domingo, 4 de octubre de 2009

Pura madre.

Hoy no es 10 de mayo... pero en este país las madres taladran conciencias aunque no sea su día.
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Dice doña Mago, hasta estas fechas ostentosa del término de "madre" mía, que le miento, que no es cierto eso que yo digo de que Doña Lucha se parece a ella. Ustedes lo recordarán, nomás para que lo pongan como prueba para el juicio sumario: yo le digo doña Mago a doña Mago desde mucho tiempo antes de que Mara Escalante llegara a la televisión mexicana con Doña Lucha y sus suetercitos, su dedito inquisidor, su pelo entubado y su bolsita del mercado.
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Lo cierto es que, parecida o no a mi madre, la figura nacida del genial entendimiento de la cómica veracruzada cuya edad todos desconocen, pero que transpira juventud en cada poro, es un agasajo de comicidad.
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Van a decir que cómo soy gacho. De dos entradas plagadas de sentimientos encontrados, paso ahora a poner sobre la mesa el abucheable asunto de la situación actual de la televisión mexicana. Tendrán razón, toda la razón, y un poco más: la televisión mexicana, por lo menos en sus canales abiertos, apesta veintitres y media de las veintricuatro horas del día. Sus noticieros son remedos del periodismo objetivo y veraz, sus espectáculos bulgares, inservibles, sus novelas comerciales prolongados, y ni hablar de sus programas de concursos, que ya hasta la Gordillo los usa de pancarta electoral.
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Por eso da gusto encontrar en la televisión mexicana un personaje como el de Doña Lucha. Conste que no estoy elogiando la media hora semanal que Mara Escalante produce bajo el paródico -y espasmódico- título de "María de todos los Ángeles". Ese programa no es malo, pero sólo seis de cada diez chistoretes pueden ser considerados inteligentes, generar una risa nacida del placer de encontrarse frente a un remedo simple, pero contundente, de la tirana realidad. De esos seis, cinco están en boca de Doña Lucha invariablemente.
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Seguro la han visto alguna vez desfilar en la pantalla. Cómicos mexicanos de todas tonalidades y épocas, respetables los más, la han señalado como un vaso de agua en el desierto ardiente de la procacidad y el mal gusto que ha invadido tristemente a la comicidad mexicana. Es el caso de Sergio Corona, quien aseguró que hacía tiempo no veía en la televisión un personaje tan de buen gusto y trazo como el de Mara.
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En Youtube hay videos. El personaje no es, creo, exportable, ni universal. Cualquiera que conozca una madre mexicana identificará y podrá reír con sus ademanes, sus reacciones, sus ideas raras y hasta sus frases célebres, que incluyen aquella de "Los hijos son un eterno viacrucis, pero, ¿a qué vinimos las madres a este mundo si no es a sufrir por los hijos?" o la todavía más castrante "Una no aguanta catorce horas de parto sin anestesia, y luego cría hijos desde chiquitos para que venga cualqueir lagartona así como así y se los lleve".
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Van a decir que no todas las madres mexicanas son así. Doña Mago se siente agredida porque Doña Lucha es altanera, metiche, sobreprotectora y hasta inconciente. Entra tanto en la vida de sus hijos que termina pensando que le pertenecen. "Ay, no, yo no soy así, tan feo", dice, cuando la remedo y hago ver que algo de madre sobreprotectora mexicana tiene doña Mago también, aunque lo niege, o precisamente porque lo niega.
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Imagino por ejemplo a madres mexicanas que conozco y que rompen diametralmente el paradigma: la de El Sexsymbol, que le dice "cabrón" y le da zapes cuando corta con las novias; la de La Arandera, que acompaña a sus hijas al ginecólogo cuando empiezan su vida sexual; la de La Wendy, que se dice modelo de escultura mexicana; la de La Casicasi, que ya le dijo a mi amiguísima que casi nació sin cara -cosa que no es cierto... del todo-; la de La Traviata, que tortura a su hija con eso de que "Jorge era lampiño"; las de La Anaconda y La Jirafina, que todavía piden hablar con doña Mago cuando vamos a ir al cine; la de El Osvie, de reciente regreso a este Baile, que le grita "¡Osvaldo, ven a contestar ya, chingado!" y luego dice, con voz melódica "Ahorititita, viene, ¿eh?" al que ha buscado a El Osvie; la de La Wera, que no podría ver a su hijo casado con una mujer llamada "María"; la de El Meromerosaborranchero, que le cobra el pozole que come; la de La Paupau, que le delega la insondeable labor de educar a Betito, el hermano menor, con responsabilidad y culpa incluídas; la de... esperen... como que me voy dando cuenta que toda madre mexicana lleva una Doña Lucha por dentro.
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Sí, los hijos seremos un eterno viacrucis, pero las madres mexicanas son un sempiterno calvario. Por lo pronto no dejen de checar al personaje. En una de ésas identifican algo de lo tradicionalmente materno en sus propias progenitoras, y chance hasta se animan a quererlas un poquito más. ¿Apoco no es rechido tener quien nos haga el desayuno, nos planche, nos lave y nos atienda? Por eso los hijos mexicanos migramos de madre a esposa. ¡Dios proteja a las mujeres mexicanas de semejantes baquetones!
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¡Salud!
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PD: La Jime me acaba de avisar que tiene una tía que le armó un panchito porque agarró novio. Si les digo que abundan, con sus mandilitos y todo...

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