitucional –dicen- del estado de Jalisco, no es precisamente un gran orador. Caracterizado por sus excesos alcohólicos y sus continuos desmanes festivos, es rara la ocasión en que se le aparece un micrófono y realiza ante éste un discurso acertado y conducente. Su incapacidad verbal es tan grave que una maestra de mi licenciatura ya estudia su caso –sí, “caso”, como “caso” clínico- para titularse de doctora en lingüística imposible.
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Secundado por esta fabulosa incapacidad para la buena oratoria, recurso insustituible del buen gobernante hasta la llegada de la era panista en el estado, en una ruptura de la tradición que fue encabezada por el ahora ex gobernator Alberto Cárdenas Jiménez, con aquello de “Haiga sido como haiga sido” o el aún más célebre “Jaliscienses, les habla su góber”, González Márquez habla todavía peor de lo que gobierna.
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En un breve recuento, estarían su poca capacidad diplomática al referirse a los homosexuales como “enfermos”, a su ahora ex titular de Salud y ex chofer, Alfredo Carranza Gutiérrez, como “bajito, gordito y más bien poco agraciado físicamente”, y a los jaliscienses en sí como “me valen madre”, en la familiar y dueña de titulares mentada, que cautivó a propios y extraños en 2008, durante el Banquete del Hambre.
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Pues bueno, su participación en la Cámara de Comercio el lunes pasado fue tan acertada que uno de los guaruras de “su real gobernación”, al ver que el discurso del gobernante no arrancaba a los miembros de los medios presentes en el evento más que risas, se acercó a nosotros y sólo atinó a disculpar a su jefe con un sentido “perdónenlo, no sabe en qué siglo está”.
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Y sí. En un evento de Femac, la Federación de Mujeres Empresarias y Profesionistas A. C., González Márquez preparó –no, no es cierto, y si lo hizo, nomás no le salió- un discurso que, de tantos temas, terminó por no decirnos nada. Empezó con el Muro de Berlín. Sí, y no para comparar, afortunadamente, los pilares caídos del fatal recurso divisorio de las dos alemanias con las piernas abiertas de una mujer, sino para explicar que en el mundo hay barreras, y que vencerlas es prioridad de los que viven en él.
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Luego brincó a Sor Juana. Por alguna extraña razón, y sin lograr vincular ni tantito los ejes temáticos de su cátedra antirretórica, avanzó contra la monja virreinal y la designó, de un plumazo –es un decir, insisto; si lo hubiera traído preparado no le hubiera salido taaan gacho-, como la primer “disfrazada” de la historia. Sí, “disfrazada” fue la palabreja que usó. No rescató la cuestión del machismo incipiente en la época novohispana, prolongada hasta nuestros días. La designó como disfrazada y a lo que seguía.
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Y lo que seguía fue tan vergonzoso que todavía me dan ñáñaras cuando veo el video. El goberna(conlacola)dor del estado hizo una trivia. Sí, justo cuando todos pensábamos que dejaría el estrado y aceptaría de una vez por todas que no sabe hacer lo que dice que hace –beber y regarla sí, pero nunca nos ha dicho que bebe ni que la riega rebien-, comenzó a hacer cuestionamientos complicados a un público que no contestaba, asustado ya, tras cuarenta minutos de palabrería, de no escuchar más que barbaridades.
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“¿Ustedes saben en qué año se construyó en Jalisco el último parque industrial?” José María Muriá, célebre historiador, presente en la primera mesa, levantó los hombros y se paró al baño. Daniel Cosío Vidaurri, tristemente célebre último gobernador priísta del estado, quiso hacer lo propio, pero las rodillas no le respondieron. Juan Sánchez Aldana, el más abucheado presidente municipal que ha visto Zapopan, con sus dos manos rotas por dar el zapotazo sobre un piso mojado una semana atrás, ni se pudo rascar la pelona. Enrique Alfaro, alcalde electo de Tlajomulco de Zúñiga, mejor se puso a mandar mensajitos en su Blackberry. Ante más de cinco minutos sin respuesta, Emilio comenzó a fingir que las recibía y a apostar consigo mismo: “Vamos, ¿quién da más? ¿En los setentas, ochentas? ¿Hace diez, quince años?”, lanzaba en el micrófno, sin que ninguno de los miembros de la audiencia lanzaran tales cifras.
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Hizo dos preguntas más por el estilo, relativas al agua potable en el estado, los sistemas de movilidad. Muriá ya de plano no regresó del baño. Cosío Vidaurri, en el último reporte, babeaba su cocol en el último círculo del sueño. La misma respuesta. Nadie lo peló. A decir de El Toño, faltaron dos cuestionamientos que seguramente habrían generado en la audiencia furor y regateos: “¿Ustedes saben a qué saben los guamúchiles?” y “¿Ustedes saben cuántas avalanchas lleva regaladas Chabelo en su programa los domingos?”
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Pero no paró ahí. El punto álgido de todo llegó cuando, al intentar infructuosamente referirse al jefe de estado canadiense, el primer ministro Stephen Harper, a González Márquez le falló el apuntador -¿apoco traía?- y, en lugar de parar ahí o pedir disculpas por el olvido y seguir de largo o terminar, se arrancó con un irracional, inconciente y temerario “Stephen… no sé qué”. Sí, leyeron bien. Imagino la cara del líder norteamericano al abrir el diario la mañana el martes y verse apellidado “no sé qué” por el campechano y antipánico gobernador de una provincia mexicana. “Sacreblú!”, exclamaría, u “Oh, my God!”, según el humor lingüístico en que se encontrara, con el privilegio de las naciones oficialmente bilingües.
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Los asistentes fueron desocupando sus lugares progresivamente, temerosos de ser fotografiados en un evento arruinado de esa forma desde el pódium. El asistente de prensa de Emilio, que contemplaba todo desde un extraño del salón, pidió que le envolvieran su huevo revuelto para llevar y se fue pensando cómo iniciaría la redacción de su renuncia. Haría bien Héctor Moreno en renunciarle a Emilio: el Estado se ahorraría un sueldo más para un 2010 complicado en presupuestos, y así el goberna(conlacola)dor podría disponer a sus anchas de sus fichas bibliográficas. ¿Quieren un consejo? En 2012 voten no por el que mejor sepa manejar el presupuesto, sino por el que menos inconsistencias verbales diga ante las cámaras. Eso no nos garantiza un buen gobernante, cierto, pero por lo menos la pena ajena nos la ahorrará por kilos.
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¡Salud!
Faltan 15 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Los Ángeles, invitado de honor 2009. Ya huele a bamba.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Panamericanos para todos.

La cuestión de los Panamericanos no es deportiva. Los jóvenes atletas del CODE pueden estar tranquilos: la opinión pública no tiene interés alguno en “entrarle” a la crítica de hombres y mujeres menores de veinticinco años que toman camiones, viven en las afueras de la ciudad y combinan, a veces con poco éxito y demasiado cansancio, actividades escolares, deportivas, familiares y de entretenimiento. Nadie va a forzarlos a elevar niveles de rendimiento que, en el caso de Jalisco, ya superan las expectativas nacionales, posicionando al estado en el primer lugar nacional durante diez años. Ellos hacen lo que pueden, con lo que tienen a la mano: instalaciones construidas en los años ochenta, uniformes y apoyos educativos según su desempeño, ausencia repetitiva de espacios deportivos adecuados cercanos a sus municipios, autoridades de la materia obesas en presupuestos y fisionomías, predisposición social a ignorar sus triunfos, en nada comparados a los que el merchandising produce para atletas como Ana Guevara, Rafael Márquez, Lorena Ochoa.
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La cuestión de los Panamericanos es eminentemente empresarial. Empresarial para una cúpula de industriales y propietarios de marcas y participaciones que controlan el mercado local de sus distintos ramos, impidiendo el desarrollo, crecimiento y empoderamiento de micro, pequeñas y medianas empresas. ¿En qué se parece el abarrote “La cantera” que doña Luisa Godínez posee en Miravalle, y cuya ganancia diaria apenas genera para ganar la renta, al Wal Mart que a pocos kilómetros de ahí deposita en su caja chica –es un decir- cantidades mayores al millón de pesos diarios? ¿Qué clase de estrategia, apoyo o “palanca” podría utilizar doña Luisa a su favor ante una transnacional cuyos gastos anuales en materia de mercadotecnia superan por mucho el presupuesto anual del programa Oportunidades del gobierno federal para el combate a la pobreza? Si los Panamericanos traerán derrama económica considerable, doña Luisa no la verá. El asunto es simple: si doña Luisa no puede pagar un banner, un stand, un sistema de volanteo, en alguno de los eventos deportivos, ¿cómo es que alguno de los deportistas o sus comitivas pensará en ir a comprar en su abarrote? Los Panamericanos son provechosos para quienes pueden acercarse a las cúpulas gubernamentales, asistir a los desayunos, tramitar los acuerdos en privado, en medio de un sistema corporativista que ha sido creado por, para y con los empresarios, los propietarios de cifras que superan los seis ceros.
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La cuestión de los Panamericanos es empresarial también para un gobierno que, de proteccionista y “apapachador”, se ha convertido en administrador a título personal de recursos sociales. Por eso Carlos Andrade Garín y Juan Pablo de la Torre defienden Guadalajara como ciudad sede de la justa en 2011 ante la Odepa vestidos de traje sastre y no de los jeans que el gran porcentaje de los tapatíos visten día con día. Por eso las encuestas señalan que más del ochenta por ciento de los jaliscienses no tiene idea de cómo van los Panamericanos, mientras entre el gobierno federal, los municipales y el comité de la Odepa encabezado por Mario Vázque Raña, corren cifras, se ajustan presupuestos, se hacen citas, se conciertan diálogos. Por eso hay más ruedas de prensa que mesas redondas, y menos declaraciones exclusivas que comunicados. Por eso todos los que se suben a un presidium para hablar de Guadalajara 2011 parecen tan confiados, mientras sus escuchas, escalones abajo, miran la vida con la misma capacidad de entendimiento que posee un elefante encerrado en un zoológico. Ellos deciden, suman cifras, entregan fianzas millonarias. Nosotros, nomás la vemos pasar.
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Los Panamericanos son un asunto de éxito empresarial para la Odepa, que ya hizo al gobierno del Estado asegurarle cincuenta millones de dólares si los Panamericanos, cosa que se antoja posible y hasta ineludible, se cancelan en Guadalajara. Una empresa exitosa para Bosco Constructores, cuya firma tendrá que ser recompensada millonariamente por el ayuntamiento de Guadalajara ante la cancelación del contrato para que levantara las Villas en el parque Morelos, en un apunte de inteligencia que nadie vio, nadie entendió, nadie supo por qué rechazó, y que ahora recibirá de nuevo la concesión del proyecto en El Bajío, sin que los zapopanos tengan idea de cuándo Juan Sánchez Aldana, el osito gummie de la fiesta, los llamó aparte en una noche de copas y les vendió la papa caliente.
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Los Panamericanos son un asunto de éxito empresarial para políticos como Carlos Andrade Garín y el propio Sánchez Aldana, cuya aparición en titulares, entrevistas y segmentos televisivos, los hacen poseedores de un mayor impacto mediático que el que poseen Mc Donald’s, Mickey Mouse o Alfonso Petersen Farah. Si Emilio González Márquez se llevó al ex alcalde tapatío a Salud, aprovechando el pobre –para no decir “pésimo”- desempeño de Alfonso Gutiérrez Carranza en la cabeza de la dependencia, fue para que su grupo político no perdiera tantos puntos de rating con miras a 2012. La salud de los jaliscienses, como ha sido ante la obesidad, la diabetes y la hipertensión, las verdaderas graves epidemias, puede esperar.
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Los Panamericanos son un asunto de los que manejan el dinero, no de los que lo ven caer a cuenta gotas. No es suyo si usted no posee acciones en Sistecozome, ni mío si mi nombre no aparece en la lista denominada “participaciones federales”. ¿Usted los siente suyos? ¿En verdad? Haga un breve ejercicio intelectual conmigo y dé por terminado este intento de opinión: cierre los ojos, ponga su mente en blanco, y en seguida recuerde una escena transmitida por televisión de un atleta mexicano ganando una medalla en una edición cualquiera de los Juegos Panamericanos. ¿No?, ¿nada? ¿Víctor Estrada, Soraya Jiménez, Fernando Platas, Iridia Salazar, parados en el pódium, con cientos de cámaras proyectando su sonriente figura medallista al mundo entero? ¿Qué tal uno internacional, Michael Phelps, por ejemplo, o Katy Freeman? ¿Tampoco nada? ¡Bingo! Los Panamericanos no son un asunto del deporte, la presencia internacional o la proyección de Guadalajara al mundo entero. Son un asunto del dinero que corre hoy, por paladas, y que constructores, industriales, empresarios, gobernantes –es un decir- y administradores ven llegar a sus manos, aunado al crecimiento de sus nombres. Los atletas y Guadalajara pueden esperar. Si les tocan puestos de gobierno después, quizá admiren los Panamericanos con otros ojos, y hasta ganen la sede de los Olímpicos. Andrade Garín se cuestiona por qué nadie quiere a sus benditos –es otro decir- Juegos. Que quite los ojos de su cartera, los dirija hacia sus interlocutores y quizá le explicaremos.
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¡Salud!
PD: Faltan 17 días para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Los Ángeles, invitated of honor. Chido one!

lunes, 2 de noviembre de 2009

30 días.

Para Ch., por los treinta PRIMEROS días... y el redescubrimiento de las calles del Centro en domingo, y el amor, y la naciente arbolfilia, y el reencuentro con el Agua Azul, y el apoyo, y la nueva forma de ver los salchipulpos y las donas de Wal Mart, y el raspado de mango, y la cena especial, y las promesas, y el masaje, y el Telmex, y...
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Si Dios hubiera sido más inteligente, hubiese creado el mundo en treinta días. El caso es particularmente delicado: en los primeros siete se conocen los ingredientes, se preparan las mezclas, se miden las distancias, se adueñan los pasos. Los siguientes siete son de arduo trabajo: se bebe el mundo a sorbos ligeros, se ama mucho, se conversa aún más. En los siete que siguen se habla de otros mundos, se conocen otras personas, se afianzan las cosas y se les otorgan nombres. En los últimos siete, el mundo descansa, porque para crear hay que amar, y el amor requiere descanso.
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Yo estoy cumpliendo un mes. Un mes de hacer las cosas como Dios manda. Tú no crees en Dios, lo sé, pero él sí cree en ti. Mucho. Mi Dios, al menos, sí lo hace. Tiene la confianza absoluta de que estarás a mi lado siempre con toda tu capacidad de amarme, y eso te mantiene en su corazón. Yo estoy cumpliendo un mes contigo, y el "sí" que te di hace 30 días es, visto a distancia, una de las decisiones más acertadas que he tomado en mi vida. Muchas veces lo has preguntado y muchas veces lo he respondido. Lo hago una vez más, frente a todos los lectores posibles: si volviéramos el tiempo, y volvieras a preguntarme "eso", una vez más diría "sí, sí, sí, sí". Una vez más te cantaría al oído, una vez más lloraría de dicha en tu hombro.
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Gracias por el mes. No, eso es poca cosa. Gracias por la vida. Por devolverme al camino. Por darme la mano y volar conmigo un rato, sin medir paralelos ni distancias. Gracias por animarme a brincar al vacío. Gracias por la luz, por tanta, tanta, tanta luz. Gracias por todo ese amor que de tan absoluto hace llorar. Gracias por las lágrimas también. Gracias por el fuego.
. ¡Salud!

Galería del terror.

Para Alfonso, por la fiesta del disfraz que me faltó.
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Ya pasó. Si usted no se disfrazó, lamento terriblemente los malentendidos que le obligaron a permanecer en casa. Pero así es la vida, en pleno siglo XXI: un complejo y caudaloso mar de momentos que se pierden en el devenir de un tiempo día con día más cruel e inhóspito. Pero no se preocupe. El Baile de Coma, al servicio de la comunidad -como Canal 5, pero sin padecer de nuestras facultades mentales... todas-, ha decidido hacer hoy un recuento de los cinco disfraces que usted debió vestir el pasado Día de Brujas, y que seguro lo hubieran convertido en el alma de la fiesta -o la barandilla-.
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No se trata de hacerlo sentir mal, sino de que tome nota. Quizá el próximo año sigan de moda, y usted los prepare con un año de anticipación, por lo que queden bien vestidos. Pero no apresure el paso. Al ritmo cada vez más decadente en que vive la política, seguramente el próximo lunes usted estará de moda si viste cualquiera de estos disfraces. Viene, pues, el listado del terror.
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Elba Esther Gordillo. Imagine usted la cara de la maestra Gordillo, líder máximo del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), apareciendo a su puerta rogando por golosinas, como va a la Cámara y ruega por presupuestos. Un susto, fácil, sí le daba. Y es que esa mujer -es un decir- tiene en su rostro más cirugías que las restauraciones arqueológicas de Chichén Itzá. Con decirles que la Unesco reconoció su rostro como Patrimonio de la Humanidad, no por su belleza, sino por su pasado histórico. Un dato curioso: nadie ha encontrado nunca fotos de la "teacher" Gordillo de joven. Se murmura que fue criada en un laboratorio especial de la UNAM que, a falta de fondos, suspendió el experimento de una maestra criogénica insuperable -estilo Robocop-, lo que degeneró en Elba Esther Gordillo y sus bolsas Prada. Nota alternativa: hay dos formas de crear el efecto "charolazo" de su rostro: echarse un tehuacán con chile en la cara, o comprar una de sus máscaras en las tiendas de magia. Se recomienda el tehuacán, por ser un exfoliante ma-ra-vi-llo-so.
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Manuel Celaya. El depuesto presidente de Honduras es otro integrante entusiasta de esta galería del terror. Imaginen el caso: en medio de sus intentos por reformar la Constitución de su país y echarse otro mandato de seis años, Celaya fue despertado por una junta militar una madrugada, sacado en ancas de su domicilio -ni se puso los zapatos- y desterrado. Luego, Celaya se dedicó a viajar por todo el mundo para contarle al mundo que él era puro y santo, y el negro de Micheletti el cochambroso. Pero Celaya posee el mismo error terrorífico que Fox: habla demasiado, y usa sombrero y botas -oigan, sí es como para gritar ¡fashion emergency!- Así que, en su paso por naciones como México, se dedicó a jugar ping-pong con la izquierda y a denostar o ignorar a la derecha. Grave error en naciones como la nuestra, donde las polaridades han tomado en ocasiones visos de guerra cívica. Celaya solito se ha ido cerrando puertas que, por su cercanía a naciones econónica y mediáticamente privilegiadas como México, podrían serle de gran utilidad. Eso es como soga política al cuello ¡Mello! Además el disfraz está bien fácil: es como una combinación entre Chente Fox y Secreto en la montaña.
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Signo de pesos. Estarán muy de moda el próximo 2010 también. El presupuesto nos robó el buen sueño, y el paquete fiscal nos arrebató el de los justos. Nos quedamos como la papa sin catsup, como Sansón sin su melena, como Tarzán sin su puñal... y los puñales son la bola de diputados que no acaban de entender que aumentar impuestos sin reducir el gasto corriente no hace más que triturar a los mexicanos sin anestesia. La industria no crece, la educación se estanca, la economía familiar pende de un hilo. El 2010 será el año de una reforma legislativa que pudo haber sido, y de un par de centenarios que todavía no son. También será la tumba del PAN rumbo a 2012, y el inicio del regreso triunfal de Manlio, Robertito, Bety y otras chicas del montón. Ya lo vi: si no se disfrazan de signo de pesos, disfrácense de PRI. Así sí.
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Mascota de los Panamericanos. Nadie sabe si es trapecio, romboide, figura abstracta de Picasso o fumadera de Petersen Farah, pero la mascota oficial de los Juegos Panamericanos, un montón de figuras geométricas que pretenden simular un corredor con su antorcha encendida, pero que más bien parecen trazo de colonia mal planeada, o banqueta del Centro Histórico. Habrá qué preguntarle a la Odepa qué pretendía figurar. Yo creo que no sabían qué hacer para promover los Panamericanos entre geometristas, y acabaron por jugar papiroflexia y descubrieron que con una hoja de papel se podía formar un corredor con antorcha -o algo así-. Disfrácense de "antorchín" -un nombre teníamos que inventarle al pobre, caray-. Total, si no les dicen que invitados a la fiesta, siempre quedará la posibilidad de reinstalarse en el Bajío.
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Hasta aquí llego. Ya hace sueño. "Prometiste cinco, méndigo gañán, trancero, asqueroso vendeideas inverosímiles", ya los oí gritar. El quinto disfraz, pa' que no se quejen, es bien sencillo: agarren un foco, quiébrenelo y clávenselo en ese sano lugar del cuerpo humano en que la espalda deja de llamarse ídem y adquiere voluptuosas formas. ¡Voilá! Son ustedes un trabajador honesto de Luz y Fuerza del Centro. Han pagado el error de gobernantes corruptos y sindicalistas obesos. Ahora, con el foco en el trasero, consigan chamba. Si la CFE no los contrata, allá ustedes. Eso les pasa por juntarse con esa chusma. Calderón, ¿todo bien?
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¡Salud!

domingo, 1 de noviembre de 2009

There's coming the FIL!

Ya viene. Oh, my God! Por poquito y nos agarra desprevenidos. Por suerte, La Wendy, que no se raja -a veces se mancha, pero nunca se raja-, se lanzó -es un decir... casi- a las instalaciones de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, y me trajo toda la información referente a la próxima edición del evento librero más importante del año y de la vida de ésta su pluma, que en este 2009 llega a su 23a puesta, con Los Ángeles como invitado de honor, y trae novedades que van a dejarlos a todos con la boca hecha libro del próximo 28 de noviembre al 6 de diciembre.
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Empezando por la ciudad invitada este año. Los Ángeles, al ser anunciados como próximos huéspedes de la Expo Guadalajara en la última semana de noviembre y la primera de diciembre, causaron revuelo entre la comunidad filiófila. "¡Weeeeey!", le dijo Liz Orendáin de los Monteros a su amiga Andy Suvirán Vega, alumnas de la Prepa Tec -o algo así-, "van a venir Los Ángeeeeeles, weeeey" "Weeeey, pero son de los iunaireeeees weeeeey" "Síííí, weeeeeey, pero allá se habla espagnoooooool" "Weeeeey" "Weeeeeey". ¿Qué? No me miren con esos ojos. ¿No tengo yo derecho a imagnar que las fresas también van a la FIL? Si es un evento democrático, ya lo hemos platicado.
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Y sí, este año, la FIL se llena de ángeles. Qué cosa más bonita. Los Ángeles no. Tengo entendido que es una ciudad fea, hecha muy a la pasada, como no queriendo la cosa. Lo bonito es que sea una ciudad donde la hispanidad demuestre esa característica tan suya, tan de su idioma: la capacidad innegable de colarse como la humedad -o peor-, e invadirlo todo. ¿Sabían ustedes, por ejemplo, que no hay idioma en el mundo occidental que no haya adoptado palabras del español? Sí, bueno, el inglés también ha logrado lo propio, pero ningún país de habla hispana es potencia económica ni tiene cadenas de restaurantes en todo el mundo ("El rey de la hamburguesa", "Hijos de Donald" o "Dominó"), así que el agandalle del español tiene más mérito, ¿estamos?
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Y en medio de hotdogs, pizzas y pozolillos, la FIL servirá un banquete literario que a todos nos tiene expectantes. Es de importancia rutilante la organización de un homenaje, el más completo que he visto en mi vida, al autor, no nacido en Los Ángeles, sino en otro estado de la Unión Americana, Illinois, en 1920, Ray Bradbury, a quien ya en alguna entrada primigenia se había tratado en este Baile -que ya superó las 400 entradas, ¿vieron?-, respecto en aquel entonces a su obra maestra -es un decir, pero muy cercano al decir certero- Fahrenheit 451. El homenaje empezó desde hace un mes con talleres impartidos en bibliotecas locales por vacas sagradas del estudiantado universitario, como La Wendy, El Venecio y su respectivo galán (de La Wendy... creo), El Toribio. Según mis informantes, en las bibliotecas la precopa se puso buenísima, y los niños ya salieron enfiestados para buscara Bradbury en los pasillos de la FIL y pedirle un autógrafo de su literaria y temblorosa mano (calcúlenle: el también autor de Crónicas marcianas ronda los 90 años).
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Y esto no me lo dijo la FIL, ni nadie dentro de su comité organizador, ni mi bola de informantes que ya está temblando por el aumento del 3% al ISR, que es el único impuesto que pagaban a conciencia. Pero todo parece indicar que otra vez viene Isabel Allende, y que andará por los pasillos Paty Chapoy. Ya salí con mi mam...hada, van a decir. Tendrán razón. Lo que Isabel Allende ha hecho por las señoras copetonas que leen no lo ha hecho Paty Chapoy por la cultura en México... ¿o sí? Además, se entregarán también el Premio Alfaguara -no me pregunten quién lo ganó este año, que ni en su casa lo conocen-, el Rulfo -¿ya tiene dueño? ni idea- y el Sor Juana -ése diario lo anuncian un día antes, y la pobre autora corre de su casita en Honduras a recibirlo-.
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Además, claro, desde ya estará la FIL con toda su campaña de acercamiento ciudadano, que ni falta que le hace, porque ya los calendarios que se imprimen en esta ciudad traen marcados los días del evento como días de asueto obligatorio. No tiene excusa. Pulseritas, karaokes, pines (que están bien chulos) y hasta pelotitas verdes, rondan ya por la ciudad. El 28 de noviembre espero verlos ahí. Si para el 5 de diciembre no llegaron a los descuentos, alzamos y nos vamos. You're under advice!
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Ladies and gentleman... please take your sits. The night is young, and the show has just begun.
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Bless you!
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Faltan 27 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Los Ángeles, Invitado de Honor 2009. Ya huele a dogo.