viernes, 2 de octubre de 2009

Las guerras pírricas.

Pirro de Epiro fue un jefe militar griego que luchó contra romanos y cartagineses. Fue célebre por ganar sus batallas dejando atrás pérdidas cuantiosas y derrotas significativas. Se le da el adjetivo “pírrico” a aquello que se obtiene como triunfo tras perderlo todo.
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Cuando mi editor me dijo del otro lado de la línea que camarógrafos y fotógrafos no podrían estar conmigo en mi miércoles empresarial “por los cambios que hubo en Guadalajara, ¿sí supiste?”, lo primero que pasó por mi mente fue que alguien había matado a Alfonso Petersen Farah. Van a decir que soy un extremista, que temo lo peor, que no mido mis palabras, que para qué quiero matar a un pobre hombre que lo único que ha hecho es sufrir a Celia Fausto -¡arriba, Celia, ya mero acabas!- Y tendrán razón, pero uno no puede mentir sobre qué fue lo primero que pensó cuando le dicen algo.
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Pero no. Petersen Farah no murió. De hecho, lo que sucedió entre el Ayuntamiento de Guadalajara y el gobierno del Estado el miércoles pasado fue un recurso desesperado “entre cuates” para evitarle la muerte, pero política, al ahora alcalde tapatío con licencia. Emilio “La Monja” González Márquez, medio acabado tras cada aparición pública, decidió que ya era hora de pedirle amablemente a su secretario de Salud, Alfonso Gutiérrez Carranza, que escuchara –cosa que él no ha hecho- a la opinión pública, y, “por lo que más quieras”, dejara el cargo con honor y gallardía –imaginé a Gutiérrez Carranza disfrazado de Cid campeador y casi siento pena ajena-.
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Por supuesto que Gutiérrez Carranza aceptó, y entregó su renuncia. Emilio se la aceptó, no sin antes asegurar que aplaudía su labor al frente de la secretaría, su “importante labor” que permitió que los índices de dengue e influenza se dispararan a grados alarmantes en una época en la cual, en teoría, nadie debería estarse enfermando de nada que no fueran unas ganas tremendas de ir comiendo pan de muerto. Lo del aplauso fue precedido por un sonido de grillitos por parte de la opinión pública, que todavía se preguntaba, desde diciembre pasado al menos, cuándo alguien se daría cuenta que Gutiérrez Carranza no daba el ancho –en el sentido profesional, claro, porque en el anatómico lo rebasaba-.
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Entonces Emilio “La Monja” González Márquez miró hacia el palacio de la otra esquina y encontró un presidente municipal encerrado en una torre de marfil, lloroso por haber perdido un proyecto como el de las Villas Panamericanas en el parque Morelos, que le parecía deleitoso y formidable, digno de su realización política –“ya me ví, en el palacio de la otra otra esquina”, decía a su vez Petersen al ir al dormir, por lo menos hasta julio pasado-. Petersen olía a muerto, y González Márquez, que no tolera ver a sus amigos llorar, cruzó la calle y fue a proponerle la misma secretaría que catapultó a Poncho a la alcaldía durante el sexenio de Ramírez Acuña. Por supuesto que Poncho miró a su alrededor y vio que la única salida era la que el gobernador le ofrecía. Dijo “sí, papá, contigo pan y cebolla”, salió y cerró la puerta al salir. “Ahí se las arreglan. Yo tengo que ir a matar mosquitos”.
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Sobre el suceso hay multitud de voces, algunas encontradas. Nadie parece dudar que Petersen Farah hará un trabajo formidable al frente de Salud Jalisco, especialmente porque su paso por la misma dependencia durante el gobierno de (O)paco dejó saldos a favor para su carrera política –incluida, ya dije, la alcaldía misma de la capital del estado-. Pero también olvidan muchos que, aunque sólo faltaban tres meses para que oficialmente concluyera su mandato, la ausencia del “jefe” en la silla ha dejado a Guadalajara huérfana y sin cuidados. Ni siquiera el nombramiento de un interino -¿notan la similitud entre las palabras “interino” y “uterino”?-, ha podido mejorar el panorama: la capital del estado se queda sin Juegos Panamericanos día a día, poco a poco, gota a gota, al tiempo que la asaltan plagas antiguas –los camioneros-moscardones acechan… extreme precauciones- y nuevos conocidos –Vázque (A)Raña, Carlos Salinas, el dengue, la influenza, el PRI-. Guadalajara se queda sin jefe al mando, y tras el que se va a desinfectar superficies y disparar Baygones queda la estela de la derrota y la incertidumbre.
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Petersen Farah deja un centro histórico conmocionado tras muchas obras, una Villa fracasada –EL tema de su administración- y un PRI con regreso triunfante –también pírrico-. Si la mano que Emilio le ha tendido es un triunfo, es un triunfo pírrico: el del jefe militar que, victorioso, sólo ha ganado lo que tiene, un pequeño avance, un mínimo paso avante, dejando a su paso destrucción masiva y fracaso contundente. Petersen en Salud embiste sonriente al Aedes aegyptus, mosquito sangriento causante del dengue, pero su sonrisa no es la de la confianza, sino la del joven estudiante que, sin haber acabado la tarea, se entera con gusto que la clase se ha suspendido.
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¿Qué le queda hoy a Jalisco? Una promesa para el mejoramiento de sus condiciones salubres. ¿Qué le queda a Guadalajara? Una administración en decadencia, con el tiempo contado, y un retorno esperanzado en un partido conocido. Si el PRI no concreta Panamericanos, Petersen tendrá trabajo bien pagado tres años más por lo menos. Guadalajara perderá más de lo que económica y socialmente ya se le ha ido de las manos. El estado, quizá, erradique el dengue y controle la influenza. Quién sabe. Petersen-Pirro ya preparó los raidolitos. Agárrese quien pueda.
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¡Salud!
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PD: Llega a este Baile una sugerencia de la audiencia que descontrola nuestros afanes: ¿y si Celia Fausto tuviera anatomía de mosco? ¡Qué ideas! ¡qué acabose!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Pues es que Petersen se acerca más al Doctor House que el otro que es de piel morena y no es alto, más bien bajo, como dijo nuestro gobernador que por áhi se dice que es joto, mi tío dice que le preguntemos al cardenal, él desmentirá.